Nos levantamos muy pronto para poder ir a comprar al supermercado "SPAR" que estaba cerca del apartamento. Desayunamos algunos dulces austriacos y nos fuimos para Innsbruck por la autovía A13 (alrededor de 2€ cada vez que lo hacíamos). Nos plantamos en la ciudad a las 8:30, y tras aparcar en un parking público al lado del rio (muy cerca del Innsbrucke) nos fuimos directos a la oficina de turismo.
Tras comprar la Innsbruck Card (unos 25€ por persona, pero vale la amortizas con entrar a dos sitios), nos fuimos a ver la iglesia Hofkirche (donde está la tumba vacía del emperador Maximiliano I) y el Palacio Hofburg (de la Corte Imperial). La iglesia es impresionante, sobre todos las estatuas de bronce, así como el museo de Arte Popular Tiroles (¡esas casitas de madera!). El palacio nos gustó algo menos, aunque algunas de las habitaciones (como la de Sissí) eran espectacularmente coloridas (no se podían sacar fotos, pero alguna se nos escapó).


Tras esto nos fuimos directamente a la parada del Congreso a coger el teleférico para subir al Hafelekarspitze, la montaña norte de Innsbruck. Hicimos una parada en mitad de la subida para entrar en el AlpenZoo, pero es algo que se puede evitar a no ser que seas un amante de los zoologicos (está bien, pero pierdes mucho tiempo y no deja de ser un zoo).
Las vistas desde la parte más alta de la montaña son impresionantes. Para llegar arriba del todo (donde está la cruz) hay que subir un rato andando, pero vale la pena. Además hay bancos cada pocos metros para sentarte de frente a la ciudad donde da gusto relajarse un rato. La sensación de tener toda la ciudad delante de ti es indescriptible, todo Innsbruck bajo tus pies. La hora de comer se acercaba y arriba había varios restaurantes, pero decidimos bajar a la ciudad para ganar tiempo y seguir con nuestra visita.




No fue dificil encontrar sitio para comer (hay muchos sitios con menús económicos), y al final nos decidimos por una terraza (hacía un tiempo excelente) justo delante de la iglesia de la iglesia de St.Jacob. Tras un breve descanso (y alguna Stielg de por medio) y la visita a dicha iglesia (que tiene unos frescos muy bonitos), nos dirigimos al famoso Tejado Dorado.


El "Goldenes Dachl" es, posiblemente, el monumento más conocido de la ciudad, y pese a ser bastante pequeño es muy bonito.Bebimos agua en la fuente que hay justo debajo y aprovechando que estábamos al lado, subimos a la "Stadtturm" y sacamos unas fotos muy buenas de toda la ciudad desde su punto más alto.






Tras un agradable paseo por Herzog friedrich Straße y la Maria Theresien Straße, parándonos en algunas tiendas y fuentes, nos dispusimos a coger el autobús "Sightseer" (también incluido en la tarjeta), que además de llevarte de un sitio a otro de manera cómoda, te va explicando todos los puntos por donde pasas mediante unos auriculares (aunque entendíamos bien el inglés, se agradecía que estuviese en castellano). Así, pasamos por delante del trampolín de saltos Bergisel (no nos paramos) y de algunos otros puntos de interés hasta llegar a nuestro destino, el Castillo Ambras.

Una vez allí, hicimos el recorrido por las salas del castillo, donde vimos multitud de armaduras y objetos de guerra, de cuadros y obras de arte (gran parte de ellos de la casa de los Austrias que tan bien conocemos en España) y la Sala Española (donde todavía se dan conciertos). Acabamos nuestra visita con un pequeño paseo por los enormes jardines (visitando una cueva donde hacían unos juegos "un poco raros" cuando se emborrachaban).

De vuelta al centro, y ya siendo más allá de las 20:00, visitamos algunas tiendas de recuerdos, nos sentamos en una terracita a tomar un trozo de tarta Sacher, nos hicimos unas fotos en el Innsbrucke y recogimos el coche para volver a Milders.

La impresión que nos quedó de la ciudad fue excelente, un sitio muy recomendable para pasar unos días y empaparse bien de la ciudad y de sus calles con más detenimiento (más allá de los sitios más turísticos).