Tocaba madrugar había que coger un avión a las 9h hacia Kona en Big Island. Los billetes internos los habíamos reservado desde España. Nos costaron 645$ y fueron tres en total.
Los reservamos con Go Mokulele, totalmente recomendable, la única cosa a comentar es el cobro de la maleta a facturar. El vuelo duró 45 minutos y fue bastante divertido.
Al subir comprobamos que nuestras maletas de mano no cabían en el maletero del equipaje. Me entró la risa cuando veía a los pocos turistas que ibamos ese día a Kona meter a presión las maletas, pero sin éxito, y recordando que en facturación nos habían verificado el tamaño de la maleta. Se nos acercó el azafato para decirnos que las pusieramos debajo del asiento. Así lo hicimos.
Sentados y con casi todo el avión para nosotros nos dispusimos a despegar. Cuando el avión estaba maniobrando los simpáticos pisters se despedían de nosotros al estilo hawaiano. Empecé a sentir un gelido frío por los pies y mi sopresa fue al ver un humo compacto y blanco salir por debajo de los asientos. Aquello parecía Londres.
Los reservamos con Go Mokulele, totalmente recomendable, la única cosa a comentar es el cobro de la maleta a facturar. El vuelo duró 45 minutos y fue bastante divertido.
Al subir comprobamos que nuestras maletas de mano no cabían en el maletero del equipaje. Me entró la risa cuando veía a los pocos turistas que ibamos ese día a Kona meter a presión las maletas, pero sin éxito, y recordando que en facturación nos habían verificado el tamaño de la maleta. Se nos acercó el azafato para decirnos que las pusieramos debajo del asiento. Así lo hicimos.
Sentados y con casi todo el avión para nosotros nos dispusimos a despegar. Cuando el avión estaba maniobrando los simpáticos pisters se despedían de nosotros al estilo hawaiano. Empecé a sentir un gelido frío por los pies y mi sopresa fue al ver un humo compacto y blanco salir por debajo de los asientos. Aquello parecía Londres.


Una vez en el aire tuvimos la suerte de ver unas magnificas vistas del Hanauma Bay, Diamond Head y Waikiki todo aquello que días anteriores habíamos vistos desde tierra.


Aterrizamos sin problemas en Kona, la costa Oeste de la isla. El día era soleado y corría una frisa que aliviaba el calor. Fuimos en busca de nuestro coche de alquiler. Elegimos un jeep 4x4 porque habíamos leído que en esta isla era útil por el terreno abrupto de los accesos a algunas playas, y para subir al Mauna Kea, en el que se necesita un coche potente debido a su pronunciada pendiente de ascenso.
Nos montamos en el jeep, programamos el gps y fuimos en busca del hotel, mientras veíamos que el paisaje era completamente diferente al de Ohau. Pasamos de montañas de un verde intenso a parajes áridos y cubiertos de lava.
Llegamos a Kona Seaside Hotel bien situado en el paseo marítimo, y con muchos restaurantes en los alrededores. Comentaros que la primera noche casi nos quedamos sin cenar porque no controlamos los horarios y al ser un pueblo muy tranquilo los restaurantes no tenía horario para turistas y muchos cerraban antes de las 21h.
Hicimos el checking in, dejamos las maletas en la habitación y nos fuimos a Kahaluu Beach. Esta playa está a 7 km de Kona, es el mejor acuario natural para los aficionados al snorkel. El día empezó a nublarse bastante, pero nos pusimos el bañador y fuimos a inspeccionar esa playa. Mientras esperaba mi turno para meterme en el agua, porque me quedé vigilando las cosas, se me acercó una agradable señora y empezó a explicarme que en esa playa habitaban muchas tortugas y que muchos turistas no respetaban su espacio al querer hacerse fotos constantemente muy cerca de ellas.
Ella era una de las voluntarias que pasaban el día allí vigilando a la gente que no se acercasen mucho a las tortugas y así evitar estresarlas. La conversación derivó a muchas otras como el idioma de Hawaii, de donde procedíamos etc.
Después de casi una hora con ella, le deseamos lo mejor y partimos al siguiente lugar a visitar, que era Kealakekua Bay. Seguimos por la costa viendo desde el coche Keauhou Bay, nos desviamos por una carretera estrecha hasta una zona residencial. Al final de esa carretera nos encontramos con un puesto clandestino de alquiler de Kayaks, con unos personajes dignos de ver y que parecían salidos de una película. En realidad ese sitio era el punto de partida de las excusiones en kayak por la Kealakekua Bay hasta el monumento del Captain Cook. Este remoto lugar es inaccesible por tierra y solo se puede llegar por mar. La bahía es muy rica en corales, peces tropicales y está frecuentada por los delfines Spinner.
Aparcamos el coche, estuvimos paseando entre las rocas, haciendo fotos desde lejos al monumento del Captain Cook y viendo como algunos turistas llegaban y salían hacía allí en Kayak.
Estuvimos dudando si hacer la excursión pero el tiempo y el estado del mar nos hecho para atrás, además el puesto clandestino no nos daba mucha seguridad.
Nos montamos en el jeep, programamos el gps y fuimos en busca del hotel, mientras veíamos que el paisaje era completamente diferente al de Ohau. Pasamos de montañas de un verde intenso a parajes áridos y cubiertos de lava.
Llegamos a Kona Seaside Hotel bien situado en el paseo marítimo, y con muchos restaurantes en los alrededores. Comentaros que la primera noche casi nos quedamos sin cenar porque no controlamos los horarios y al ser un pueblo muy tranquilo los restaurantes no tenía horario para turistas y muchos cerraban antes de las 21h.
Hicimos el checking in, dejamos las maletas en la habitación y nos fuimos a Kahaluu Beach. Esta playa está a 7 km de Kona, es el mejor acuario natural para los aficionados al snorkel. El día empezó a nublarse bastante, pero nos pusimos el bañador y fuimos a inspeccionar esa playa. Mientras esperaba mi turno para meterme en el agua, porque me quedé vigilando las cosas, se me acercó una agradable señora y empezó a explicarme que en esa playa habitaban muchas tortugas y que muchos turistas no respetaban su espacio al querer hacerse fotos constantemente muy cerca de ellas.
Ella era una de las voluntarias que pasaban el día allí vigilando a la gente que no se acercasen mucho a las tortugas y así evitar estresarlas. La conversación derivó a muchas otras como el idioma de Hawaii, de donde procedíamos etc.
Después de casi una hora con ella, le deseamos lo mejor y partimos al siguiente lugar a visitar, que era Kealakekua Bay. Seguimos por la costa viendo desde el coche Keauhou Bay, nos desviamos por una carretera estrecha hasta una zona residencial. Al final de esa carretera nos encontramos con un puesto clandestino de alquiler de Kayaks, con unos personajes dignos de ver y que parecían salidos de una película. En realidad ese sitio era el punto de partida de las excusiones en kayak por la Kealakekua Bay hasta el monumento del Captain Cook. Este remoto lugar es inaccesible por tierra y solo se puede llegar por mar. La bahía es muy rica en corales, peces tropicales y está frecuentada por los delfines Spinner.
Aparcamos el coche, estuvimos paseando entre las rocas, haciendo fotos desde lejos al monumento del Captain Cook y viendo como algunos turistas llegaban y salían hacía allí en Kayak.
Estuvimos dudando si hacer la excursión pero el tiempo y el estado del mar nos hecho para atrás, además el puesto clandestino no nos daba mucha seguridad.

Proseguimos la ruta hasta Puuhonoau O Honaumau National Historic Park. Empezó a llover, solo sacamos el ticket para visitar el recinto y no para hacer snorkel. En este lugar también es habitual ver delfines nadar cerca de la orilla.

El recorrido se puede hacer más o menos en una hora, según el rato que te entretengas en cada uno de los puntos del recinto y del templo. El tiempo empeoró y de la fina llovizna que caía al principio se convirtió en un buen chaparrón. Nos resguardamos un rato en una de las cabañas con techo de paja hasta que amainó un poco y corriendo nos metimos en el coche dirección a la zona más meridional de los Estados Unidos conocida como South Point o Ka Lae. Antes quisimos pararnos en el pueblecito Miloli, pero no tuvimos mucho éxito en encontrarlo.


Las señales en las islas no son muy abundantes y hasta que consigues interpretarlas te pasas varios kilómetros de largo. Como íbamos a pasar otro día por esa carretera decidimos dejarlo para otro rato. Segimos por la Mamalahoa Hwy hasta llegar al cruce del South point Road, carretera que tomamos hasta llegar a su fin.
El trayecto se complicaba según te ibas acercando a la costa hasta llegar a un parking de arena. Allí dejamos el coche pensado que hasta la Green Sand Beach había un corto paseo. Hacía muchísimo aire y veíamos a la gente regresar andando, supuestamente de la playa.
Habíamos leído que se podía llegar en todoterreno pero en vista del estado del camino de los 100 metros que había del parking a la entrada del camino decidimos dejarlo porque el nuestro no era apto.
Comenzó nuestra travesía sin saber lo que teníamos que ver ni a que distancia se encontraba.
Cuando llevábamos un rato caminando adelantamos a una familia que nos comentó que había autóctonos que ofrecían su ranchera para llevarte hasta la playa por unos $. Camínanos unos metros con ellos hasta que apareció una ranchera y se subieron a ella. Nos ofrecieron también ir con ellos pero pensando que no quedaba mucho les dijimos 'No thanks'.
El trayecto se complicaba según te ibas acercando a la costa hasta llegar a un parking de arena. Allí dejamos el coche pensado que hasta la Green Sand Beach había un corto paseo. Hacía muchísimo aire y veíamos a la gente regresar andando, supuestamente de la playa.
Habíamos leído que se podía llegar en todoterreno pero en vista del estado del camino de los 100 metros que había del parking a la entrada del camino decidimos dejarlo porque el nuestro no era apto.
Comenzó nuestra travesía sin saber lo que teníamos que ver ni a que distancia se encontraba.
Cuando llevábamos un rato caminando adelantamos a una familia que nos comentó que había autóctonos que ofrecían su ranchera para llevarte hasta la playa por unos $. Camínanos unos metros con ellos hasta que apareció una ranchera y se subieron a ella. Nos ofrecieron también ir con ellos pero pensando que no quedaba mucho les dijimos 'No thanks'.


Vimos desaparecer el vehículo tras las dunas. Tras ellos fueron adelantándonos varias rancheras más cargadas de turistas. Era por la tarde, llevábamos una hora caminando, no teníamos agua, no sabíamos cuanto nos quedaba para llegar y ni si nos daba tiempo a volver de día. Pero ahí estábamos los dos más solos que la una y sin rastro de la playa ni de los coches. Después de varias tentaciones de darnos la vuelta por la incertidumbre de no saber donde estábamos, al final a lo lejos escuchamos gente chillar.
Por fin avistamos las rancheras y llegamos al acantilado donde pudimos apreciar esta playa tan exclusiva.
Vimos a la gente que nos habían adelantado bañándose y pasándoselo en grande con el fuerte oleaje que había en la cala.
Por fin avistamos las rancheras y llegamos al acantilado donde pudimos apreciar esta playa tan exclusiva.
Vimos a la gente que nos habían adelantado bañándose y pasándoselo en grande con el fuerte oleaje que había en la cala.

Nos quedamos con las ganas de bajar a bañarnos pero cada vez nos quedaba menos horas de luz y un largo trecho de regreso, por lo que pusimos el turbo hasta el parking llegando al anochecer.