Algún sonido extraño me despertó antes de hora. Miré por la ventana, el suelo de la calle estaba mojado. Estuvo lloviendo toda la noche. Hoy prometía ser un día bonito ya que el sol estaba saliendo con fuerza por el horizonte. Después de buscar y rebuscar por toda la habitación de donde podía provenir el dichoso ruido nos dimos cuenta que el aire acondicionado había estado toda la noche en funcionamiento. Ya decía yo que había mucha humedad y el ambiente era fresco, pero al llegar exhaustos a la habitación la noche anterior no nos dimos cuenta de que el AC estaba en la posición ON.
Desayunamos en el hotel, comprobamos la ruta que tocaba hacer y nos montamos en el coche dirección a Makalawena Beach. Cogimos la carretera principal Highway 19 y empezamos a subir hacia el norte. Esta playa solitaria está situada muy cerca de Kona, pero a nosotros no nos pareció tan cerca. Como no estaba señalizada estuvimos subiendo y bajando por la misma carretera durante casi una hora. Al final nos metimos por un camino y a medida que nos íbamos adentrando en él percibimos que nos habíamos equivocado. Estábamos en un exclusivo club de golf. Paramos delante de la caseta del guarda y le preguntamos al chico donde estaba Makalawena Beach. Después de sus indicaciones nos abrió la barrera para poder dar la vuelta, ya que era imposible dar marcha atrás.
Volvimos otra vez a la misma carretera donde minutos antes habíamos recorrido un millón de veces. Con más tranquilidad y con las señas que habíamos entendido del amable chico del club de golf, nos desviamos por un camino de tierra.
Al llegar al final, nos encontramos con una valla cerrada con candado y nos detuvimos un rato a ver si se acercaba alguien para preguntar si por ese camino se llegaba a la playita.
A los pocos minutos llegó un coche con una pareja, fui hacía ellos para preguntarles si sabían algo de esa playa. Me enseñaron en su guía como se llegaba hasta la playa. Estábamos en el camino correcto pero lo que nos costó encontrarlo no lo sabe nadie.
Cuando volví hasta nuestro coche le dije a mi pareja que vaya birria de guía que llevábamos. La de ellos si que era una buena guía, te indicaba absolutamente todo. Allí estábamos unos cuantos coches esperando a que alguien abriera la valla.
Al cabo de unos minutos apareció una ranchera que paró delante de nosotros, se bajó un señor muy amable que nos saludó con ‘Aloha’ y abrió la valla. Él pasó delante, luego íbamos nosotros y detrás todo una hilera de coches.
El camino era completamente de lava, abrupto, y difícil de transitar. Parecía que estuvieras montado en una atracción de feria. Fue muy divertido. Al cabo de unos pocos kilómetros el camino se cortó y ya no se podía seguir en coche. Lo dejamos aparcado, cogimos los bártulos y proseguimos a pie. Después de 10 minutos y a toda prisa para ser los primeros, llegamos a la remota y escondida Makalawena Beach. Aquel lugar paradisiaco y a la vez salvaje nos dejó grabados en la retina magnificas vistas y una agradable sensación de tranquilidad. El paisaje nos recordó algunas películas de náufragos e incluso en unos instantes llegar a experimentar ser uno de ellos. Fue fantástico disfrutar de ese lugar los dos solos.
Al llegar al final, nos encontramos con una valla cerrada con candado y nos detuvimos un rato a ver si se acercaba alguien para preguntar si por ese camino se llegaba a la playita.
A los pocos minutos llegó un coche con una pareja, fui hacía ellos para preguntarles si sabían algo de esa playa. Me enseñaron en su guía como se llegaba hasta la playa. Estábamos en el camino correcto pero lo que nos costó encontrarlo no lo sabe nadie.
Cuando volví hasta nuestro coche le dije a mi pareja que vaya birria de guía que llevábamos. La de ellos si que era una buena guía, te indicaba absolutamente todo. Allí estábamos unos cuantos coches esperando a que alguien abriera la valla.
Al cabo de unos minutos apareció una ranchera que paró delante de nosotros, se bajó un señor muy amable que nos saludó con ‘Aloha’ y abrió la valla. Él pasó delante, luego íbamos nosotros y detrás todo una hilera de coches.
El camino era completamente de lava, abrupto, y difícil de transitar. Parecía que estuvieras montado en una atracción de feria. Fue muy divertido. Al cabo de unos pocos kilómetros el camino se cortó y ya no se podía seguir en coche. Lo dejamos aparcado, cogimos los bártulos y proseguimos a pie. Después de 10 minutos y a toda prisa para ser los primeros, llegamos a la remota y escondida Makalawena Beach. Aquel lugar paradisiaco y a la vez salvaje nos dejó grabados en la retina magnificas vistas y una agradable sensación de tranquilidad. El paisaje nos recordó algunas películas de náufragos e incluso en unos instantes llegar a experimentar ser uno de ellos. Fue fantástico disfrutar de ese lugar los dos solos.


Durante nuestro recorrido por esta playa vinieron a visitarnos una familia de cabras salvajes. Iban saltando entre las rocas de lava. Fuimos tras ellos pero desaparecieron entre las palmeras y arbustos.
Cuando ya empezaron a llegar los demás turistas decidimos seguir nuestro planning. Tocaba buscar Hapuna Beach. Está situada a 11 km al norte de Waikoloa Coast. Cogimos de nuevo la Hwy 19. Esperábamos que ésta fuera más fácil de encontrar que la anterior, y así fue, en un plis plas estábamos en una amplia zona llamada Hapuna Beach State Recreation Area. La playa estaba rodeada de cabañas para dormir, zona de picnic y todo lo necesario para pasar un placentero día en familia.
Cuando ya empezaron a llegar los demás turistas decidimos seguir nuestro planning. Tocaba buscar Hapuna Beach. Está situada a 11 km al norte de Waikoloa Coast. Cogimos de nuevo la Hwy 19. Esperábamos que ésta fuera más fácil de encontrar que la anterior, y así fue, en un plis plas estábamos en una amplia zona llamada Hapuna Beach State Recreation Area. La playa estaba rodeada de cabañas para dormir, zona de picnic y todo lo necesario para pasar un placentero día en familia.
Había poca gente o eso parecía al ser una extensa playa. Algunos los veías pasear de punta a punta, otros haciendo snorkel, tumbados al sol y nosotros plantados en medio de tan inmensa playa de aguas cristalinas y de fina arena blanca y un sol abrasador que no teníamos idea de que hacer. Paseando un rato por la orilla me acordé que había leído que a unos pocos kilómetros de Hapuna Beach (creo recordar a 1,5 km al norte de esta bahía) se hallaba la bella Kaunaoa Beach. Esta playa con forma de media luna, solo accesible a través de Mauna Kea Beach Hotel era ideal para nadar y hacer snorkel.
Hacía mucho calor y ya tenía ganas de darme un baño. Buscamos el hotel Mauna Kea para ir a Kaunaoa Beach y refrescarnos mientras hacíamos snorkel.
Entramos en los jardines del hotel pasando entre medio de turistas que descansaban en sus tumbonas con vistas al mar. Seguimos por un estrecho camino que bordeaba toda la costa, mientras caminábamos sin saber si el camino era correcto, avisté unos delfines saltando a pocos metros. Esperamos unos minutos para volver a verlos pero se escabulleron rápidamente mar adentro.
Por fin llegamos a la media luna, dejamos entre las rocas nuestras pertenencias y nos metimos en el agua.
Hacía mucho calor y ya tenía ganas de darme un baño. Buscamos el hotel Mauna Kea para ir a Kaunaoa Beach y refrescarnos mientras hacíamos snorkel.
Entramos en los jardines del hotel pasando entre medio de turistas que descansaban en sus tumbonas con vistas al mar. Seguimos por un estrecho camino que bordeaba toda la costa, mientras caminábamos sin saber si el camino era correcto, avisté unos delfines saltando a pocos metros. Esperamos unos minutos para volver a verlos pero se escabulleron rápidamente mar adentro.
Por fin llegamos a la media luna, dejamos entre las rocas nuestras pertenencias y nos metimos en el agua.

Volvimos después de unas horas a Hapuna beach, nos quitamos la sal en las duchas públicas y pusimos rumbo a Hawi. Antiguamente fue una importante zona por sus plantaciones de azúcar.
Hoy día es una agradable población para pasear por sus aceras de madera y coloridos escaparates. Estuvimos pocos minutos en Hawi porque teníamos que parar en Pololu Valley Lookout y luego llegar a Waipio Valley antes del atardecer. Queríamos llegar a ver la puesta de sol en la cima de Mauna Kea.
Hoy día es una agradable población para pasear por sus aceras de madera y coloridos escaparates. Estuvimos pocos minutos en Hawi porque teníamos que parar en Pololu Valley Lookout y luego llegar a Waipio Valley antes del atardecer. Queríamos llegar a ver la puesta de sol en la cima de Mauna Kea.

Para acceder a cada uno de estos valles se tiene que dar un buen rodeo a la zona norte de la isla porque en línea recta no se puede acceder.
Al final de la Hwy 270 nos encontramos con el lookout de Pololu valley. Este valle está aislado por las exuberantes paredes del cañón, el ancho suelo del valle se une con el mar en una playa de arena negra. La zona del mirador era muy estrecha y apenas cabían más de 7 coches. Tuvimos suerte porque en ese momento se iba uno. Aparcamos, nos pusimos las botas de montaña y comenzamos el descenso hasta la playa.
Al final de la Hwy 270 nos encontramos con el lookout de Pololu valley. Este valle está aislado por las exuberantes paredes del cañón, el ancho suelo del valle se une con el mar en una playa de arena negra. La zona del mirador era muy estrecha y apenas cabían más de 7 coches. Tuvimos suerte porque en ese momento se iba uno. Aparcamos, nos pusimos las botas de montaña y comenzamos el descenso hasta la playa.

Nuestro look era de lo más chic. Imaginaros con la ropa de playa y las botas de montaña, podíamos crear tendencia. Desde el observatorio las vistas eran preciosas. Muchos turistas solo se quedaban en el mirador pero nosotros no nos conformábamos con eso. Queríamos bajar y ver desde más cerca la belleza del lugar.

El camino hasta la playa dura aproximadamente 20 minutos. Estaba lleno de badenes y surcos, parecía fácil bajarlo pero un poco complicada la ascensión.
Descendimos a toda prisa. Una vez en la orilla y solos completamente disfrutamos de las vistas. El fuerte oleaje hacía imposible el baño, era lo más bonito del lugar junto con las paredes del cañón.
Descendimos a toda prisa. Una vez en la orilla y solos completamente disfrutamos de las vistas. El fuerte oleaje hacía imposible el baño, era lo más bonito del lugar junto con las paredes del cañón.



Sin agua ni provisiones subimos sin fuerzas, el recorrido bastante empinado se hizo interminable.

Al llegar al coche los demás turistas nos preguntaban que tal nos había ido y si costaba mucho hacerlo, nuestra respuesta fue: El fantástico paisaje compensa el esfuerzo de la dureza del camino.
Volvimos a Hawi para coger la hwy 250 dirección Waimea, en este corto trayecto en la pequeña localidad e Kapaau nos topamos con la estatua original de Kamehameha el Grande, la cual se perdió en una tormenta y posteriormente fue recuperada en el fondo del mar. En su lugar, en Honolulu, se erigió una réplica que es la que actualmente preside el Ali’iolani Hale (Edificio de la central de Hawaii 5.0).
Volvimos a Hawi para coger la hwy 250 dirección Waimea, en este corto trayecto en la pequeña localidad e Kapaau nos topamos con la estatua original de Kamehameha el Grande, la cual se perdió en una tormenta y posteriormente fue recuperada en el fondo del mar. En su lugar, en Honolulu, se erigió una réplica que es la que actualmente preside el Ali’iolani Hale (Edificio de la central de Hawaii 5.0).

El trayecto Hawi a Waimea de unos 32 km sigue el costado occidental de la Kohala Mountain road. Es un recorrido precioso con una carretera serpenteante, estrecha y bordeada de árboles, ofrece vistas impresionantes y un paisaje muy variado, de verdes colinas y llanos prados a rocas volcánicas y playas remotas.
Cuando llegamos a Waipio valley con su 1,5 km de ancho y sus casi 10 km de extensión tierra adentro, es el mayor de los siete valles que forman esa costa. Se puede acceder a la base del valle pero al ser el camino muy inclinado limita el acceso a vehículos 4x4. El trayecto a pie dura 30 minutos.
Nos llevamos una pequeña decepción porque nos pudimos disfrutar de las vistas ya que el sol nos daba de cara y se producía un efecto como de neblina. Es un lugar para visitarlo a primera hora del día cuando el sol refleja sus rayos en todo el valle.
Cuando llegamos a Waipio valley con su 1,5 km de ancho y sus casi 10 km de extensión tierra adentro, es el mayor de los siete valles que forman esa costa. Se puede acceder a la base del valle pero al ser el camino muy inclinado limita el acceso a vehículos 4x4. El trayecto a pie dura 30 minutos.
Nos llevamos una pequeña decepción porque nos pudimos disfrutar de las vistas ya que el sol nos daba de cara y se producía un efecto como de neblina. Es un lugar para visitarlo a primera hora del día cuando el sol refleja sus rayos en todo el valle.

Nuestra última etapa del día llegaba a su fin, pisamos el acelerador hacía Mauna kea. Teníamos por delante casi 70 km hasta llegar al volcán y poder fotografiar la puesta de sol.
Íbamos solos por Saddle road. Esta carretera une Waimea con Hilo. La duración de este recorrido se nos hizo muy larga porque el gps no nos indicaba el punto de llegada.
Carecíamos de referencias y el sol cada vez estaba más bajo. El cruce que teníamos que coger para subir al volcán sabíamos que estaba a medio camino entre Waimea y Hilo pero en la carretera no había indicaciones para llegar a Mauna Kea.
Paramos en un área de descanso pensando que era la base del ascenso ya que así lo indicaba. No había ni coches ni gente a la vista. Nos adentramos un poco más y un perro nos empezó a ladrar y a seguirnos, fue que entonces cuando vimos a tres hombres bebiendo cerveza y cortando leña. (Lo malo de ver tantas películas es que la mente trabaja sola y parecía una secuencia de la Matanza en Texas). Les preguntamos por donde se accedía a la cumbre y nos indicaron que a pocos kilómetros carretera adelante se hallaba el cruce. Nos dimos la vuelta y así lo hicimos. Llegamos al cruce correcto y comenzamos a ascender.
Íbamos solos por Saddle road. Esta carretera une Waimea con Hilo. La duración de este recorrido se nos hizo muy larga porque el gps no nos indicaba el punto de llegada.
Carecíamos de referencias y el sol cada vez estaba más bajo. El cruce que teníamos que coger para subir al volcán sabíamos que estaba a medio camino entre Waimea y Hilo pero en la carretera no había indicaciones para llegar a Mauna Kea.
Paramos en un área de descanso pensando que era la base del ascenso ya que así lo indicaba. No había ni coches ni gente a la vista. Nos adentramos un poco más y un perro nos empezó a ladrar y a seguirnos, fue que entonces cuando vimos a tres hombres bebiendo cerveza y cortando leña. (Lo malo de ver tantas películas es que la mente trabaja sola y parecía una secuencia de la Matanza en Texas). Les preguntamos por donde se accedía a la cumbre y nos indicaron que a pocos kilómetros carretera adelante se hallaba el cruce. Nos dimos la vuelta y así lo hicimos. Llegamos al cruce correcto y comenzamos a ascender.

Según íbamos subiendo una densa niebla nos cubría, cosa que nos dejó momentáneamente tristes porque pensamos que no veríamos el atardecer. No nos dimos cuenta de la causa de este fenómeno hasta que de golpe desapareció la niebla y nos percatamos que habíamos pasado en nivel de las nubes.
A medida que íbamos avanzando nos daba la sensación de que el coche perdía potencia y que la aguja de la gasolina cada vez estaba más baja. No sabíamos a que era debido hasta que al dar una curva vimos que el tramo que habíamos pasado estaba muy por debajo de nosotros.
El desnivel de ascenso al Mauna Kea es de un 18 %, se asciende en 7 km unos 1,3km de ahí que para la subida recomienden coches potentes con tracción 4x4.
En uno de los point view vimos que se bajaban de una furgoneta un grupo de orientales con chaquetones de alta montaña. Mi pareja y yo nos miramos pensando que no era para tanto todavía íbamos vestidos con nuestros bañadores. Fue entonces al llegar a la cumbre y vimos a todos con chaquetones y mantas cuando nos dimos cuenta que nuestra indumentaria no era la más apropiada.
Nos pusimos nuestra ropa de montaña y vimos que no era suficiente, empezamos a remover el coche buscando todo tipo de prenda que nos pudiera resguardar del frío, conseguimos chubasqueros y toallas que nos abrigaron un poco más.
A medida que íbamos avanzando nos daba la sensación de que el coche perdía potencia y que la aguja de la gasolina cada vez estaba más baja. No sabíamos a que era debido hasta que al dar una curva vimos que el tramo que habíamos pasado estaba muy por debajo de nosotros.
El desnivel de ascenso al Mauna Kea es de un 18 %, se asciende en 7 km unos 1,3km de ahí que para la subida recomienden coches potentes con tracción 4x4.
En uno de los point view vimos que se bajaban de una furgoneta un grupo de orientales con chaquetones de alta montaña. Mi pareja y yo nos miramos pensando que no era para tanto todavía íbamos vestidos con nuestros bañadores. Fue entonces al llegar a la cumbre y vimos a todos con chaquetones y mantas cuando nos dimos cuenta que nuestra indumentaria no era la más apropiada.
Nos pusimos nuestra ropa de montaña y vimos que no era suficiente, empezamos a remover el coche buscando todo tipo de prenda que nos pudiera resguardar del frío, conseguimos chubasqueros y toallas que nos abrigaron un poco más.


Una vez allí solo quedaba esperar. Las vistas desde que llegamos, aún con el sol en alto, hasta que nos fuimos ya de noche fueron espectaculares en todo momento. Decir que el Mauna Kea con sus 10203 m es la montaña más alta del mundo si se mide desde su base contando la parte que tiene bajo el mar. Desde el nivel del mar su altitud es de 4205 m. El aire en la cima es muy puro tanto que mi pareja hasta que se aclimató se mareó un poco.

Estuvimos allí hasta que oscureció. La mayoría de los turistas nos marchábamos dando paso a los expertos con sus grandes telescopios.
