Llegaba nuestro último día en Milders y, gracias a toda la información que recopilamos en estos foros, teníamos planeado ir a hacer senderismo a las cataratas Krimml, para luego pasar por el lago Achensee y por Hall in Tirol. Así que nos levantamos pronto y cogimos la A12 dirección Salzburgo, el mismo trayecto que íbamos a hacer el día siguiente.
El camino para llegar a las cataratas es impresionante, una carretera de montaña en la que no se puede ir rápido y en la que puedes llegar a despistarte con las vistas. El tiempo no acompañaba, pero por suerte, eso es algo que iba a cambiar.

A las 10:00 ya estábamos al pie de las cascadas tras pagar la entrada correspondiente (2'5 € por persona). Tras las fotos de rigor, nos dispusimos a ascender. Por la experiencia de la gente del foro, sabíamos que era una subida fuerte, pero no pensábamos que iba a ser tanto como luego descubrimos. Tardamos unas 2 horas en subir los 380 metros de desnivel, haciendo varias paradas en los numerosos miradores que hay. A mi me encantó todo el trayecto, un camino montañoso bastante amplio y con unas vistas impresionantes, pero sin embargo a mi chica, que no está tan acostumbrada a hacer deporte, le costó bastante llegar arriba (psicológicamente le resultó duro, más aun cuando ves a ancianos del lugar que suben por la montaña a una velocidad increible).





Pero como en otras ocasiones, una vez arriba te has dado cuenta de que ha valido la pena el tiempo empleado. Tras descansar un rato comenzamos la bajada. Evidentemente, es menos dura que la subida, pero hay algunas cuestas pronunciadas en las que tuve ciertos problemas para controlar mis más de 100 kgs (para la gente que subía, ver a un chico de 1'95 descontrolado bajando no creo que fuese lo más agradable del mundo). En poco más de una hora, ya estábamos de nuevo en el recinto de entrada (donde había un museo del agua que no nos paramos a visitar). Paramos a comer en una terraza con vistas a la cascada donde por fin probamos el Wiener Schnitzel. Nos tomamos la comida con calma para recuperar fuerzas de cara a lo que nos quedaba de día.



Sobre las 15:00 arrancamos el coche para ir al Lago Achensee, a unos 77 kilómetros de donde nos encontrábamos. Cuando llegas al lago te quedas sin aliento, ¡es sencillamente inmenso y precioso!. Fuimos rodeando el lago por la carretera hasta llegar a Pertisau, donde aparcamos y dimos un buen paseo alrededor de la orilla del lago. Algo que no nos gustó es que apenas había sitios para sentarte, ya que hay mucha cantidad de espacio reservado a hoteles, restaurantes y similares, así que salimos fuera del pueblo, aparcamos el coche al lado de la carretera y nos tumbamos un rato a disfrutar del momento. Pensamos en meternos en el agua (apetecía mucho, tanto por la temperatura como por la limpieza del lago), pero como no vimos a nadie hacerlo no nos atrevimos.



En el camino de vuelta a Milders hicimos una parada en Hall in Tirol, la ciudad de la Sal. Allí, visitamos la catedral de St.Nikolaus, que nos impresionó mucho (hasta nos dió algo de miedo ya que no había nadie dentro). Tras ver las reliquias expuestas en la catedral, salimos fuera y nos sentamos en una terraza al lado del consistorio a tomar algo de beber. Era curioso comprobar la absoluta tranquilidad del pueblo, ya que apenas se podían oir las conversaciones de la gente de las mesas de alrededor (en España todos sabemos que hablamos muy alto). Tras ver la fachada del ayuntamiento, dimos una vuelta por las calles antiguas de la ciudad y pronto emprendimos el camino de vuelta a Milders, la última vez que íbamos a coger la A-13 desde Innsbruck hasta nuestro apartamento.




Al llegar allí, nos hicimos unas fotos en el hotel de la selección española en la Eurocopa de 2008 y en la entrada de nuestro apartamento, hicimos las maletas para tenerlas preparadas para el día siguiente, cenamos algo ligero y nos fuimos a la cama. Había sido un día durísimo, tanto por la visita a las cascadas como por los más de 250 kms recorridos.
