Llegaba el día de decir adiós a Milders y empezar la segunda parte de nuestro viaje. El camino hacia Salzburgo no fue muy bueno porque había obras en la carretera y encontramos algunos tramos de tráfico lento. Así, llegamos sobre las 9 de la mañana a la ciudad.
Directamente fuimos al Tourist Info que estaba al lado de la AlpenStraße (la carretera por donde entramos). Habíamos quedado sobre las 10.30 con la persona que nos iba a alquilar el apartamento, así que tras sacar la Salzburg Card para dos días e informarnos del resto de cosas interesantes, nos fuimos a Hellbrunn a ver si podíamos ver el palacio antes de llegar al apartamento.

Sin embargo, cuando llegamos allí vimos que ibamos muy justos de tiempo, así que nos conformamos con un dar un paseo por los enormes jardines del palacio y ver la glorieta de la película Sound Of Music (Sonrisas y Lágrimas).



Tras acomodarnos en el apartamento del Sr. Gunther Langengger y de comprar algunas cosas para la estancia allí en el supermercado, nos fuimos al centro de la ciudad con el transporte público (viajes ilimitados con la Salzburg Card). En poco tiempo ya estábamos en la Getreidegasse, la calle más conocida de la ciudad. Estaba abarrotada de gente, lo que unido al calor hacía el momento incómodo, por lo que decidimos movernos hacía la Catedral de Salzburgo.


Tras pasar por varias calles llenas de puestos de comidas,frutas y flores (luego supimos que uno de los mercados estaba allí porque era Sábado) y por la Universitätsplatz (Plaza de la Universidad), llegamos a la DomPlatz (Plaza de la Catedral). Nos llamó bastante la atención que la mayoría de la plaza era de tierra, y no parecía que hubiese obras. Al llegar a la puerta de la Catedral unos operarios estaban montando un escenario bastante grande, luego vimos en la TV que era para una obra de teatro. Tras ver las estatuas de mármol de la fachada pasamos dentro de la Catedral y estuvimos un rato sentados viendo los frescos del techo y las esculturas del interior (y tambíen, refrescándonos un poco del sofocante calor de fuera).



Al salir estuvimos un rato viendo un grupo de musicos que tocaban unos instrumentos que nos parecieron peculiares y nos fuimos directos al telecabina que llevaba a Hohensalzburg, la fortaleza de Salzburgo. Gracias a la Salzburg Card, no tuvimos que hacer cola y muy pronto estábamos arriba. Las vistas desde la fortaleza son impresionantes, una panorámica tremenda de toda la ciudad.



Estuvimos dando un buen paseo por dentro de la construcción,visitando estancias tan conocidas como el Salón Dorado, así como un par de museos que entraban en la tarjeta (nos gustó bastante el museo de las Marionetas, aunque era bastante pequeño).


Al bajar de la fortaleza, nos fuimos a la Abadía de San Pedro. Allí visitamos el cementerio, tenebroso pero muy bonito y entramos en las catacumbas que están excavadas dentro de la roca. Bastante impresionantes, la verdad. Como curiosidad, aunque es bastante conocido, el cementerio es el mismo en el que se grabaron varias escenas de Sonrisas y Lágrimas.


De allí, fuimos callejeando por la ciudad en dirección al río Salzach, haciendo algunas paradas para ver la Iglesia de los Franciscanos o para escuchar algo de música clásica, que está por todos los rincones, como no podía ser de otra manera en la ciudad de Mozart.

Tras cruzar el río por uno de sus puentes, llegamos a los jardines Mirabell, otro de los escenarios de la película de Julie Andrews. Con el día tan soleado que hacía, los jardines lucían impresionantes, llenos de vegetación y de flores. Estuvimos dando un paseo por allí, entramos en el laberinto, hicimos mil y una fotos y nos sentamos un rato en el cesped a disfrutar del ambiente. Al palacio no pudimos entrar, porque nos dijeron que no estaba abierto al público y que solo se utilizaba para bodas y conciertos.


El día había sido muy completo, así que nos tomamos una buena Stielg para refrescarnos al lado del río y aprovechar uno de los puntos WIFI de la ciudad. ¿Qué mejor manera de terminar una jornada de turismo?.
Apartamento de Gunther Langengger
Otro alojamiento que cogimos a través de la web de Homelidays. Se trataba de un piso pequeño, en una buena zona para llegar con el coche (Marx-Reichlich Straße, justo al lado de la AlpenStraße por la que entramos), pero un poco alejados del centro de Salzburgo, en una zona plenamente residencial.
El piso estaba decorado de una manera bastante curiosa, de forma muy bohemia y se notaba que era el lugar que el propio dueño usaba para vivir (marcaba con unas señales lo que era suyo y no podías usar).
Justo al lado del apartamento había un pequeño centro comercial y la parada de autobús más cercana para ir al centro estaba a menos de 5 minutos a pie (unos 10 minutos de autobús a la zona más turística de la ciudad).
Nos hubiese gustado estar más cerca de las calles principales de turismo de Salzburgo, pero la relación calidad/precio del apartamento estaba bastante bien (nos costó en torno a 250€ la estancia, limpieza incluida).