Otra vez madrugón, pero esta vez menor, hoy el día se lo vamos a dedicar a los peques, nos vamos a ver al enanito y su casita.
Antes de ir a ver al enanito nos fuimos a la Garganta del Aare (Aareschlucht), donde el río ha tallado la roca calcárea a lo largo de milenios y demuestra la increíble fuerza del agua.

Garganta del Aare
La garganta es preciosa, entre paredes de 40 y 50 metros de altura y con zonas muy estrechitas, el recorrido es muy cómodo y fácil para poder hacerlo con los carros y como el agua esta ahí abajo, no da miedo como en la cascadas, que tenemos a los críos estresados. Si se va con carros lo ideal es entrar por la entrada oeste, porque casi llegando a la entrada este el camino es bastante estrecho y tiene escaleras, punto en el que decidimos dar media vuelta. Además para mi gusto, la zona más bonita es la primera mitad desde la entrada oeste.

Garganta del Aare
Nos vamos al funicular para subir a la ruta del Enanito Muggestutz, ya empezamos mal, porque miramos la hora y vemos que el último funicular de vuelta sale en dos horas y media, que no preguntamos para confirmar, no sea que salga más tarde y así no vayamos agobiados.
Hacemos nuestras cuentas y no hay tiempo para comer sentados, así que dividimos al grupo en dos, por un lado los padres con los mayores (osea los que no van en carro, porque una de las mayores tiene 3 años recién cumplidos) y nosotras con los bebés para darles los potitos y emprender en camino de bajada con los carros. Las niñas se portaron fenomenal, las teníamos con sus bocadillos en las manos comiendo y caminando. A los bebés les dimos su comida en cero coma y a caminar también y entonces vino lo mejor … el camino al principio es una senda entre vaquitas, que mono ... y que peste ... , pero las vacas se empeñaban en perseguirnos, tan grandes y nosotras por los carritos!!! Y después la senda se convierte en un auténtico camino de cabras entre raíces y piedras, del paisaje puedo opinar poco porque iba centrada en donde xxx ponia el carro y como conseguía hacerlo avanzar. Mientras miraba el reloj totalmente convencida de que no llegabamos al funicular de bajada.
Al poco nos volvimos a juntar todos mientras las niñas jugaban en los puestos de los enanitos y los demás no sé, pero yo justo en ese momento disfrutaba del paisaje, muy bonito, precioso, la verdad. El camino seguía siendo tremendo, las niñas por su cuenta ayudándose entre ellas y los cuatro adultos con los carros, uno delante y otro detrás de cada sillita, con el carro en alto porque aquello no había forma de que rodase, intentando a la vez no partirnos la crisma. En este momento el enanito fue renombrado al “Enanito de las narices” y algún que otro improperio por delante y por detrás.

Ruta del Enanito Muggestutz
Comentan que llegamos a una casa de enanitos con cositas dentro, pero como teníamos el tiempo cronometrado, fue un ver y no ver, a las pobres no les dio ni tiempo de quejarse porque nos ibamos, cuando de repente llegamos a una carretera y una casa (que alivio) y el camino dejó de ser de cabras y comenzamos a andar con más agilidad.

Casa de los Enanitos
Llegamos a la hora y sorpresa !! el cartel estaba mal, porque preguntamos si nos daba tiempo de ir al baño y resulta que todavía quedaba otra hora más de funiculares …. Si digo lo que pienso en ese momento me echan del país!!!
Muy bonito el enanito de las narices, pero la próxima iremos sin carro, con más tiempo y con comida para hacer en las parrillas que tienen puestas, que tenían muy buena pinta. Y por supuesto, preguntando a que hora sale el último funicular.
Por suerte encontramos abajo una tirolina que fue lo mejor del viaje sin duda alguna según la gente pequeña. A partir de ese día, todos los días preguntaban por la tirolina. Bueno, objetivo conseguido, no como pensabamos, pero este día encontraron lo mejor del viaje en el día que estaba dedicado a ellos.