Lo primero de todo llegar a Nepal, lo más caro del viaje, dos tercios del coste del viaje se va en la ida y vuelta. Nosotros elegimos Qatar como escala y la elección fue genial, el aeropueto de allí funciona a la perfección y aunque llevabamos un poco de miedo porque el transito era de solo una hora salió todo a la perfección, de hecho no nos dió tiempo a mirar ni una tienda, según llegamos a la terminal abrieron el embarque para el siguiente vuelo.
A Kathmandú llegamos a las 8 de la mañana del día siguiente, era ya domingo y lo primero que hicimos fue cambiar a rupias nepalies antes del registro de visados, no hace falta que cambiéis mucho, encontrareis oficinas de cambios en muchos lugares.
Al salir el primer impacto se hace esperar es cuando subes a la furgoneta (la proporcionaba el hotel), porque el primer impacto es cuando te metes en la ciudad y descubres el tráfico mezclado de personas, coches y motos, los olores, el polvo... es cuando te das cuenta de que estás en otro mundo que no deja de tener su atractivo.
A las 9 y media ya estábamos en el hotel Ganesh Himal. Es caro para lo que luego vais a pagar, unos 15$, pero merece la pena para ir adaptandose, el Jardín es un rincón de paz que apreciareis al final del día.
A las 11 tras descansar un rato y que nos diesen las llaves de la habitación procedimos a dar nuestro primer paseo.
Si el impacto en la furgoneta había sido grande a pié ya fue increible... las calles muchas sin asfaltar, las motos pasando a tu lado, la gente a la que por primera vez les pones cara... y por fin te haces consciente de donde estás... basura por todos lados, las carnicerías con la carne en la calle llena de moscas, niños tirados en las esquinas medio muertos... es el momento en el que el tercer mundo te da la bienvenida.
Pasada el shock inicial bajamos a la plaza Durbar que es un centro de la ciudad, te hacen pagar para pasar por ella, merece la pena incluso cuando no vas a verla por no evitar un rodeo bien largo.
Además era un día especial, la Kumari, su niña diosa que ve la calle 2 veces al año le tocaba justo hoy. Esto se tradujo que si ya de normal hay mucha gente este día aun más. Los templos pirámides tenían enormes carteles del que solo pude leer uno "Tourist", y efectivamente en esa pirámide se estaban sentando todos los guiris de la ciudad para ver el evento, pero ya que quedaban 3 horas para la hora de la procesión y que el lugar de los turistas estaba al sol decidimos irnos.

Nos dirigimos al norte hacia el barrio del Thamel aunque no entramos bien en el. Siguiendo la guía comimos en el Yak Restaurant. Probamos varios platos de arroz distintos, y los momos (empanadillas hervidas) que nos acompañarían todo el viaje.
Al finalizar volvimos al hotel a descansar un rato, y cuando quedeba una hora para el anochecer nos pusimos en camino a Swayambhunath, el templo de los monos. La entrada son unas empinadas escaleras pero tienen premio.

Ese día no vimos el templo entero, nos vastó con disfrutar de la estupa principal y de las vistas de todo Kathmandu, siempre he tenido debilidad por las vistas desde lo alto.
Y los monos... ese el día que más me arrepentí de no vacunarme contra la rabia y es que eran un poco violentos, si no con los humanos si con los perros. Los monos se colgaban con al cola de cualquier parte y mientra un perro estaba dado la vuelta le daban un coscorrón en al cabeza antes de salir trepando a toda velocidad.
Al caer finalmente la noche nos volvimos al hotel, el día había dado para mucho.