En el desayuno conocimos a una chica de Gijón muy maja que también había estado varias veces en Cuba, así que estuvimos hablando un buen rato.
Hoy es el día en que recogíamos el coche, así que fuimos hasta el Habana Libre, el punto de recogida, donde tras hacernos esperar un ratillo apareció un hombre que nos llevó hasta otra localización, entre M y la 19 si no recuerdo mal, donde tenían la oficina. Mientras yo hacía el papeleo (dejarle ver el carnet de conducir, firmar los formularios y el relieve de la tarjeta de crédito como garantía), mis acompañantes hacían fotos del coche, muchas fotos, y evaluaban cada arañazo con otro de los de la empresa de alquiler. Aún así, cojo el coche y nada más salir bajo la visera del conductor y veo que el espejo está destrozado. Fotos por si me ponían alguna pega al devolverlo, y camino de la casa a coger las maletas.

No nos resultó demasiado complicado salir de la Habana, siguiendo las instrucciones que me habían dado en la propia casa, y pronto estábamos en la autopista, camino de las Terrazas, nuestro primer destino. Llegamos en algo más de una hora y, tras pagar para entrar en el parque (4CUCs por cabeza), intentamos hacer una mini-ruta de montaña por nuestra cuenta, pero un hombre nos dijo que estaba prohibido y que teníamos que coger un guía, que había rutas desde horas hasta un día entero,... así que pasamos del tema y seguimos. Estuvimos paseando al lado de un lago que está bastante bien preparado para ir con la comida, y luego fuimos a la zona de pozas, donde puedes darte un chapuzón.
La zona está bastante bien preparada para el turismo, y de hecho nos dijeron que era un destino popular de mucha gente de la Habana que viene a pasar el día. Menos éxito tuvo por lo visto el turismo ecológico, con vistas a alojarse allí, ya que hay cabañas de madera que tienen buena pinta, pero no se veía mucho movimiento en ellas. Sí que había gente haciendo barbacoas.

Por último, estuvimos viendo un antiguo cafetal.
Seguimos camino hasta Soroa, nuestro siguiente destino, con idea de visitar el Orquidario, pero como ya era un poco tarde fuimos a comer al chiringuito que está al lado, llamado el Salto (18,95 CUCs los 3), que nos abrió la cocina de casualidad, porque ya no quedaba nadie por allí excepto un colegio que estaba en el orquidario y algunos que iban a ver el salto de agua. Finalmente decidimos seguir camino.

De repente, en mitad de la autopista, un chico con camiseta y gorra con la palabra policía nos para y nos dice que si podemos llevar a un chico que tiene que ir a un pueblo cercano,... Desconfío, le pido la identificación y me pasa un "carnet de cuentapropista"

Antes de llegar a Viñales pasamos por el mirador del hotel los Jazmines, que ofrece una vista espectacular sobre todo el valle, con los famosos mogotes.

Y también paramos en el centro de interpretación del valle de Viñales, donde hay algunos paneles informativos, y donde estuvimos hablando durante casi 1 hora con la chica que estaba allí, muy maja y que se desvivía por explicarnos cómo cultivaban el tabaco, café,...
Y así llegamos a nuestro destino, Villa Mojito, donde Juanito nos recibió muy amablemente. Estaban reparando 2 habitaciones, por lo que yo creo que nos cedieron las suyas, quizá las peores del viaje (bastante viejas, compartiendo baño, y con algún que otro bicho en la habitación, pero es que ya estábamos en pleno campo) pero que se vio compensado por la simpatía y amabilidad de Juanito y su mujer Tita, y por los mojitos que preparaba, con hierbabuena de su propio jardín y con mucha maña, pues había sido camarero en la Cueva del Indio durante mucho tiempo.
Esa noche decidimos dar un paseo por el pueblo y terminamos cenando en un restaurante de cocina mediterránea que está en la calle principal, el Olivo, y que está muy bien. Pagamos 21,80 CUCs por los tres.