Para hoy habíamos concertado un paseo a caballo por el valle, así que Juanito había hablado con un guajiro, un agricultor que tiene caballos y que puntualmente pasó a recogernos para iniciar la excursión.

Son caballos bastante tranquilos, y se va todo el rato por caminos de tierra, pasando también por alguna zona de agua. Yo me puse junto a nuestro guía y le fui preguntando todo el rato sobre qué cultivaban, en qué condiciones, cómo vivían,...
Después de un rato llegamos a la entrada de una cueva, donde dejamos los caballos y esperamos a que llegara un hombre con unas linternas que nos guiaría por dentro de la cueva, con estalactitas y estalagmitas, y una poza al final en la que nos bañamos totalmente a oscuras, a excepción de mi novia que no quiso bañarse y se quedó iluminándonos. El agua estaba fresquita y se agradecía un montón.

Después volvimos a coger los caballos y continuamos la ruta, hasta llegar a una casa de guano donde nos juntamos con otros grupos y un guajiro nos estuvo explicando el proceso de fabricación del tabaco.

Además, lió uno delante nuestro, nos lo dio para que lo fumáramos y nos ofrecieron agua de coco y otras frutas. Era la primera vez que fumaba en mi vida, así que mejor algo natural.

Volvimos al pueblo, le pagamos la excursión (20 CUCs por cabeza por el trayecto de unas 4 horas) nos dimos una ducha y fuimos a comer al pueblo. Como la noche anterior nos había gustado la experiencia en el Olivo, repetimos (21,55 CUCs los tres).
En la casa nos habían recomendado ir a un jardín botánico que había en el propio pueblo, que había sido creado por dos hermanas fallecidas recientemente,... Después de comer fuimos hasta allí pensando que sería pequeño, pero es enorme!! Tras la visita nos ofrecieron un café y fruta. Fue una visita curiosa. Te dejan una cestita para que pagues lo que quieras.
Después fuimos hasta el mural de la Prehistoria, aunque no entramos, ya que nos habían dicho que no merece la pena, ya que se ve bien desde fuera. La impresión que nos dio es que tiene más fama de la que merece.

Seguimos por el valle hasta llegar al Palenque de los Cimarrones, una cueva restaurante donde estuvimos tomando algo primero y dando un paseo después, un sitio tranquilo y muy agradable.

Finalmente volvimos al pueblo y cenamos pollo a la brasa, exquisito. Esa noche tomamos un solo mojito y nos retiramos pronto, dejando a Juanito mano a mano con 2 italianos muy majos.