Comenzaba un nuevo día, el de la partida hacia nuestro último destino San Diego, pero antes tocaba pasarnos por Calico ghost town y aunque yo no tenía muchas ganas, mi novia estaba como loca por ir debido a nuestra imposibilidad de visitar Bodie.
Cogimos nuestras cosas, hicimos el check-out y pusimos rumbo a Calico que estaba a apenas 10 minutos de nuestro hotel. Llegamos a la taquilla y pagamos religiosamente la entrada. Habíamos leído que el parque estaba muy comercializado, que era demasiado para turistas, que no merecía la pena, y aun así decidimos entrar...como me arrepiento...
Al principio la ambientación del pueblo, los personajes que le dan vida y las tiendecitas están bien, pero es que no hay casi nada que hacer, y lo peor es que las 4 cosas que se pueden hacer son de pago. Decidimos montarnos en el Trenecito que supuestamente te da una vuelta por donde estaba el pueblo original y te enseña diferentes cosas y la verdad es que realmente te montas te enseñan 2 agujeros en unas montañas y en 3 minutos te bajas, y eso porque te hace una paradita...6 $ a la basura... Desde ese punto el parque me empezó a parecer una soberana mierda.


No contento con esto decidimos entrar a una mina real por 2$. Tras un recorrido de apenas 50-70 metros y poco mas con 2 habitaciones para ver, estabas ya en la salida... Otros 2$ a la basura... Tras todo esto yo ya estaba bastante cabreado con el parquecito, y más sabiendo que deberíamos estar en San Diego. Por fin nos marchamos de Calico, que quedara como el punto negro del viaje, muy por encima de la estafa de las cadenas en Sequoia.



Pusimos rumbo a San Diego. Cuanto más nos acercábamos mas se notaba el incremento del tráfico. Cuando llegamos a nuestro hotel, situado en el barrio de Little Italy nos dimos cuenta de que estaban quitando el mercadillo en la calle del hotel y no podíamos acceder al parking del mismo. Mi novia se bajo del coche y mientras yo daba vueltas para no quedarme mal estacionado ella iría a hacer el check-in y miraría el tema del parking que teníamos reservado. Debía de ser nuestro día de mala suerte, porque nos toco una borde y estúpida en recepción que nos dijo que el parking estaba completo a pesar de que nosotros teníamos una reserva realizada... Por suerte (¡por fin algo de suerte!), la calle quedo vacía tras irse la gente de los mercadillos y pudimos aparcar allí, además de que era un sábado y ya hasta el lunes a las 8 de la mañana no tendríamos porque mover el coche, ni pagar por su estacionamiento.
Dejamos las maletas y nos dispusimos a ver un poquito la bahía.


La verdad es que San Diego lo llevábamos muy poco estudiado así que salimos guía y mapa en mano a ver lo que encontrábamos a nuestro paso. Descubrimos que allí estaba el portaaviones Midway pero llegamos justo a la hora en la que cerraban y me quede con muchísimas ganas de verlo, ya que cuando estuvimos en Nueva York tampoco pude ver el Intrepid...Al menos el Midway lo pude ver desde abajo.


Con un pequeño bajón encima continuamos por todo el precioso paseo de la bahía, un sitio repleto de gente muy vivo y la verdad es que nos encanto. Había muchos restaurantes, tiendas y sitios donde comer algo.

Volvimos hacia el hotel pasando por una zona del downtown.

Al final del día estábamos agotados, pero aun quedaba algo muy bueno. Estábamos en Little Italy y teníamos que cenar, ¿dónde? Estaba claro que en un italiano. Estuvimos un rato dando vueltas y ojeando a ver cuál era el mejor de todos para comer, hasta que a mí se me antojo uno, ¡y qué buen antojo! Casualidad o no entramos en un restaurante donde las pizzas las hacían tal como podían hacerlas en Da Baffeto en Roma, solo que aquí tamaño americano. La pasta estaba buenísima y el trato de los camareros fue sobresaliente. La verdad es que fue una cenita romántica muy bonita.

Después de la cena decidimos irnos al hotel, ya que mañana tocaba madrugar para poder ver el que está considerado como el mejor zoo del mundo.
Gastos
Entrada Calico: 9€
Trenestafa: 4,50€
Minaestafa: 1,60€
Compras: 9€
Gasolina: 20€
Cena: 52€
Total: 96,10€