De Maun a Windhoek tenemos algo más de 1.000 kilómetros, y dos días para recorrerlos. Al principio, no habíamos organizado ni pensado nada para este día. Por lo que habíamos visto por ahí, en el camino entre estas dos ciudades, lo único que parecía que podíamos visitar era algún poblado tradicional san, algo que, como ya he comentado, no nos interesa mucho.
Sin embargo, uno de los últimos días en casa, leí algo en el foro sobre la granja de Harnas, me pareció atractivo, y decidí reservar la última noche aquí. Nos pareció una idea prudente, porque, si tuviésemos la mala suerte de que no vemos leones en el viaje (algo que yo, en principio, no concebía), siempre podríamos verlos aquí.
Harnas en una de tantas granjas que ha surgido en Namibia, al amparo del turismo, que acoge y cuida animales salvajes y luego cobra a los turistas por verlos. En principio, se supone que su ánimo es la conservación del medio, y que a través de algo atractivo para el turismo como son los grandes felinos, consigue fondos para proyectos de conservación que no son tan vistosos. En el caso de Harnas, además, tiene diversos programas de colaboración con las comunidades tradicionales de la zona, algunos colegios, etc…
No sé qué deciros con respecto a este sitio. A mi, personalmente, no me gustó. No me gustó lo que vi ni como lo vi, y también me he cuestionado si realmente esto es una fundación, o sólo un negocio vestido de algo más. Al volver a casa, he investigado un poco sobre la fundación (tampoco mucho, vamos, pero algo sí), y no he encontrado referencias concretas a qué es exactamente lo que hacen, en qué tipo de proyectos de conservación invierten el dinero que recaudan en la granja. Mientras estábamos allí, preguntamos un poco por las intenciones que tenían con los animales, y nos dijeron que no liberan animales en el entorno, real, de Namibia. Sí que han soltado algunos guepardos y licaones en sus propios terrenos, pero nada más. En ese caso, no entiendo cuál es el ánimo de recoger a animales salvajes y tenerlos encerrados en jaulas (que sí, que son terrenos amplios, pero no dejan de ser jaulas). De acuerdo, no se mueren, pero para alimentarlos hay que matar a muchos animales, sólo para tener a otros viviendo fuera de su hábitat. La única respuesta que se me ocurre es: para cobrar a la gente por verlos. Que no digo que esta gente se haga de oro con su negocio, pero que en el fondo no deja de ser un negocio, y me fastidia un poco que lo vendan como algo altruista cuando no lo es (o al menos no lo es al 100%),
Pero dejando de lado las consideraciones éticas, tampoco me gustó el sitio en sí. Yo había visto fotos de otros viajeros que habían estado, por ejemplo, en la granja de guepardos de Okonjima. En este sitio, en los tours de alimentación, los coches llevan a la gente por un espacio amplio y abierto, en el que los guepardos se mueven a su aire. Y eso es lo que yo me esperaba en Harnas. Pero allí no es así.
En el tour que ofrecen todas las mañanas, te llevan en el coche por unos caminos marcados entre alambradas que delimitan los terrenos de cada animal. La gente de la granja les tira la comida por encima de la valla y ellos la cogen y se la comen allí, o se la llevan dentro de la parcela y se la comen fuera de la vista de los turistas. En todo momento, ves a los animales a través de la valla, y la sensación es la de estar en un zoo. Así que sí, vimos leones, vimos guepardos, y vimos dos preciosos leopardos, pero verlos allí dentro, esperando su ración como todas las mañanas, sin tener que moverse siquiera un poco para conseguirla, pues era más deprimente que otra cosa.






Hay otra cosa que nos disgusta bastante de este sitio. Inicialmente, los tour de alimentación empiezan a las diez de la mañana, y duran unas tres horas. Estamos a unos trescientos kilómetros de Windhoek(50 de ellos por carreteras de grava, que han vuelto a nuestra vida), y tenemos que devolver el coche antes de las cuatro de la tarde. Vale, en parte culpa nuestra por planearlo todo tan justo, aunque, cumpliendo los horarios, nos da tiempo a hacerlo todo.
Más o menos a las nueve y media viene uno de los empleados y nos dice que el tour se va a retrasar un poco, una media hora, por “una emergencia”. Teniendo en cuenta que estamos en un sitio en el que hay fauna salvaje, lo comprendemos, y yo me quedo un poco preocupada por saber cuál sería la “emergencia”. Pero no pregunto.
La diez y media llegan y pasan y nadie nos dice nada. Allí seguimos, esperando, cuando vemos llegar un grupo enorme de chinos. Les saludan, les dan la bienvenida con unas copas de zumo de naranja y algo para picar, y entonces me digo a mí misma…. “¿La emergencia no será que estamos esperando a estos?”. Pues sí, lo era. El tour empieza casi a las once de la mañana porque estábamos esperando a un grupo de turistas chinos que venía de no-se-donde y llegaban tarde. Llamadme gruñona, pero me parece muy poco serio por parte de la organización de sitio. También influyó en mi mala leche que los turistas chinos fueran de la clase que no se saben estar callados ni debajo del agua, gritando y aplaudiendo cuando los voluntarios tiraban la carne por encima de las vallas, e incluso hablando tan tranquilamente por el móvil (¿¿¿¿????)
No sé cómo serán el resto de granjas de fauna salvaje que hay en Namibia, si transmitirán la misma sensación que esta de lugar prefabricado y falso. Yo, desde luego, no recomendaría a nadie este lugar. Eso sí, debo decir que, como puro y simple alojamiento, está bien. El precio es razonable, el camping está muy bien y tienen unos jardines en los que hay muchos animales sueltos (perros, gatos, algún babuino…..), y que tienen un cierto encanto.



Ahora sí que sí que se acabó el viaje. El último regusto es un poco amargo….. y aún nos queda un viaje hasta Windhoek y muchas horas de avión. Pero nada más que contar, aparte de algunos detalles prácticos que tal vez os ayuden para planificar vuestro viaje.