La idea que teníamos era haber visitado algo por la mañana pero al tener las bicis el día anterior habíamos recorrido casi todo lo que queriamos ver de Lucca, así que decidimos poner rumbo a Florencia, que sabíamos que ahí ibamos más justos de tiempo.
Fabio nos mandó al hermano de Alexandra a recogernos con su coche para acercarnos a la estación con las maletas. (Muy majos de verdad!) Así que puntuales pudimos coger el tren de las 10.42 que salia para Florencia. (El siguiente era a las 12 y pico!). El viaje no era muy largo.. así que en 1 hora y media estábamos en la estación de Santa Maria Novella. (Precio: 6,40 €/persona).
En la Oficina de Turismo, sacamos nuestras FIRENZE CARD, que nos darían entrada a la mayoría de las cosas que queríamos visitar en Florencia e incluía el transporte público durante 3 días. (El precio son 50€.)
Activamos nuestra Firenze card, nada más salir de la oficina de turismo, ya que aunque Florencia, la zona del casco antiguo es muy pequeñita, y se puede ir perfectamente caminando a todas partes, aprovechamos que incluia el autobús y así no teníamos que ir tirando por la maleta por las empedradas calles fiorentinas. Los autobuses (2€ billete) que entran al casco urbano son eléctricos, y muy pequeños.. nosotros con la maleta no cupimos en uno, así que esperamos al siguiente que eran 7 minutos más tarde. Después de apretarnos un poco en el minibus.. nos plantamos delante de una calle que daba a la Piazza de la Signoria.
Como desde el minibus lleno no veía nada, la sorpresa llego cuando levante la vista del mapa por el que me iba guiando y me vi en la Piazza
Nos alojábamos en el Hotel Por Santa Maria, aunque en la puerta traia una placa de "Albergo". Es un "hostal" muy apañao, limpio y acogedor, a medio minuto de la Piazza de la Signoria. Las ventanas de nuestra pequeña habitación daban al Mercado Nuovo, y si mirabas al fondo a la izquierda se veía el Ponte Vecchio. Después de todas las comeduras de tarro, y de las vueltas que dimos para reservar el hotel en Florencia, quizás hubiéramos podido encontrar otro mejor, un poco más caro (o no) más lejos del "cogollo" pero a pesar de ser un albergo sin muchos lujos no me arrepiento para nada. Nos ahorramos un montón de tiempo en movernos de un lado a otro, el sitio era pequeñito pero estaba muy limpio. Nosotros cogimos habitación con baño, el baño estaba nuevo. La cama bueno... no estaba mal... pero a estas alturas, y después de tanto patear, con que estuviera limpia y fuera cómoda.. no somos muy exigentes. Nosotros repetiríamos.
Hicimos el Check-in y nos tiramos a la calle de nuevo. Como era Lunes, y muchos de los sitios cerraban.. desde casa nos habíamos hecho un listado de las cosas que abrían los Lunes para poder aprovechar el tiempo, y entre ellas era Santa Maria la Novella basílica y museo. Y por ahí empezamos. Fuimos caminando para ubicarnos, y estábamos muy cerca... en 5 minutos estábamos en el punto de partida dónde compramos las Firenze Card. Justo por la zona de Sta Mª hay un montón de tiendas donde venden Focaccias y Pizzas... nos pedimos una Focaccia y una Pizza (son de ración) y después de comer, empezamos las visitas.
Después de visitar el Museo, nos dirigimos a Las capillas de los Médicis. Lo mejor las esculturas de Miguel Ángel en la Sacristia Nueva y un rico helado artesanal que nos tomamos en la puerta de las capillas.. aprovechando la oportunidad, y para refrescarnos porque aunque era 8 de Octubre.. hacía un calor...
De las Capillas, salimos y visitamos el Palazzo Medici-Riccardi. Del cual sólo destacamos la Capella dei Magi, minúscula capilla de los Reyes Magos que contiene una serie de equilibrados frescos hechos con todo detalle. En el fresco vienen retratados muchos de los miembros del Clan de los Médicis.
Salimos del Palazzo y volvimos a la Piazza de San Lorenzo, en una de las esquinas hay un supermercado, compramos algo de beber, unos abracci (galletas de Mulino Bianco
) y nos sentamos un rato a descansar. Algo que me gusta mucho de los sitios a los que vamos, es observar a la gente y mezclarnos entre ella. En el Miracoli de Pisa, vimos muchos grupos de gente joven, tomando algo o sentados en grupos en la plaza charlando tranquilamente... y en Florencia igual. Así que allí nos sentamos a descansar y a disfrutar de la buena temperatura. Aprovechamos para echarle un vistazo a la guía y ponernos algún punto de la Audioguía de Florencia "La Cuna del Renacimiento", (que fuimos escuchando de la que nos movíamos por la ciudad). Dimos una vuelta por los puestecitos del mercado sin entrar mucho en la zona de más puestos, y fuimos hasta el albergo, a ducharnos y cambiarnos de ropa.En la misma calle del albergo, había una tienda pequeñita de frutas, embutido y cosas básicas.. una tiendecita de barrio, pero con los precios un poco más caros.. aprovechamos para comprar algo de fruta y embutido, y unos trozos de focaccia para cenar en la habitación. Nos dimos un duchazo, cenamos y a la calle de nuevo.
Ya había caído la noche, se notaba la bajada de turistas (sobretodo de cruceros y excursiones concertadas) y como los puestos de las calles ya no estaban, y al asomarme a la ventana, cual no fue mi sorpresa que teníamos justo debajo La fontana del Porcellino!! Y por la mañana ni la había visto!. Desde la habitación, aunque estaba orientada a la calle del mercado podíamos oir una guitarra tocando en la Piazza de la Signoria... bajamos y descubrimos una Piazza, casi vacía, iluminando las esculturas del Palazzo Vecchio y de la Galería de los Uffizi y aquel hombre llenando de música todo el ambiente.
Paseamos por la Piazzale degli Uffizi, y salimos a las maravillosas vistas del río Arno, y el Ponte Vecchio. No sé el rato que estaría ahí embobada mirando, y mi chico haciendo fotos... precioso. El río parecía que no se movía y hacia perfectamente de espejo. Había otro chico tocando una guitarra eléctrica grandes clásicos. No era tan bueno como el de la Piazza de la Signoria.. pero no sonaba mal.. me encantó cuando toco "True Colors"
... el tío flipó cuando me puse a aplaudirle
... al pobre no le hacían mucho caso. Cruzamos el Ponte tranquilamente, cotilleando por todas las mirillas de los puestos de los joyeros... al final del puente había una heladería que nos llamaba



