17 de octubre de 2.011
Último día en la Gran Manzana y último día en Estados Unidos tras completar este apasionante viaje desde el Pacífico hasta el Atlántico tras más de 12.200 kilómetros.
Hoy regresamos a España. Pero el avión sale a las 18:50, lo cual está muy bien, ya que dá tiempo a aprovechar el día en Nueva York y llegar a España para el desayuno.
Hoy hemos intentado vistar la zona 0, no ha podido ser, ya que cuando hemos ido se habían agotado las entradas. Entrar es gratis, pero el cupo es limitado, por lo que hay que recoger unas entradas previamente.

Esta es una maqueta de como quedará la zona 0.

Los rascacielos de la zona 0 crecen vertiginosamente.

Hemos hecho el Check-out en el hotel, y han bajado nuestras 5 maletas al sótano para que pudiéramos pasear por Nueva York tranquilamente hasta la hora de partir al aeropuerto. Al que nos ha bajado las maletas le hemos tenido que dar su correspondiente propina. Lo de las maletas nos ha salido caro, ya que hay que dar propina al que te las sube, al que te las baja, al que te las guarda, al que te las saca, al que te las sube al Taxi...
Una vez hemos dejado las maletas custodiadas, hemos dado un último paseo por la gran manzana.

Un pequeño puerto cercano al World Trade Center.





Hemos ido a recorrer el puente de Brooklyn, ese que se veía desde la ventana de nuestra habitación. Desde aquí, hemos podido observar por última vez nuestro hotel.

La ventana de abajo a la derecha era la nuestra.

Según se avanza por el puente, se van apreciando mejor las vistas de Manhattan.




Este es de los puentes más antiguos de Nueva York. Fue construido entre 1870 y 1883.


Y así llegamos a Brooklyn.

Los juzgados.

Una vez allí, tomamos el metro para ir a Times Square a comer.

Nos sorprendemos al encontrarnos en la pantalla de Times Square.

Yo soy el que lleva la bolsa.

Nuestra última comida la hacemos en el Bubba Gump, uno de nuestros restaurantes favoritos.


Tras comer y tomarnos un helado en Tim Hortons, regresamos al hotel a por nuestras maletas. El botones que nos las sube, está quejándose porque pesaban mucho, y antes de subirlas al Taxi, nos exige la propina. Ante tal descaro, saco un dolar y se lo meto en el bolsillo. Se pilla un mosqueo impresionante, nos deja las maletas tiradas en el suelo, y se va maldiciendo. Lo único que acerté a escuchar, es que por un dolar no se piensa agachar. El gorila que nos ha parado el Taxi, que también trabaja en el hotel, observa la escena. Mi mujer hace amago de agacharse a por las maletas, y el gorila la detiene, haciendo gala de una obligada caballerosidad. Entonces, nos carga las maletas en el Taxi. Abre la puerta para que entre mi mujer, y a continuación, se interpone entre yo y el taxi, estira el brazo, y me dá la mano, deseándome buen viaje. Una mano de 50 centímetros de larga por 20 de ancha. Evidentemente, lo interpreto como un acto de intimidación más que como una despedida cordial, y al darle la mano, le suelto los 5 dólares que pensaba dar al botones. En fin, estos hoteles de lujo están muy bien, pero hay que dar propinas por todo, y la verdad, es que preferiría cargar yo mis propias maletas, cosa que en estos hoteles, no te dejan ya que está mal visto. Total, que nos vamos de Nueva York un poco hartos por las propinas, ya que es la ciudad, donde más dinero hemos gastado en este concepto.
El Taxi nos cuesta 50 dólares más la propina. y encima el taxista se mosqueó por pagar con tarjeta. Parece que hoy hemos pillado a todos de mal humor.

En el aeropuerto, nos llevamos otra sorpresa. Cuando estuvimos en el 2.009, volvimos con 5 maletas, y por una sucesión de buena suerte, no nos cobraron nada extra. Nisiquiera nos pesaron las maletas. Pero en esta ocasión, hemos tenido que pagar por las 3 maletas extra, y encima todas iban con sobrepeso. Todavía me duele cuando recuerdo la penalización que pagamos. Después de esto, en nuestro último viaje a Estados Unidos, compramos una báscula barata en el Wallmart y pesamos todas las maletas para no llevarnos sorpresas.
Imagen del avión que nos llevaría de regreso a España.

La cena del avión. Pollo o pasta.

Un amanecer de altos vuelos.

Poco antes de aterrizar, nos sirven el desayuno.

Y por fin llegamos a aguas españolas.

Y llegamos en casa. Parece mentira que hayamos estado un mes en Estados Unidos, porque una vez que llegas a casa, te dá la sensación de no haberte ido nunca.
Ignorantemente, llevados por la emoción, un día, en Estados Unidos, estábamos en un Walmart, y compramos una tostadora y una freidora. Eran de la marca General Electric, y nos hacía gracia tener en casa esos pequeños electrodomésticos americanos, ya que siempre que tomáramos tostadas y patatas fritas, nos acordaríamos de nuestra bonita aventura por tan lejanas tierras. Como llegamos a casa a la hora del desayuno, me apresuré a sacar la tostadora de la maleta y el pan bimbo del congelador. Había comprado un adaptador de enchufe de americano a español, por lo que estaba todo preparado. Introduzco las tostadas, conecto la tostadora.... y bueno, 3 segundos es lo que tardó la tostada en prender fuego. En un momento, la tostadora se incendió y se envolvió en fuego. Afortunadamente, saltaron los plomos y reaccioné a tiempo tirando un trapo sobre la freidora, por lo que el fuego no fue a más. Mi mujer y yo nos abrazamos asustados mientras nos lamentábamos: "Hay que ser pardillos para comprar electrodomésticos en Estados Unidos sin tener en cuenta que allí funcionan con distinto voltaje y tensión." En fin, ni una hora en España, y primer susto.

Y así termina nuestro apasionante viaje por Estados Unidos.
Muchas gracias por haber seguido este diario, y espero que a alguien le sirva de utilidad.h