Para variar, al despertarnos, seguía diluviando.
Nos recogía una van en el hotel para llevarnos al Pier a tomar el ferry hasta Phi Phi.
Lo primero: suerte que salió el barco con temporal que había. Lo segundo: no daré muchos detalles del viaje, pero sólo deciros que fueron las peores dos horas de mi vida (y de las del 99% de las personas que había en el barco).
Después de pasar por un pequeño infierno que pensaba que no acabaría nunca, llegamos a Tonsai Pier, en Ko Phi Phi Don, la isla más grande (y la única habitada) del archipiélago Phi Phi. Y… lo mejor de todo… salió el sol!!!!!
Nosotros llevábamos el hotel reservado desde Madrid. Nos lo recomendó un amigo, y la verdad es que comparando con los demás, era el mejor para nosotros.
Por el puerto hay bastantes hotelitos, pero es una zona poco tranquila. Por la noche hay bastantes bares y mucho ruido, y las playas no son las mejores ya que están llenas de barcos y es donde van todos los turistas que vienen a las islas sólo a pasar el día. Si vais con amigos, es una buena opción, pero si buscáis un plan más tranquilo, os recomiendo que cojáis los hoteles en otra parte de la isla.
En Phi Phi Don no hay carreteras, y para llegar a los hoteles que no están en el puerto sólo puede hacerse en long tail. Esto es importante tenerlo en cuenta ya que aunque durante el día la mayoría de los hoteles tienen un servicio de long tails que va y viene al puerto periódicamente, a partir de las 6 de la tarde este servicio suele cesar, y si quieres ir al centro tienes que contratar el barco sólo para ti y suele ser algo carillo.
Nuestro hotel era el PHI PHI RELAX RESORT, en Pak Nam Beach, al este de la isla y a unos 15 minutos en long tail desde Tonsai.
Es un pequeño resort con playa privada formado por cabañitas de bambú individuales. El precio estupendo (unos 40 euros la noche), y aunque no tenía ningún lujo ni ninguna instalación, para nosotros fue lo más. Teníamos claro que queríamos sí o sí una cabaña en la arena, porque eso sí que es un lujazo!
Las cabañas eran geniales, grandes, con una gran cama con mosquitera (más que indispensable). No había agua caliente, y sólo había luz (una mini lamparita) a partir de las 6 de la tarde. Para moverte por el resort por la noche hasta el restaurante te dejaban linternas porque no hay nada de iluminación!
El restaurante también era bastante bueno, y lo mejor de todo el personal. La gente no podía ser más amable y simpática y en cuanto les dabas un poco de conversación, ya tenías compañía para toda la noche. Volvería a este hotel una y mil veces!
Por las noches, no os voy a engañar, los ruiditos que se oían tanto dentro como fuera de la cabaña no eran muy tranquilizadores. Cada noche al volver de cenar hacíamos una mega inspección de la habitación para deshacernos de la compañía de los inquilinos que nos esperaban, pero la verdad es que después de todos los días que llevábamos de viaje pocos bichos podían asustarme ya ☺
