Vuelta para el bus, donde ocurrió un episodio similar al que os he contado para llegar hasta el lugar. Y al poco rato de nuevo en la estación. Valoramos las posibilidades que había, ir a la cueva de Calypso, a las salinas o dar una vuelta por la ciudadela de la ciudad. La primera a mi me hacia ilusión por ser un lugar mitológico pero a mi chica no mucho. La segunda a ninguno nos atraía mucho pero optamos por la tercera pues llevábamos todo el día de buses. Al ir hacia la ciudadela que ya teníamos localizada de hacía unas horas pasamos por la iglesia de San Jacobo. Si queréis visitarla se entra por el lateral izquierdo
La calle por la que accedimos a la ciudadela nos dejó a pies de la catedral de la Asunción, que no parece desde fuera tan grande como desde la lejanía de la estación de buses.
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Lo mas llamativo es que no tiene cúpula central. Sin embargo la pintura que la cubre tiene un impresionante efecto óptico para disimular su ausencia y que, desde la parte central dei interior da el “pego” completamente.
Entramos y salimos por la puerta. Al empezar la visita a la ciudadela por la izquierda tal y como salíamos vimos un cartelito que marcaba la entrada y visita a la catedral, pero la puerta estaba cerrada. Para mi que nos colamos y que normalmente hay que pagar. Igual también era gratis por el día del centenario de Heritage Malta. Dimos un paseíto rápido por la ciudadela desde donde hay unas vistas privilegiadas. A la bajada pasamos por el museo de la cárcel, donde puedes visitar las mazmorras y demás, pero no habíamos leído buenas críticas y la entrada de 8 euros ayudó a que siguiésemos el camino hacia la estación de buses.
Como quedaba casi 30 minutos hasta el siguiente bus que nos acercara al ferry nos echamos un café con hielo en una terracita cercana. 70 céntimos pagamos, aalucinante
Dejamos casi otro café de propina. De allí enlatados en el bus al ferry, que se nos escapó en las narices. Una horita de espera con la entrada en la mano. Y tras “pasar” a la isla de Malta otra hora en el bus de vuelta a la valeta, casi todo el trayecto de pie porque dejamos sentarse a una monja y un señor mayor. A la llegada no nos quedó ganas de nada, compramos un pollo con patatas en el Bert´s y a la cama.






