Este día es bastante especial en varios sentidos.
Primero, será el último día en el que cogeremos un Shinkansen, tanto a la ida como a la vuelta. Y segundo, hoy toca Miyajima (o Itsukushima, según se mire), una isla-paraíso preciosa a más no poder.
Lamentablemente no pude seguir el consejo de un amigo mío, que fue el año pasado, y hacer noche en la isla, pero la disfrutamos casi todo el día.
Nos levantamos pronto ya que entre metros, regionales y shinkansen de Osaka al ferry fueron bien bien 2 horas largas.
Itinerario del día:

Itinerario en Miyajima / Itsukushima

Una vez en la isla, lo primero que hicimos fue tomar un zumo en una cafetería regentada por un matrimonio mayor. Y qué zumo! Hay varios tipos de zumo, y el mío por lo menos estaba buenísimo.

Ya hidratados, empezamos nuestro paseo, sin prisa pero sin pausa. Nos dirigimos al Santuario Itsukushima. Estaba a rebosar, parecía que no cabía un alfiler, así que lo primero que hicimos fue acercarnos a la Torii más famosa de Japón.


La marea estaba baja, así que nos acercamos sin problemas. Observamos que hay como una tradición, de dejar una moneda (1Y o 5Y) en la propia puerta, incrustada entre los restos creados por el mar, y pedir un deseo. Una vez puesta, no sé si tiene que aguantar la marea alta para que se cumpla, o sencillamente la tradición acaba ahí.

Después de admirar un buen rato la Torii, vimos que el santuario seguía lleno de gente, así que nos dirigimos al Santuario Senjokaku.
Se trata de un santuario curioso, ya que está abierto en sus cuatro lados, y comunmente se le llama 'Pabellón de las 1000 esteras' (Pavilion of 1000 mats). Todo el techo del santuario está repleto de pinturas y kanjis, donde cada una escenifica algún símbolo o animal. También ha sido reconstruido varias veces.


Justo al lado del santuario encontramos una pagoda de 5 pisos, un poco más pequeña que la mayoría de las que hemos visto.

Seguimos recorriendo la isla, subiendo un poco en altitud (y escaleras) el Monte Misen, y llegamos al Templo Daisho-in.

Este templo es famoso, sobre todo, en otoño, por el color que desprenden los árboles de alrededor. Justo en la entrada del templo encontramos una llama, que según nos dicen, ha estado encendida desde que se construyó el propio templo... hay que creérselo.

Dentro del templo, a parte de los propios edificios, podemos ver que nos encontramos rodeados de figuritas de pequeños budas, en diferentes posiciones y con diferentes caras. No entendí su significado, pero son curiosas.

Subiendo un poco más, llegamos a un edificio donde pudimos ver varias decenas de estatuas de Kannon, así como varias estatuas de los guerreros.

Volvimos a bajar al nivel del mar y buscamos un restaurante por la calle principal, justo al lado del mar.
Una vez caída la tarde, y habiendo ya comido, compramos las galletas típicas de la isla (buenísimas) en una de las tiendas donde te enseñan cómo se hacen.

Volvimos al ferry de vuelta a Hiroshima.
Como aún nos quedaba algo de tiempo hasta la salida del Shinkansen, mi compañero quería ir al Atomic Bomb Dome, así que cogimos un pequeño tranvía y fuimos a verlo.

No me resultó una visita agradable, por la historia que ello conlleva, pero me contrastó que los propios japoneses se hicieran fotos riendo y con los dedos de la mano en V (típico en ellos).
Una vez visto el edificio y varios monumentos conmemorativos, cogimos el tranvía de vuelta a la estación, para coger el shinkansen y estar de vuelta en Osaka por la noche.
Una vez duchados, decidimos salir por el barrio más movido de Osaka, Shinsaibashi. La verdad que a pesar que dicen que es el barrio más peligroso de la ciudad, parecía más una zona de marcha y recreativos que otra cosa. Cierto es que vimos algún que otro grupo sospechoso de gente, así como señoritas de compañía, pero por lo demás, todo correcto.
Una vez cenados y después de dar una vuelta por la zona, de vuelta al hotel y a dormir.