Este día nos despertamos en un castillo!!!

Después de desayunar, estuvimos dando un paseo por las extensiones de terreno del château, y es que, tal como nos dijo el dueño, y cito textualmente: ‘Hasta donde llega la vista pertenece a Guilguiffin’

Bueno, estaba claro que no nos podíamos quedar allí eternamente
Nada más llegar con el coche, te encuentras unas explanadas que sirven de aparcamientos, donde te dicen dónde tienes que aparcar y por un importe (que no recuerdo cuánto era, creo que 2-3€), te dan una pegatina que te sirve para acceder a ese parking durante todo el verano. Cuando sales del parking, te encuentras con una calle llena de tiendecitas de artesanía que desemboca en la plaza de la Iglesia.

Hay varios recorridos que puedes hacer según el tiempo que quieras emplear en recorrer el pueblo, que es más bien pequeño… Nosotros decidimos hacer uno más largo, que empezaba recorriendo la iglesia y el cementerio, y luego continuaba hasta un mirador en lo alto de una loma. La verdad es que para subir al mirador no vimos el desvío, y continuamos un rato largo por una carretera que salía del pueblo, así que tuvimos que volver sobre nuestros pasos


Después volvimos por las calles traseras del pueblo llena de casas tradicionales, y dónde habían ubicado unos tenderetes con productos de la región. Nosotros aprovechamos y compramos sidra.
A la vuelta a la plaza de la iglesia estuvimos visitando las diversas tiendas de dulces que tienen y decidimos comprar unas cajitas de galletas muy monas con dibujos de Bretaña para la familia. Además probamos el Koign que es un dulce tradicional bretón parecido a un hojaldre y que está buenísimo!!

Nuestra siguiente parada, Dinan, estaba a casi 200km de distancia y 2h30min de viaje. así que, llegamos justos para buscar un sitio por el centro para comer. Yo me tomé un crêpe delicioso y Víctor se pidió las típicas moules-frites (mejillones con patatas fritas), que contamos y eran nada más y nada menos que 110 mejillones!!!!!

Ya una vez con el estómago lleno, nos pusimos a pasear por Dinan. Dinan es una ciudad con un centro medieval, denominado Vieille Ville. Esta zona es muy agradable, porque tiene muchas calles peatonales rodeadas de casitas y tiendas.


Nuestra última parada del día era Saint-Maló. Aparcamos en el parking de pago justo a la entrada de la ciudad, y lo primero que te encuentras al llegar es las vistas del mar y del Fort National. Éste es un fuerte al que se tiene acceso con la marea baja.

Nosotros no nos acercamos porque ya estábamos considerablemente cansados después de tanto trote, así que decidimos comprar unos gofres y montarnos en el típico trenecito para turistas para visitar la ciudad. La verdad es que no es la mejor forma de verlo, pero al menos nos sirvió para descansar y ver las zonas que luego visitaríamos a pie.
Saint-Maló es plenamente turístico y eso se nota por la cantidad de tiendas de recuerdos que invaden las calles por todos sitios (vamos que yo encantada!), y por la cantidad de gente que encontramos. Cómo ya teníamos una idea del lugar, dimos un paseo por las calles, parando en muchas tiendecitas para ir comprando recuerdos, hasta llegar a la catedral de St-Vicent.


Posteriormente, volvimos para pasear por las murallas, desde las que se obtiene una vista muy bonita del fuerte.

Pues con Saint-Maló ya se acababa el día de hoy, sólo quedaba ir a la gite a descansar que mañana tocaba el Mont-St-Michel. Inicialmente me planteé coger el alojamiento en el mismo monte, porque dicen que es precioso pasear por la noche por allí, pero los hoteles salían por un pico y los que se podían ajustar a nuestro precio eran cochambrosos. Por ello, decidí cogerlo justo a las afueras del monte para poder visitarlo por la mañana temprano. Nuestro alojamiento, la Ferme Saint Joseph, era una casa de piedra en mitad de una granja que en principio nos permitía las vistas del monte, porque todo alrededor era campo. La verdad es que nos costó un poco encontrarlo porque estaba en mitad de la nada. La casa es muy bonita pero nuestra sorpresa es al acercarnos al jardín trasero y observar esto:

Estábamos alucinando con las vistas!!!!! Y más aún cuando nos enseña nuestra habitación que tiene una puerta de cristal que da directamente al monte de forma que desde la cama ya lo ves!!
Como estábamos muy cansados no pensábamos salir a cenar, y como fuera hacía un frío que pelaba, cogimos una mesita de la habitación y la pusimos delante de la ventana para cenar allí. Cenamos un bocata de mortadela viendo anochecer sobre el Monte-St-Michel y cómo se iba iluminando poco a poco… y puedo asegurar que nunca he tenido una cena más romántica en mi vida
. Sin duda es de los mejores recuerdos del viaje!!

Por lo tanto, creo que probablemente es igual o incluso más bonito ver el monte iluminarse desde fuera que vivirlo desde dentro… y pensareis le tuvo que costar mucho esas vistas… pues fue uno de los alojamientos más baratos del viaje, 67€/noche con desayuno incluido!!!!!