Como ya era costumbre, nos levantamos temprano. Teníamos incluido el desayuno, pero lo servían en el restaurante de al lado (en el mismo que nos dieron de cenar la noche anterior). No era de buffet, pero era bastante abundante y de calidad; aquí pude tomar las clásicas tortitas (muy buenas, por cierto). Justo al lado había un colmado, compramos cuatro cosillas y pusimos en dirección a Bryce Canyon. No tardamos mucho, ya que Tropic está muy cerca del parque.
Tras enseñar nuestro Anual Pass en la entrada, nos dirigimos al Sunset Point para hacer la Navajo Loop, una excursión en la que te adentras en el parque y puedes observar en primer plano las formaciones rocosas. Pudimos aparcar fácilmente ya que había mucho sitio.
Estas son las vistas desde el Sunset:
Ya en el trail, hicimos infinidad de fotos a los sitios más destacados, incluyendo el famoso Thor Hammer. También nos entretuvimos haciendo fotos a las ardillas, son toda una atracción, y están bastante acostumbradas a los turistas , OJO, no las deis de comer, si os pillan, la multa es considerable.
Como veis el camino es accesible a pie, mientras no tengas problemas de movilidad se puede hacer no sin cierto esfuerzo. Recomendable llevar gorro y agua, aunque el calor no se tan extremo como en otros sitios.
Cuando llegamos al cruce con los Queen gardens nos topamos un cartel que informaba de un derrumbamiento, que nos impedía hacer la vuelta “corta” para ver Wall Street. Como no queríamos dar la vuelta sin más, decidimos hacer el camino largo por los Queen Gardens.
Tardamos unas dos horas en hacer el recorrido. Teníamos pensado acercarnos al resto de miradores del parque, pero la verdad, pensamos que sería un poco redundante y que ya habíamos visto lo mejor del parque, así que decidimos poner rumbo a Zion para aprovechar el tiempo.
A la salida del parque nos paramos en la gasolinera. Justo al lados estaba Old Bryce Town, un asentamiento con una especie de molino y unas tiendecitas de souvenirs donde venden unas piedras típicas coloreados. Decidimos dar una vuelta.
Por lo visto también organizan rodeos (había hasta unas gradas). En un cartel indicaban los horarios en los que lo celebran. Aquí tenéis una foto
De repente se puso a llover. Fue la primera y la única vez que vimos lluvia, y duró apenas 10 minutos.
Nos pusimos camino a Zion. Ese día decidimos comernos un sándwich en el coche, para ganar tiempo.
A media tarde llegábamos a Zion. No tiene nada que ver con Bryce, aquí el paisaje es verde, con montañas y riachuelos.
Antes de entrar en el túnel de acceso Cristina se percató de que había “ciervos” en la cuneta. Dejamos el coche a un lado y nos bajamos para verlos… aunque finalmente, eran cabras montesas jejeje.
Después nos paramos en el Canyon Overlook Trail, un mirador que hay antes del parque. Hay que caminar unos 25 minutos hasta llegar al mirador.
Estas son las vistas:
Ya pasando el puente tuvimos otro percance. No vimos el acceso al parque y llegamos a Springdale, el pueblo. Decidimos aparcar el coche y coger el autobús hasta el parque. Como no paraban, fuimos andando, fueron unos 20 minutos. Para que os orientéis, el acceso no se ve muy bien, está a mano izquierda.
Ya se había hecho un poco tarde y queríamos hacer al menos un tramo de los Narrows. Pues bien, cuando llegamos allí me doy cuenta de que me he dejado el anual pass en el coche… Dios, no podía ser. Si teníamos que volver ya no nos daría tiempo a ver nada. Llegamos a la entrada y estaba el guarda (siempre vestidos como el guarda del oso yogui, con su camisa caqui y su sombrero). Le expliqué lo ocurrido, era un tipo bastante serio y frio. Me preguntó qué tipo de pase tenía, cuánto me había costado y dónde lo había comprado. Le explicamos que era un anual pass comprado en el Gran Cañón. “Ok” me dijo, no te preocupes, pasa y no olvides de traer el pase para la próxima vez.
Casi lloramos de alegría.
Pasado el trauma, nos subimos en el autobús. Hay una grabación que explica, en inglés, las particularidades de cada parada.
Llegamos a la última parada. De allí hay un sendero que bordea el rio y que te lleva al principio de la excursión.
Cristina y yo nos cambiamos los zapatos por unas chanclas con tobillera, y nos pusimos en bañador. Al principio del tramo de agua la gente deja palos que sirven como bastón. Nos metimos a la aventura. Hay que tener cuidado porque hay zonas donde el agua llega por encima de la cintura.
Fue una experiencia genial. Hay que ir con cuidado, el agua está turbia y no se ve bien la profundidad, por lo que corres el riesgo de pegarte un remojón.
Llegamos hasta una especie de cataratas. Había bastante gente, pero como empezaba a anochecer, nos dimos la vuelta. Para la próxima, nos queda pendiente hacer la excursión de principio a fin, son unos 8 kilómetros.
Ya en el tramo de camino, literalmente se nos cruzó una familia de ciervos por delante y aprovechamos para hacerles fotos.
Salimos del parque y eran aproximadamente las 19 (plena noche). Volvimos al coche, nos cambiamos de ropa y pensamos que sería buena idea cenar en Springdale, ya que si esperábamos a llegar a Las Vegas se nos harían las tantas.
Entramos en el primer sitio que nos encontramos. Miramos la carta y no era muy caro, pedimos mesa y nos dijeron que teníamos para 15 minutos. Pues bien, cuando nos dimos cuenta y nos fijamos bien en el restaurante nos dimos cuenta que era un sitio bastante fino, todo el mundo bien arreglado, y con un montón de reseñas de prensa colgadas en la pared (¡incluso premios de cocina!). La verdad, el sitio estuvo a la altura: nos pedimos unas costillas deshuesadas que estaban de vicio, disfrutamos muchísimo. El restaurante se llama The Spotted Dog, y se encuentra en 428 Zion Park Blvd, Springdale.


A las 22 nos pusimos rumbo a las Vegas. Eran unas 3 horas de camino, por una carretera que salvo excepciones y alguna ciudad es bastante oscura. Aquí fue el único momento donde lo pasé mal: pasada una hora el cansancio me pasó factura, se me cerraban los ojos hasta el punto que tuve que parar en la entrada de la ciudad de Nevada para hacer una parada. Paramos en un 24H. Pues bien, por si faltaba poco, nada más aparcar, se nos pone al lado un coche tipo Gangster con cuatro chicos dentro (tipo Gran Theft Auto…), cuando veo que salen del coche… Dios, pensé, estos nos atracan aquí mismo. Afortunadamente sólo fueron paranoias mías, eran cuatro chavalitos que acababan de comprarse comida en el Burguer King de la calle de enfrente. Ufff!.
Entramos en el 24H, donde fueron muy amables (como de costumbre) aunque yo no tenía muchas ganas de hablar. Compramos unos chicles y una lata King size de Red Bull para mí. Le di el relevo a Cristina, que estaba fresca como una lechuga, y en dos horitas nos plantamos en Las Vegas.
No sé si fue el subidón por ver las luces de neón de los casinos o el medio litro largo de Red Bull que me había bebido; pero al llegar se me pasó el sueño. A pesar de ser la madrugada había bastante tráfico, nos fuimos fijando en los casinos a medida que los pasábamos: Stratosphere, Paris, Bellagio… una pasada. Nosotros nos alojábamos en el New York, que está hacia el final del Strip.
Al llegar dejamos el coche en el servicio Vallet, que te aparcan el coche y te dan un ticket. Cuando necesitas el coche entregas ese mismo ticket y te lo sacan.
Al entrar en el casino se nos abrieron los ojos de par en par: ni nos imaginábamos la cantidad de gente, máquinas y mesas que había para jugar. Sólo ves lucecitas por todo y pitidos a diestro y siniestro. La primera impresión había sido muy buena.
En recepción nos dijeron que nos habían dado una habitación de superior categoría. ¡Guay!
Cuando entramos no nos lo podíamos creer: estaba en la planta 25, podíamos ver la montaña rusa del hotel desde la ventana, teníamos un jacuzzi y una cama enorme.
Teníamos dos días para ver la ciudad, así que nos fuimos a la cama a descansar, no sin antes retrasar el reloj una hora (el último cambio de hora en nuestra aventura en USA)
CONCLUSIONES
• Este día de ruta es bastante agotadora: hicimos tres excursiones, la más corta de una hora, y eso pasó factura de camino a las Vegas. No hubiera sido mala idea hacer noche en los alrededores de Zion .
• Bryce es un lugar bonito, merece la pena verlo, aunque no me explayaría mucho; basta con ver el mirador de Sunrise Point y recorrer la Navajo Loop. No dedicaría más de 3 horas.
• Zion fue una de las sorpresas agradables del viaje. Es lo suficientemente amplio como para pasar uno o dos días enteros. Si tenéis la oportunidad, dedicad una mañana a los Narrows, eso sí, equiparos bien; si vais en verano bastan unos zapatos que se puedan mojar o chanclas, bañador y toalla. Para otras épocas, mejor consultad el foro, ya que la temperatura del agua y la posibilidad de lluvias os pueden condicionar.