El Walk In Guesthouse está encima de una sastrería. Cuando entro me recibe una señora, le digo que vengo de airbnb y me dice: -Oh yes! habla inglés perfectamente y me dice que mi habitación está en el Walk In 2 que está en la misma calle justamente enfrente del templo Chiang Man pero que no me preocupe que ella me acompaña, agarra mi maletita que tiene ruedas y a unos 100 metros efectivamente otra sastreria y subiendo las escaleras después de descalzarme ahí me espera mi habitación con una cama enorme, aire acondicionado y ventilador. La ventana tiene mosquitera, bien. La habitación es espaciosa y sencilla.
Después de una ducha bajo y camino por la misma calle, de momento no voy a entrar en el Chiang Man, quiero ver la calle donde vivo. Prácticamente al lado hay una agencia de viajes, entro pero la señora está durmiendo reclinada sobre la mesa así que no la quiero molestar. Me encuentro otro templo en la misma acera con unos señores delante que venden imágenes pequeñas de Buda, un taller de forja y un jardín frondoso que parece una cafetería. Me parece el lugar ideal para tomar algo. Un zumo natural de piña y un Pad Thai me devuelven las fuerzas. Después sigo mi paseo, paso varios bares de turística pinta y establecimientos de masaje. En algún momento quiero un masaje pero quiero ver primero lo que hay.

Vuelvo sobre mis pasos a la agencia al lado del hotel, ya son las 17.00 y la mujer está atendiendo a una pareja. Espero pacientemente. Todas las agencias tienen muchos folletos en un expositor delante de las mismas, que si excursiones con elefantes y con tigres pequeños, medianos y grandes, que si las mujeres jirafa. El dinero lo puede todo y ya se que hay cosas que yo no quiero de ninguna manera. Lo de las mujeres jirafa me parece denigrante en todos los sentidos, mas aún cuando se sabe que existen solo porque los turistas demandan ir a verlas. No gracias, por ahí no paso. Las excursiones con elefantes son variadas y la señora de la agencia me cuenta las diferencias y los precios. Quiero irme mañana a la selva y una vez elegida la excursión que me interesa tengo que ir a cambiar dinero para pagar. Así que salgo de la agencia buscando una oficina de cambio.
En la acera de enfrente hay una Western-Union pero paso. Mas adelante doblando la esquina me encuentro con una oficina de cambio y de vuelta me entretengo mas de lo debido en una tienda.
Cuando llego a la agencia ha cerrado. Pregunto a los de al lado porque faltan todavía 20 minutos para las 18.00. Nada que hacer, el hombre trata de ayudarme cuando le digo lo que quiero pero allí no gestionan ese tipo de excursiones. Recuerdo entonces que la mujer del Walk In me había dicho que si estaba interesada en alguna excursión se lo dijera. Así que me voy a hablar con ella. También está su marido, son muy amables y me preguntan que tal me encuentro y si pueden hacer algo por mí. En cuanto les cuento lo de la excursión conciertan teléfono en mano una excursión para el otro día
me cuesta igual que en la agencia. Me dicen que a las 8.30 espere mañana en el sofá de la sastrería del Walk In 2 que me recogerán en un coche. Estoy contentísima y lo celebro yéndome a tomar una cerveza en un bar de allí cerca.Veo a muchos turistas, empieza haber ambiente nocturno. Recuerdo que frente a la oficina de cambio había un restaurante chino donde anunciaban pato. Allá me voy. Pero no todo me iba a salir bien porque sonriendo me dicen que "Today no duck" (hoy no pato) y me ofrece carne de cerdo, de ternera o pollo. Como todo tiene muy buena pinta le digo que vale y elijo un arroz con verduras, me mira desencantado y hablándome en tailandés me muestra la carne, le digo que si, que vale, que me de lo que quiera y me siento a comer con un granizado de te a la citronella, algo dulce para mi gusto aunque rico de sabor. Hay otros comensales, todos tailandeses. Me miran con cierta curiosidad y sonríen tímidamente, igual que yo. Hace un calor tremendo y mi abanico parece interesarles. La cena me sale por 70 Bahts. Al poco rato estoy en una calle mas ancha llena de tenderetes de comida, ¡vaya! me hubiera gustado mas cenar ahí aunque la verdad sitio no hay, está superlleno y hay que abrirse camino a través de los puestos. Con el tremendo calor me empiezo a agobiar y salgo de allí.
Continúo por la misma calle y paso una serie de restaurantes mas europeos, un Mac'Donals y hasta un Burger King, en fin, para quien no quiera degustar la rica comida tailandesa hay donde elegir. Me he ido bastante lejos y trato de encontrar la calle Rajchpakinal sin mirar el plano, no resulta dificil porque estoy en el cuadrado. En algún momento escucho música cada vez mas cerca. En la misma calle en la entrada del templo Wat Pan Ping veo que la gente entra y sale... hay montado un escenario y una niña canta maravillosamente bien acompañada de un coro de niños que ejecutan una coreografía perfecta con acrobacias y todo. Enseguida me fijo que prácticamente en la puerta hay una orquesta en una especie de tribuna y delante bailan 5 mujeres ataviadas con el tradicional traje tailandés. Llevan pelucas iguales y los sarongs se distinguen por el color. No tienen nada que ver con lo que sucede prácticamente al lado en el escenario que es mucho mas moderno. Aquí hay para todos los gustos, entro y me doy bofetadas porque mi cámara no tiene batería y he dejado el móvil en la habitación así que: no fotos. Y lo siento pero me quedo.

De repente entran dos monjes con su bonita sombrilla que se dirigen a su templo por el medio de los espectadores, sonríen al tiempo que caminan y saludan. En el escenario la niña y su coro están siendo vitoreados por la muchedumbre y un hombre-mujer no se si llamarla travesti, ataviada de fiesta la sustituye cantando en el medio de aplausos, parece bastante famosa y cuando acaba se acerca la gente a colgar de su cuello unos largos y curiosos collares. La gente no para de aplaudir. Lleva un vestido precioso y su pelo está recogido a un lado con varias cintas, es guapísima. Mientras, cerca de la puerta la orquesta tradicional continúa con su ritmo y las mujeres que son también travestis están contagiando a todo el mundo. Me siento en el bordillo del jardín y muevo las manos imitando a las bailarinas. Un tailandés me invita a bailar,
Algo llama la atención en Tailandia, la tolerancia que hay con respecto a los diferentes sexos. De momento he comprendido que no solo hay dos sexos. No parece que tengan problemas con el tercer o cuarto sexo, porque está totalmente aceptado y a nadie cause extrañeza. He visto trabajando a travestis, gays y lesbianas en diferentes profesiones, tampoco parece asombrar a nadie que los monjes presten el jardín de su templos para jolgorios varios, ya sean fiestas como éstas o mercadillos o lo que sea.