Hoy toca moverse en metro, así que cada uno compramos en una máquina de la estación una tarjeta de Metrocard para 7 días (30$). Me imaginaba los vagones sucios y llenos de graffitis, pero no es así. Lo que está bastante descuidado son los andenes.
Visitamos el barrio de Harlem, donde comprobamos que se aleja bastante de la estética vista hasta el momento en Midtown: edificios cutres y en general todo bastante solitario, supongo que es por ser domingo. Y la gente el domingo se suele poner sus mejores galas para acudir a misa. En la iglesia de St. Joseph of the Holy Familiy asistimos a una misa gospel. Está a tope. Estamos de pie muy cerca de la puerta, con bastantes turistas, pero somos bien recibidos. El cura es blanco, cosa que me sorprende un poco, y el desarrollo de la misa no tiene nada que ver con lo que se hace aquí. Hay una chica que canta que tiene una voz excelente. El ambiente es de fiesta y muy buen rollo. Alguien saca la cámara y le dicen que no se puede sacar fotos. Al acabar, el mismo cura saluda personalmente en la puerta, dando la mano a la gente. Una experiencia muy recomendable, no recuerdo la duración pero no se hizo para nada pesado.

Nos acercamos a Riverside Church, una iglesia enorme y que en esos momentos está en plena misa. Subimos por una escalera pensando que va a parar a un campanario o algo y vemos que es un anfiteatro. Abajo vemos al cura, o mejor dicho, un señor vociferando cosas y gesticulando. Más que una misa parece un espectáculo. Nos invitan a sentarnos pero nos vamos disparados.
Dando un paseo por Riverside Park, con vistas al río Hudson llegamos a la iglesia más importante de Harlem (y seguramente de Manhattan), Cathedral Church of St. John the Divine. Al salir aprieta el hambre pero no encontramos ningún sitio con mesas libres. Los restaurantes cutres de comida rápida tienen muy pocas mesas y estás todas ocupadas. Alguno la aprovecha para hacer una cabezadita. Pasamos por delante del Harlem Market, un inmenso "todo a 100" de artesanía pero no entramos. Decidimos coger metro hacia el museo Guggenheim y comer por allí. A ver si hay más suerte.
Efectivamente, al salir del metro nos metemos en un "Panera", donde hacen sandwichs y ensaladas, en plan sano y natural. Ambiente más serio y algo pijo, pero no está mal. Recargamos pilas y hacemos la visita al Guggenheim. Impresionante el hall y la rampa que va ascendiendo en círculo. No hay mucho material en su interior, así que es rápido de ver.

Al salir cogemos autobús, que en línea recta nos dejará en el Empire State para subir después. Hay cola en la calle para entrar. Con la NY Pass nos evitamos un poco de cola (para comprar la entrada) pero para acceder a los ascensores está a rebosar de gente y hay que tomárselo con paciencia. Hay un control de bolsas y no dejan entrar con trípode. Llevo uno pequeño de la otra cámara (sin yo saberlo) y me lo pillan. El tipo cree que lo quería engañar, pero yo convencido que no llevaba ninguno. Al llegar arriba, al observatorio del piso 86 ya está oscureciendo y las vistas son fantásticas. Para seguir subiendo hasta la azotea del piso 102 hay que pagar 20$ adicionales, volver a hacer colas, etc. Así que pasando.

Cenamos una hamburguesa cojonuda en el "Jackson Hole" de 35 con la 3Ave. enfrente de un retrato de John Wayne con su pistola.










