20 de junio
Después de preparar las maletas en el último momento y una noche de poco sueño, por fin partimos a las 6 y poco de la mañana hacia el aeropuerto. Nuestro vuelo sale a las 9, no vamos muy sobrados de tiempo. Dejamos el coche en el párking de larga estancia y el shuttle nos lleva hasta la T1, en la que tras largas colas, conseguimos facturar, pasar controles de seguridad y desayunar algo antes de ir a la puerta de embarque. Estamos todos nerviosos, pero para la niña es el primer vuelo largo de verdad, entre Ginebra y New York. Vuelo largo y aburrido para nosotros, ella se pasa las horas viendo películas y series en el monitor del asiento. Tras las interminables horas, aterrizamos en JFK, recogemos sin problemas el equipaje y pasamos los controles de entrada a USA.
Para llegar a nuestro apartamento en Brooklyn, nos decidimos por ir en metro, así que pillamos el airtrain hasta Howard's Beach tras comprar el Metro Card (imprescindible si estás más de 3 días en NY), y nos bajamos en Nostrand Avenue, a pocas calles del apartamento en Dean Street. Mientras esperábamos el metro, hemos llamado al anfitrión para quedar y poder recoger las llaves del apartamento, así que cuando nos plantamos en las escaleras de entrada, ya nos están esperando para su entrega. No está mal el sitio, aunque el barrio es bastante desangelado. Además, en las 5 o 6 calles que hemos tenido que andar desde la boca de metro, no hemos visto ningún blanco. Creía que nos habíamos metido en Harlem!
El apartamento muy sencillo, 2 habitaciones y un baño, con una minicocina por si acaso, pero con wifi gratis, y es lo primero que usamos para enviar whatsapp a casa, conforme hemos llegado ok.
Después de pocos minutos de descanso, nos dirigimos al metro para ir a Manhattan, unos 20 minutos de traqueteo antes de plantarnos en Times Square, por empezar por algún sitio. Gente y más gente por todos lados, una auténtica marea humana: gente que sale de trabajar, turistas y mucha gente con los más variopintos disfraces para ganarse unos dólares con las fotos. Nosotros empezamos también a sacar fotos y nos vamos a las famosas escaleras de Times Square, dónde podemos ver una pedida de mano muy peliculera de una pareja japonesa. Cuando tenemos bastante, compramos unos perritos calientes para tener algo en el estómago, pues la comida del avión, aparte de bastante mala, escasa...
Después de esto, nos dirigimos a pie y mirando embelesados todo a nuestro alrededor (aunque era la segunda vez en NY para Ester y para mí), hacia el Rockefeller Center, en las que tras unas cuantas fotos más, sacamos las entradas para el TOR, en el que vemos anochecer sin pasar excesivo frío. Es mágico ver anochecer en NY, como se apaga la luz del cielo para encenderse la de los millones de ventanas.
Empezamos a notar el cansancio del viaje, y decidimos volver al apartamento, no sin antes ver el Radio City Music Hall y la estatua del Atlas bajo uno de los edificios del Rockefeller.
Al salir del metro en Brooklyn estamos agotados y la mayoría de delis han cerrado, así que nos metemos en una hamburguesería muy cutre llamada Checker's para coger unos trozos de pizza y bebidas que nos comeremos en "casita". Mañana más.