21 de junio
Una primera noche de descanso más o menos reparador en nuestro apartamento ha servido para ponernos las pilas y afrontar el día de hoy. Me acerco a una pastelería que hay a un par de calles para comprar desayuno para todos: cafés, zumo y bollos, que comemos en la mesita de la habitación, que dispone de microondas donde poder calentarlo todo. La pastelería se llama Connecticut Muffin, y nos servirá para desayunar cada día mientras estemos en NY. Tras esto, cogemos el metro y nos dirigimos de nuevo a Manhattan. Esta vez nos bajamos en Fulton, puesto que nos vamos a visitar la parte sur de la isla. Empezamos a deambular en dirección al World Trade Center, para ver las piscinas conmemorativas donde se erigían las torres gemelas.

Cuando mi mujer estuvo aquí por vez primera, pudo subir a ellas y ahora le coge un ataque de pena. Realmente es conmovedor, el espacio en sí y el ambiente de respeto y tristeza que se respira. Cuando estuve yo aquí el año pasado, aún había que pagar entrada para acceder al recinto y el nuevo rascacielos no estaba acabado. Ahora es gratuito, si no quieres acceder al museo. Nosotros decidimos no entrar, y nos quedamos contemplando un espectáculo ofrecido por la policía deteniendo un coche que se quería colar a una zona restringida. Lo conduce una mujer asiática con un perrito de copiloto que casi se le echa al cuello al primer policía que acude a hablar con la conductora. Ante la resistencia de ésta, se acumulan hasta 12 policías y 3 o 4 coches en torno al vehículo detenido.
Tenemos show gratuito para un rato, pero aún hay muchas cosas por ver, y nos dirigimos al edificio de la bolsa en Wall Street. Tras las fotos de rigor, paseamos hasta el Charging Bull, signo del poder financiero y marcador del principio del Distrito Financiero de NY. Aquí siempre hay que esperar un largo rato para poder sacar una foto en condiciones, puesto que la gente no guarda cola ni hay orden alguno, ni ningún agente que lo organice. Tras conseguir las fotos, entramos en el Stir Café, un deli que hay justo enfrente del toro (Bowling Green) a tomar unas ensaladas.
Seguimos al sur hacia Battery Park, con la intención de coger el ferry que nos dejará en Liberty Island y después en Ellis Island. Tras las largas colas y los controles como los del aeropuerto, embarcamos en el ferry y hacemos la corta travesía de unos 20 minutos hasta Liberty Island, donde desembarcamos y paseamos por la isla, sacando más fotos: de la estatua, del skyline de Manhattan... Nuestra entrada no nos permite el acceso al interior de la estatua, pero tampoco teníamos muchas ganas de verla por dentro. En mi opinión, no vale la pena pagar por la visita a la isla, cuando el ferry a Staten Island te permite verla de bastante cerca. En poco menos de una hora lo hemos visto todo y procedemos a hacer cola (una larguísima cola) para coger el nuevo ferry que nos deja en Ellis Island, donde en tiempos antiguos se tenía en cuarentena a los inmigrantes antes de dejarlos entrar en el país.
Tampoco vale mucho la pena, a menos que seas un gran fan de la Historia, o de NY. Unas cuantas salas vacías, equipajes de la época, fotos de algunos de los primeros inmigrantes en el siglo XIX... Otra larga cola nos espera para embarcar de vuelta a Manhattan.
Ya en tierra firme, nos quedamos un rato mirando otro espectáculo de unos jóvenes bailando y haciendo acrobacias a cambio de unas monedas, antes de meternos en un Deli para comer.
Tras esto, otra vez al metro para ir a pasear por la zona del Chrysler Building. Llegamos hasta la zona de los edificios de la ONU, pero está cerrado al público, así que nos metemos en una tienda cercana que conocía para comprar ropa (vaqueros especialmente). Tras un buen rato en la tienda, descansamos tomando un zumo en un bar de la 2ª avenida y después nos dirigimos a pasar otro buen rato en Grand Central Station que hemos visto en tantas películas... A punto de salir de la estación, vemos a una mujer correr desesperada pidiendo ayuda porque alguien se ha caído (o tirado) a las vías delante de un tren. La gente no parece especialmente asustada y no hay nadie que corra para ayudar, aparte de un vigilante de seguridad. Nosotros asomamos la cabeza, pero decidimos que es mejor no acercarnos mucho.
Al salir propongo acercarnos a la tienda de fotografía B&H, puesto que tenemos la intención de comprar algunos accesorios para el equipo fotográfico. Cogemos el metro hasta Penn y seguimos por la 34 hasta la novena avenida: cerrado! Claro, es sábado, el día sagrado de los judíos que regentan la tienda. Ya volveremos. Nos quedamos a cenar al aire libre enfrente del Madison Square Garden, en el Local Beer Garden. Cuando anochece empieza a refrescar (yo que creía que en junio en NY nos íbamos a cocer...), y Ester y Ada van a comprarse unas sudaderas para abrigarse. Tras la cena, exhaustos, cogemos el metro y nos vamos a Brooklyn.