Pagamos el hotel en cash, por favor. Así nos dice el dueño del hotel. Es una pequeña faena porque contábamos con pagar todos esos gastos con tarjeta pero no hay otra opción. Son 110 euros por tres noches en habitación triple así que la relación calidad-precio es muy satisfactoria. Nos despedimos del amable dueño y enfilamos hacia
Micenas. En dos horas estamos y ya hace mucho calor. Hay que decir algo: si uno no es un gran amante de la cultura clásica, de la Odisea y la Ilíada, las ruinas de Micenas es posible que le decepcionen. Más allá de la famosa puerta de los leones no quedan vestigios muy impresionantes de aquel palacio de Agamenón exceptuando las murallas. Eso sí, podemos echarle imaginación y pensar por dónde se llevó Paris a Helena.
El lugar está bien escogido estratégicamente y la importancia que tuvo en la edad antigua hubo de ser enorme. El museo no está mal, pero al lado de los dos que hemos visto anteriormente palidece un poco. Hay además una gran cantidad de turistas y sacarse una foto sin extras alrededor debajo de la puerta de los leones es prácticamente misión imposible. Bajamos a la cisterna que hay en un extremo de la ciudadela. Atención: hay que bajar con linterna, si no te expones a darte un soberano trompazo. No tiene nada especial, solo la profundidad hasta la que baja. Después de asomarnos a los lienzos de muralla que quedan y visitar el tholo que hay al lado del museo decidimos dirigirnos a Navplion para comer allí.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Navplion es la localidad más bonita de las que hemos visto hasta ahora. Ha sido parte de la república Veneciana, del imperio otomano, fue tomada por los cruzados y ha pasado por multitud de vicisitudes. Está dominada por el castillo de Palamidis que no visitamos. El trazado de sus calles es muy ordenado a diferencia de otras localidades por las que hemos pasado. Tiene unas playas al otro lado del monte que tampoco visitamos. Damos un paseo por las calles que llevan a la plaza Syntagmatos y a la del ayuntamiento. Las casas son elegantes, con contraventanas de madera y con un colorido muy vistoso.
Vamos también en barca hasta la fortaleza de Bourtzi. Creo que nos cuesta 3 euros y podemos permanecer en el fuerte durante unos 20 minutos antes de volver. Las vistas son muy bonitas si bien dentro de la fortaleza no hay nada de importancia e incluso hay un cierto descuido. Volvemos a buscar los coches atravesando el parque en cuyo centro está la estatua ecuestre de Theodoros Kolokotronis, líder de la guerra de la independencia griega.
Si se dispone de tiempo Navplion es un lugar que merece al menos que se duerma una noche para visitarlo con tranquilidad, tomarte un café frappé, un vino blanco fresquito o una cerveza en las terrazas de la plaza Syntagmatos y pasearte luego por las que dan a la fortaleza de Bourtzi mientras anochece. Nosotros no disponíamos de ese tiempo así que rumbo a Epidauros.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Llegamos a eso de las 6 de la tarde y después de algunas dudas sobre el emplazamiento pues nos extraña sobremanera no percibir demasiados turistas, compramos la entrada (6 euros, los menores de 18 no pagan) y subimos por el camino que nos deja de pronto en el teatro. Yo creo que grandes y pequeños nos quedamos sin palabras pues la grandiosidad y a la vez sencillez del recinto nos atrapa. Está atardeciendo y el espectáculo es sublime.
Una vez más admiramos la pericia de estos consumados artistas. Recorremos las gradas, subimos, bajamos, nos ponemos unos en una punta enfrente de los otros para darnos cuenta de que no es un cuento chino: la acústica es perfecta, maravillosa. Un único pero es la plataforma del escenario, que le quita un poquitín de encanto a la construcción. Aún así es tremenda la impresión recibida. Tiramos mil fotos y ninguna hace justicia a semejante lugar. Hay un museo pero a este no entramos.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Se nos está haciendo tarde para llegar a Atenas. Queremos llegar hasta el cabo Sunión pero me temo que no va a ser posible. Nos despedimos del Peloponeso y nos preparamos para entrar en el Ática.
Atravesamos el canal de Corinto una vez más camino de Atenas y desde la autopista apenas acertamos a vislumbrarlo, pero estamos al lado. De ahí mi comentario en la quinta etapa.
Poco a poco nos vamos acercando a Atenas por el puerto del Pireo. El tráfico es intenso aunque no tan caótico como en principio pensábamos. A mí el inspector
Kostas Jaritos me ha metido miedo y circulo aferrado al volante mirando a diestro y siniestro pero resulta no ser para tanto. Será porque es agosto. Llegamos hasta el palacio de las dos mentiras y nos dirigimos a Glyfada.
El GPS nos deja en el hotel
Sea Wiev. Está bien aunque el recepcionista no sea la alegría de la huerta. Nos alojamos y me toca una habitación que comunica con otra por medio de una puerta doble que está atrancada. Se escucha la conversación en la habitación contigua, conversación que se está llevando en un tono normal. Pido que me la cambien y acceden sin problema aunque es un poco más pequeña. Lo prefiero así. Ducha y salimos a buscar un lugar para cenar en esa zona que está llena de restaurantes, pubs y cafeterías. Ya nos vamos haciendo a la idea de no encontrar un Kostas pero así y todo topamos con un sitio en el que cenamos a gusto y por un precio razonable. Se llama Taverne Lemoni y está en la calle Kiprou. Salimos por unos 10 euros por cabeza, algo más quizás, pero poco más. Paseíto de vuelta al hotel. Estamos derrotados pero contentos.