Nos levantamos temprano para desayunar. El desayuno es muy completo y nos preparamos bien para turistear por Atenas. Nos montamos en los coches y llegamos al centro en unos 25 minutos. Aparcamos en la entrada del templo de Zeus Olímpico. Nadie nos dice nada y tampoco vemos ninguna señal que nos impida hacerlo así que ahí dejamos los coches. Más contentos que un niño con zapatos nuevos compramos los tickets que permiten la visita al templo de Zeus, la Acrópolis, el Odeón de Herodes Ático, teatro de Dionisos,… Son 12 euros para los adultos y los jóvenes menores de 18 años no pagan. Se pueden comprar en cualquiera de los lugares mencionados. Información
aquí.
Empezamos nuestro recorrido pues por el templo de Zeus Olímpico u
Olimpeion. Realmente se puede ver desde fuera pues las columnas son muy grandes pero precisamente por eso merece la pena pasar dentro, por el gran tamaño de la construcción. Cerca eres consciente de su majestuosidad. Hacemos varias fotos aprovechando que encontramos un momento en el que todavía no hay mucha gente. La visita es bastante rápida porque no hay mucho más que ver.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
De ahí bajamos por Vassilisis Olgas al
estadio Panatenaico. Son apenas 5 minutos andando. La entrada cuesta 3 euros. El estadio se construyó para los primeros juegos olímpicos de la era moderna sobre las ruinas del que los atenienses de la época clásica utilizaban. Es muy bonito en su simplicidad. Por el túnel que los atletas utilizaban para salir a competir se accede a una zona en la que hay información audiovisual y una sala en la que se exponen las diversas antorchas olímpicas que en la era moderna se han utilizado para transportar el fuego sagrado hasta el lugar de la competición. Tiene su encanto, sobre todo para los pequeños y merece la pena asomarse a hacer alguna foto.
Salimos del estadio y andando atravesamos los jardines nacionales para acercarnos a la plaza Syntagma. Antes pasamos por delante del
Zappeion y entramos en el vestíbulo. Se agradece el fresquito de dentro porque fuera empieza a calentar de lo lindo y sólo son las 11:30. Merece la pena echar un vistazo a este edificio, aunque sean 15 minutos. Además está de paso hacia otros lugares. En los jardines vamos por una senda que tiene unas palmeras altísimas y por un momento nos da la impresión de estar en otro lugar,… o no porque el calor es tropical como mínimo.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Llegamos a ver el cambio de guardia que dura un buen rato. Los soldados están sudando la gota gorda los pobres y nosotros empezamos a hacerlo. Lo del cambio de guardia es curioso y hay gente pero tampoco mucha. Nos podemos sacar fotos con un soldado. Los adultos de uno en uno. Pueden sacarse dos personas a la vez si uno de ellos es un niño. Hay que quitarse el sombrero o la visera y también las gafas de sol para ello, creo. ¿Por qué? Vaya usted a saber.
Cumplido este trámite ineludible nos dirigimos por Syntagma a la calle Ermou. Ahí están los locales con las marcas de moda que puedes encontrar en cualquier ciudad. Cosas de la globalización: eso sí, pintadas por doquier. Tienen los griegos una afición desmesurada por el graffiti hasta el punto que muchos lugares resultan afeados por semejante costumbre. Si bajas por Ermou te encuentras en medio de la calle con una pequeña joya: la iglesia de
Panahgia Kapnikarea. Dentro reina un recogimiento que contrasta con el bullicio del exterior, aunque claro, el trasiego de turistas es incesante.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Proseguimos camino buscando la biblioteca de Adriano y callejeamos hasta la plaza de Monastiriki. Compramos algunos souvenirs, yo una camiseta del AEK de Atenas para mi hijo y decidimos dirigirnos directamente al
ágora antigua.
Entramos con el ticket que hemos comprado a la mañana y primero vamos a la
Stoa de Atalo. Es un edifico restaurado de bellas proporciones y tiene una característica muy importante hoy a esta hora: puedes estar a la sombra. Nos aventuramos a salir fuera en busca del templo de Hefesto. Pasamos junto a unas grandes estatuas y alzamos la vista a la Acrópolis que refulge bajo el sol del mediodía. Helios no está teniendo ninguna compasión y parece que ha llamado al propio Hefesto para que le proporcione más fuerza si cabe. Nosotros, humildes, peregrinamos hasta la morada que comparte con Atenea para rogarle que baje un poco el pistón. El
Hefestión es precioso, armónico, bellísimo, una joya de hace siglos que ha tenido el privilegio de mantenerse en pie. La vista de la Acrópolis desde aquí es muy bonita, aunque queda un poco lejos.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Para esta hora el calor es sofocante y buscamos un lugar, más que para comer, para protegernos de los rayos del sol. Encontramos en la calle Adranou el Alos Hall. Nos da igual lo que nos den de comer o beber pero dentro hay aire acondicionado y se está bien. Pedimos cervezas y pizzas y comemos y descansamos.
La vista a la Acrópolis hemos decidió hacerla a la tarde, a partir de las 18:00. Algunos vuelven al hotel para darse un baño y el resto se divide: las chicas van de compras y los chicos nos dirigimos a entregar los coches de alquiler. Hay que decir que el trayecto en tranvía hasta donde tenemos el hotel supone alrededor de una hora. En el autobús A2 es menos tiempo según me dijeron en un foro. Nosotros el bus no lo utilizamos. Glyfada es además la zona de playas ateniense. El hotel tiene piscina y yendo con niños es importante pero para adultos que tienen que aprovechar el tiempo a tope en un lugar como Atenas, el emplazamiento del hotel no es quizás, el ideal. Como todo, la cuestión se reduce a establecer prioridades.
Cuando nos dirigimos a buscar los coches pasamos por la catedral de Atenas. La fachada está en obras. Aquí se casaron los exreyes de España. Después de entregar los coches ya estamos todos juntos otra vez y accedemos a la Acrópolis por la entrada que está al lado de la parada de metro de su mismo nombre. Vemos el teatro de Dyonisos, la stoa de Eumenes, el Odeón de Herodes Ático, aunque aquí parte del recinto está cerrado y subimos para encarar los Propileos. Yo para este momento estoy sudando a mares. Alzo la vista y sólo veo riadas de gente entrando y saliendo bajo un sol de justicia y eso que son las 18:45 ya. Por fin pasamos los propileos y llegamos a la explanada de la Acrópolis. Vaya por delante que yo igual tenía mal día, que estaba muy cansado con los tobillos como auténticas botas y que al ver tal cantidad de gente, un pedazo de grúa en el Partenón, y un cuadro eléctrico en el Erecteion se me pinchó un poquito la ilusión que tenía por ver un lugar tan largamente anhelado y mitificado. Esto es una impresión únicamente mía. El resto de los viajeros que hemos compartido este viaje no tuvo esa impresión así que seguramente yo tenía mal día.
Sea como sea el conjunto es maravilloso por más que a mí me pareciera un poco menos maravilloso de lo que esperaba. Somos sensaciones, momentos y para mí aquel no fue el mejor seguramente. La Acrópolis se puede ver en una hora y media, pero mejor tomarse al menos un par para hacerlo con tranquilidad. Aunque los monumentos del ticket conjunto se abren de 8:00 a 20:00 conviene tener en cuenta que a las 19:30 empiezan ya a desalojarte, de modo que es mejor contar con que la visita se termina para esa hora. Todo el mundo nos vamos agolpando en los Propileos y nos cruzamos con un pelotón de soldados que suben para custodiar el lugar, suponemos. Mucha parafernalia y mucha orden de mando por parte del jefe del pelotón. Curioso de ver.
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
*** Imagen borrada de Tinypic ***
Salimos de la Acrópolis y nos encaramamos al
Areópago, que está lleno de gente por cierto. Hay que tener cuidado porque las piedras de tan gastadas que están, resbalan. Ya vimos más de un culetón que, afortunadamente sólo se quedó en eso. Bajamos de la roca y poco a poco nos dirigimos hacia la entrada del metro de Acrópolis bajando Dionisios Aeropagitous. El calor ha aflojado un poquito y parece que por fin nos quiere dar un respiro. Contemplamos la Acrópolis bañada por el último sol de la tarde y nos dirigimos a Glyfada.
Necesitamos comer, beber, descansar y tomarnos un respiro el día de mañana. Hoy también cenamos en el mismo lugar de ayer y cenamos a gusto también. No es chez Kostas pero… no está mal.