Otra vez amanecimos antes de las 7, pero aguantamos en el hotel hasta las 8:45, entre preparar la maleta y bajarla al coche, desayunar, ducharnos y planear un poco el día.
Pues a esa hora salimos y nos dirigimos al Pier 39, que abría (en general) a las 9 sus tiendas. Allí nos pegamos un buen rato, la verdad es que está muy bien montado y tras una visita a los leones marinos y un par de compras de recuerdos volvimos al hotel a hacer el check out y coger el coche.
La primera parada, Alamo Square y su típica imagen de las casas victorianas. Otro punto de San Francisco que, aunque me gustó, pensaba que me iba a impresionar más.
La siguiente parada, Twin Peaks, y aquí justo lo contrario, no pensaba que tendría semejante panorámica de la ciudad. Este es, además, el segundo punto donde ya había demasiado turista, y donde ya nos dimos cuenta de que los asiáticos iban a ser un quebradero de cabeza…
De allí ya tocaba ir a Sausalito, donde teníamos previsto comer. Por el camino, queríamos parar por los miradores del Golden Gate… y de nuevo jugarreta del GPS, que nos hizo saltarnos el Fort Point y repentinamente nos vimos cruzando el puente. Pensamos que ya no merecía la pena volver solo por el mirador y pagar peaje, y que con los que nos quedaban al otro lado, era suficiente. Primero paramos en el saturado Vista Point, donde hicimos las fotos de rigor al son del country de un hombre que había allí y seguidamente (sustituyendo el Garmin por el Sygic de mi móvil) bajamos a Horseshoe Bay, un punto con muchísima menos gente (solo había una pareja y un grupillo de pescadores cuando bajamos) y con mejores vistas aun del puente.

Seguidamente, rumbo a Sausalito. Allí en las zonas más concurridas hay parquímetros, pero dejamos el coche en una calle interior (no recuerdo cual) a unos 10 minutos andando de la famosa hamburguesería del 737 Bridgeway donde, evidentemente, nos dirigimos a comer. Pedimos una normal y una cheeseburger que no estaban nada mal (tampoco alcanzaban la excelencia que habíamos leído en algunos sitios) y nos cruzamos enfrente, al parquecillo de Viña del Mar a comérnosla a la sombra, puesto que dentro, aunque habían quedado libres las 3 mesas que hay, hacía demasiado calor.
Tras un paseo por el pueblo y un rato observando la bahía desde el muelle, pusimos rumbo a nuestro siguiente hotel en Bass Lake, donde haríamos noche para entrar en Yosemite a la mañana siguiente. 4 horas nos esperaban.
En algún punto antes de llegar al puente de la 580 hacia Richmond el GPS nos volvió a liar, y después de tomar una mala salida, jurar en todos los idiomas y hacer una (otra) pirulilla conseguimos tomar el buen camino. Dije que no me volvería a pasar y, efectivamente, no me pasó. A pesar de la saturación de tráfico en la infinidad de carriles que había la única vez que tuve que cambiarme rápido de carril, me di cuenta que poniendo intermitente y metiendo morro, allí la gente permite el paso sin mayor dificultad (no como aquí) y no tuvimos ya más extravíos. Creo que no fue hasta llegar a la altura de Livermore cuando dejó de haber atasco continuo en la carretera y se volvió el tráfico algo más fluido, y ya a partir de Modesto o de Merced (no recuerdo) por fin pudimos ir tranquilamente a nuestro ritmo sin coches cerca ni por delante ni por detrás.
Tras una parada para repostar gasolina y comida en Oakhurst, llegamos a nuestro hotel, The Pines Resort at Bass Lake, un conjunto de casitas de madera divididas en dos y con dos pisos cada una. Aquí íbamos a pasar dos noches, un lugar que estaba bastante bien junto a un lago sin mucho encanto (supongo que demasiado explotado en esa zona).