Una vez cogimos el bus para ir a Meteora, debatimos un poco cómo llegar, pues teníamos dos opciones: una era hacer transbordo y coger otros 3 buses, corriendo el riesgo que perdiésemos alguno y nos quedásemos en algún pueblo dejado de la mano de Dios obligados a pasar la noche, o bajar en un pueblo que estaba a una hora, coger un taxi que nos acercase a la estación de tren, y allí cogerlo y que nos llevase a Kalambaka (el pueblo que está bajo las famosas rocas de Meteora).
Al final nos decidimos por coger el tren, asi que cuando el bus llegó a Livadia, nos bajamos y cogimos un taxi para que nos llevase a la estación de tren, que está a nose cuánto del pueblo
El taxi nos costó unos 8€, y una vez llegamos compramos los billetes de tren. Se coge el tren y luego nos dijeron que el Paleofarsalos teníamos que bajarnos para coger otro tren que es el que llega hasta Kalambaka.
Esperamos al tren 1h mas menos en una estación de tren fantasma. Finalmente llegó media hora tarde, pero ya por fin nos montamos y seguimos rumbo a Meteora.
Tras un viaje de dos horas mas o menos llegamos a Paleofarsalos y allí nos bajamos. Nos tomamos un cafecito en el bar de la estación, donde nos dijeron que el tren a Kalambaka tardaría una horita en llegar.
A medida que se acercaba la hora iba viniendo más gente (bastantes turistas en plan mochilero como nosotros)....el tren que llegó parecía casi de juguete! Tenía sólo dos vagones, y íbamos como sardinas en lata!!
Y tras un par de horitas llegamos a Kalambaka! Después de todo el día viajando por fin llegamos! Nada más llegar nos pusimos a buscar hotel (nosotros siempre cogemos los hoteles sobre la marcha, ya que sale más barato y nuestro presupuesto suele ser bastante limitado
Encontramos uno que estaba muy bien, con habitaciones grandes y personal muy servicial, por cerca de 30€ la noche. Aqui ya los precios de los alojamientos eran más altos, y claro, también había muchos más turistas.
Dimos un paseíto por el pueblo. Era ya de noche pero aún asi podíamos ver las grandes rocas sobre las que estaban los monasterios iluminadas y hay que reconocer que son unas vistas impresionantes!.
Tras cenar una especie de pinchos morunos, nos volvimos al hotel muertos de cansancio y caimos como tronquitos, pensando que nos iba a deparar el día siguiente