-- Un nuevo día, dominado por el buen tiempo, para no romper la buena tónica que nos acompañó en la anterior etapa; algo muy difícil de disfrutar en Islandia (parece que la buena suerte se sobrepuso al mal inicio).
-- La etapa de hoy era conquistar una cima mayor que la anterior, c
on 943 metros de altura, Blahnukur, una montaña diferente, más arcillosa, más negra, con más apariencia volcánica... Tras desayunar y asearnos en el campamento, decidimos que no pasaríamos la segunda noche que teníamos prevista en las camaretas, por lo que absorbimos al máximo los placeres visuales que ofrece la geografía del lugar, iniciando esta tarea por los pies de Blahnukur.
-- Nuestra vista no veía más allá del primer tramo, del cual pensamos que inicialmente era el que coronar. A medida que avanzamos, ya divisamos lo que de verdad nos esperaba, una masa de ceniza volcánica y piedra compactada en todo su esplendor; acompañados (en el extremo izquierdo) en todo momento por las espectaculares, cómicas e irreales montañas, bañadas en riolita y salteadas con clapas de hielo perenne; que le proporcionan ese aspecto ficticio, llegando a parecer incluso una creación comestible.
-- Una vez coronada la cima, allí las vistas eran aún más impresionantes si cabe, pues abarcaba más allá del campamento,
tras 1 hora y 30 minutos de subida (con paradas obligatorias para gozar del espectáculo visual).
La bajada, comenzó con mucha pendiente, visualizando un inmenso campo de lava en el que más adelante nos adentraríamos.
-- El descenso (
con otra 1h30min hasta el campamento) se convirtió en una auténtica pista de pruebas de alta montaña; realizamos descensos laterales por las faldas de
Blahnukur, disfrutando como un niño pequeño con zapatos nuevos, y lo teníamos todo, descenso en tierra y descenso en hielo. Una gran lengua marcaba un atrevido recorrido ya explorado desde su nacimiento por los más osados, no siendo ese nuestro caso, ya que lo trabajamos casi al finalizar, pudiendo todavía disfrutar de la bajada restante.
-- Ya de vuelta al campamento, tuvimos que
sortear diversas ciénagas formadas por el curso del río fruto del deshielo controlado por la naturaleza, respetando siempre un volumen mínimo en las laderas de las montañas.
Unas buenas botas se hacen imprescindibles, ya que nosotros metimos la pata literalmente cubriendo toda la bota, y el pie permaneció seco en su interior; la cual cosa te daba confianza para continuar pisando "charcos" sin miedo.
-- Llegada al campamento, nos dispusimos a recuperar energías haciendo la comida, esta vez en nuestra vivienda con ruedas. El aparcamiento ya estaba poblado de autobuses y vehículos de excursiones contratadas, algo presumible al ser sábado, y comenzaron las primeras gotas de agua en los 2 días de nuestra estancia; si bien, el
famoso dicho islandés: "si no te gusta el tiempo, espera 10 minutos", hizo su estelar aparición, y así fue, tras cerca de media hora, la llovizna cesó abriendo paso a tímidos rayos de sol.
-- Tras comer, recogimos nuestros bártulos, y nos esperaba una atrevida aventura, tomar
camino a Vik,
por la carretera F208 dirección Eldja. Carretera de la que habíamos oído hablar, por sus ríos a cruzar.
--
Antes de abandonar ese idílico paraíso como fue para nosotros, la región de
Landmannalaugar, imprevisiblemente nos dirigimos a
visitar la caldera del volcán Ljotipollur, tomando la F
209 dirección al Norte (deshaciendo camino del día anterior), aunque en este caso a escasos 10 minutos de la salida del camping, y siguiendo las indicaciones verticales, vimos una pequeña parada en la que se iniciaba la breve ruta de cerca de 30 minutos, hasta la caldera.
-- El paisaje ya pasó de los tonos marrones y blancos (por el hielo), al negro volcánico y una fina cobertura de musgo de color verde. Al aproximarnos al objetivo, allí estaba, un enorme valle encerrado en una caldera natural, con su rojiza pared volcánica y su agua estanca, rompiendo el contraste de color y texturas del lugar. Simplemente, algo digno de ver, mereció la pena ese pequeño desvío por el que invertimos a penas 1 hora y ganamos mucho más que eso, un recuerdo en nuestra retina impactante.
-- Retornamos a nuestro objetivo, la
F208 dirección Sur. Vamos cruzándonos con viajeros a los que preguntamos si vienen del Sur, y qué caudal presentan los ríos. El ver que muchos llevan turismos similares al nuestro, incluso de menor envergadura y altura, nos tranquiliza.
-- Con el entreno a la salida de Landmannalaugar, refrescamos la lección y tras el primer examen, paramos para echar un vistazo y pasar con seguridad. Observamos como el agua surca las piedras del río, y cuando menos caudal hay, se aprecia en que son de menor tamaño las olas generadas por el agua al sortear las piedras del río, ahí no hay fallo. Se hace el trazo mental y se ejecuta, con decisión tras estar seguro de ello y con una velocidad crucero.
-- El paisaje en este tramo de la F208 ya es totalmente diferente al del viaje de ida; ahora predomina el verde y el negro, influenciado por la gran cantidad de ríos que riegan la zona.
E
n total llegamos a cruzar unos 7 u 8 ríos, de los que revistieron importancia 4 diría yo. En dos de ellos tuve que ponerme zapatos de baño y a experimentar meter los pies en agua bastante fría, para conocer el trazado que hacer y ver la profundidad del río. Resultando que en ningún caso superó mis rodillas. Altura apta para el turismo que llevábamos, pues la rueda ya era más alta que mis rodillas.
-- En mis avanzadillas, algún otro vehículo cruzaba el río sin titubear, desacreditando vilmente mis medidas de seguridad tomadas jeje. Hay que decir que salvo 1 turismo crossover, el resto superaban en altura a nuestro 4x4.
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Condujimos unas 3 horas hasta la llegada a la N1, siendo guiados en varios de los últimos ríos por un simpático autobús que cada río que cruzaba, esperaba a que nosotros lo hiciéramos sin tener ningún problema (nos ayudó a ver más claros algunos trazados, precisamente por los que no debíamos ir, ya que se hundía demasiado para nosotros).
-- Cuando al fin creíamos que estaba todo, nos topamos con un río del que nos habló un viajero al que preguntamos. Ese río parecía más de lo que era, con una distancia de aprox. casi 20 metros de anchura, y con la experiencia adoptada en todo el trayecto, nos lanzamos sin miedo cumpliendo nuestras premisas de seguridad. Yo he de reconocer que ya veía los trazados más claramente y me creí por un momento que llevaba un bigfoot jeje.
-- Llegados a
la N1, ya algo cansados de la irregularidad del terreno, y con bastante cansancio acumulado, tomamos
dirección a Vik, y durante unos
40 minutos de trayecto, al fin llegamos. Localizamos una estación de servicios que disponía de pequeño supermercado y restaurante en el que cenar; con tan mala suerte que la cocina ya estaba cerrada (¡¡¡eran cerca de las 21 horas nada más!!! ) Pero la mala suerte se fue rápido, y es que a su vez, este restaurante o local de comida rápida - de platos combinados-, tenía una puerta por la que accedías a un restaurante con
vistas a la playa de Reynisfjara y sus famosos 3 gigantes trolls. Qué más se podía pedir... pues nos pedimos 2 elaboradísimas hamburguesas y una buena cerveza islandesa, creo, llamada Viking Classic.
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Pagamos por las hamburguesas, con sus patatas fritas y un tarrito de salsa para mojarlas, 1950 ISK, unos 12 euros por plato, y por las cervezas, de 0,5lts, fueron unos 800 ISK (5 euros aprox cada cerveza).
-- Para acabar el día, visualizamos ya nuestro rincón donde anclar nuestro hogar, y era uno de los cientos de campings repartidos por la geografía islandesa, con su servicio de baños y duchas disponible para el viajero. No pagamos nada por utilizarlos. La ducha no la usamos, pero imagino que habría como en Landmannalaugar, un cajetín para introducir monedas (
en Landmannalaugar costaba 500 ISK, 5 minutos de ducha... al cambio unos 3,5 euros. Pusimos la alarma a las 8h y a dormir. Cabe destacar que una vez en Vik, percibimos la influencia costera, y el viento persistente, agradeciendo al mismo que ahuyentara a los pesados de millones de mosquitillos que asolan Islandia.