6 de julio
Pues sin más pena ni gloria se acaba nuestra estancia en Panguitch. Hoy dejamos el motel y nos vamos hacia Kanab, unos 100 kms al sur en la misma carretera, aunque nosotros daremos un buen rodeo. Una vez preparados y tras el checkout, decidimos desayunar en el mismo pueblo, aunque no repetiremos local, a pesar de que nos gustó bastante. Hoy comeremos unas buenas tostadas con mantequilla, mermelada... en el Flying M, un local típico americano, con sofás tapizados de cuero negro, camarera eternamente pegada a la cafetera rellenando tazas y mascando chicle, y comida deliciosamente grasienta. Con los niveles de colesterol a tope, cogemos la carretera, pero en lugar de ir al sur como marcaría la lógica, nos vamos al norte, a coger la 20 para llegar a la interestatal 15 y seguirla hasta la zona de Kanarraville. La intención es ir a ver las Kanarra Creek Falls, aunque no tenemos ni idea de como llegar. Intentamos dar con una oficina de turismo o similar para informarnos, pero al ser domingo, encontramos el local cerrado. Además, no se ve un alma por la calle, y tras un par de vueltas, paro junto al único ser vivo que vemos en todo el pueblo, un abuelete en su silla sentado en la esquina de su casa, viendo pasar el tiempo. Amablemente me indica como llegar al aparcamiento de las cascadas. Una vez allí, nos encontramos con el obstáculo de tener que pagar el aparcamiento por adelantado mediante un sobre con dinero, y por otra parte, descubrimos, al preguntar a un chaval medio colocado, que las cascadas están bastante lejos del aparcamiento y en contínua subida. Lo descartamos, aunque me parece que el tío nos tomó el pelo, por las informaciones que he visto a posteriori... En fin, qué le vamos a hacer. Volvemos a la autopista, para unos pocos kms más al sur, entrar en el desvío que lleva a la zona más desconocida de Zion NP, la llamada Kolob Canyons. Tras la parada en el visitor center, emprendemos el ascenso por la única carretera del parque, de unos 15 kms en total. Hay unos cuantos miradores, pero la verdad es que poca cosa que ver. Tampoco es que haya muchos senderos para recorrer, en total 3 en toda la zona, y uno de ellos es larguísimo y conecta con la zona conocida de Zion. Llegamos al último de los miradores, echamos unas fotos y nos largamos bastante decepcionados por como nos está yendo el día.
Nuestro próximo destino es la parte principal de Zion, y hacia allá vamos, pero primero queremos ponernos los bañadores para remojarnos un poco en el parque, y nos paramos a tomar un café en el River Rock Roasting Company, en La Verkin. Café de verdad!!! Con los bañadores puestos, seguimos la ruta, y tenemos que dar media vuelta a los pocos cientos de metros, pues nos damos cuenta de que nos hemos pasado el desvío de la carretera 9, que lleva al parque, a pocos kms al este de donde estamos. Aprovechamos también para poner gasolina y parar a comprar unos bocadillos para hacer picnic en el parque en un supermercado cercano. A medida que vamos acercándonos al parque, vemos muchas señales advirtiendo que los aparcamientos en el parque están llenos y que dejemos el coche en el pueblo (Springdale) y tomemos el shuttle gratuito del parque. Nos arriesgamos y conseguimos encontrar un espacio cerca del visitor center.
Tras tanto tiempo perdido en las anteriores paradas, tenemos poco tiempo para disfrutar del parque, así que nos montamos en el shuttle y vamos directos hasta la última parada, el Templo de Sinawawa, para hacer el Riverside Walk hasta el inicio de los famosos Narrows del Virgin River. El paseo es de poco menos de un par de kms, bordeando el río, pudiendo bajar a remojarte en varios puntos. Es impresionante andar bajo las enormes paredes que forman el cañón, y la exhuberancia de la vegetación contrasta magníficamente con el tono rojizo de las propias paredes. A lo largo del paseo, nos encontramos con gran número de ardillas mendigando algo de comida a la gente que hace este sendero (que no es poca). Al llegar al final, ya vemos a mucha gente emprendiendo la ruta río arriba, con el agua hasta las rodillas como mucho. Nosotros nos quedamos aquí, pero para aumentar el nivel de decepción, vemos como el poco caudal del arroyo que nos permitiría refrescarnos, está completamente embarrado, y aunque hay algunos críos chapoteando, nos echamos atrás. Nos sentamos cerca del agua, y comemos los bocadillos mientras vemos a la gente pasar el domingo. Al poco rato, empezamos a escuchar truenos y ver como se encapota el cielo a una gran velocidad. En los cañones siempre existe el riesgo de riadas, así que nos ponemos en marcha para volver a la parada del shuttle antes de que empiece el espectáculo. Llegamos justo cuando las primeras gotas empiezan a caer. La gente se agolpa bajo los tejados de los lavabos que hay en la parada, y los shuttles se llenan en seguida de gente precavida, aunque muchos otros se quedan por la zona, incluso los que estaban haciendo el Narrows.
A medida que el shuttle emprende el regreso siguiendo la carretera de asfalto rojo (para integrarse mejor con el entorno) y va parando, el shuttle se vacía progresivamente, y al llegar al visitor center, casi no queda nadie más aparte de nosotros. No llueve torrencialmente, pero decidimos dar por acabada la visita a Zion, y volvemos al coche cuando aún caen 4 gotas. Enfilamos la carretera 9 al este, pasamos por el túnel, impresionante, con "ventanas" para disminuir la sensación claustrofóbica. Al final del túnel está el inicio del Canyon Overlook Trail, que permite unas vistas fantásticas del fondo del valle desde las alturas, pero pasamos. Estamos cerca de Kanab, donde pasaremos la noche, pero la carretera hasta allí es una maravilla y nos paramos en varios puntos, a disfrutar de las vistas, las rocas, los arroyos...Realmente creo que vale la pena perderse un rato de estar en el parque para poder entretenerse en la carretera que lleva a la entrada este, cerca del pueblo de Mount Carmel.
Llegamos a Kanab cuando empieza a oscurecer y nos registramos en el motel, situado frente al cementerio, nos aseamos y nos preparamos para salir a cenar. El local escogido es el Calvin T's, un local muy grande, con varias curiosidades en forma de muebles gigantes y demás. También hay música en vivo, aunque el pobre hombre y su guitarra tocan exclusivamente para nosotros 3 y otra mujer que debe ser su esposa, por la devoción con que mira y aplaude. Nos comemos una buena parrillada de carne con su acompañamiento hasta rebentar y volvemos al motel a descansar. Mañana tenemos hora en el Antelope Canyon, en Page.