Nos levantamos a las 5:50, y bajamos a desayunar. En el comedor contaban con nosotros a las 6:30 pero no hubo problema por entrar media hora antes. Comí: ensalada, fiambre, bollito de pan con sésamo, revuelto, salchichas, zumo, etc.
Salimos en autobús y paramos a las 3 horas para descansar en una de las típicas gasolineras-tienda de souvenirs. Yo dormí todo este rato. A continuación pasamos varios pueblos con esculturas curiosas (uno, por ejemplo, que era conocido por el cultivo de tomates, tenía una estatua de unos tomates gigantes, además de un restaurante para bodas con forma de tarta).
Las vistas del mar eran espectaculares. Por fin legamos sobre las 10 al puerto de Yat y Mustafá pagó al jefe del barco privado. Subimos los 25 y arrancamos. El barco tenía 2 plantas, 1 baño, 1 changing room y 4 cristaleras para ver el fondo del mar.
Bailamos música turca en la cubierta, tomamos el sol en la proa, charlamos, etc. Al rato hicimos la primera parada para bañarnos, pues el agua estaba muy clara y muy agradable de temperatura. Pelayo y yo trajimos los snorkels que habíamos comprado en el Decathlon así que estuvimos mirando los peces, sin embargo, no había muchos y los pocos que había eran muy pequeños.
Luego el barco nos llevó a ver la isla de Kekova (que significa llano de tomillo), donde había una antigua ciudad romana semihundida llamada Apollonia, fundada en el siglo V a.C. Se veían restos de casas al borde del mar, una iglesia, baños, cuna cisterna de agua, etc. Es un destino muy popular, lleno de yates, pues es precioso, tranquilo, de aguas turquesa, etc.
La ciudad hundida de Kekova, sitio muy conocido entre los buceadores, fue en su momento centro de comercio pero se sumergió debido a los terremotos que ocurrieron en el siglo II d.C.. Era la entrada a puntos históricos como la Iglesia de San Nicolás, la antigua ciudad de Myra (que contaba con un teatro), Simena, etc. Kekova fue objeto de disputas entre Italia y Turquía, aunque tras un acuerdo firmado en 1932 quedó en manos turcas.
En Simena hay un Castillo en su parte más alta, construido por los Caballeros de Rodas sobre antiguas construcciones. Además hay cementerios licios, cisternas de agua, necrópolis, etc. Antiguamente Simena fue un pequeño pueblo de pescadores pero posteriormente se convirtió en un puesto de avance de los Caballeros de Rodas.
Otras antiguas ciudades de la zona eran Ucagiz (de donde salió nuestro barco) y Teimussa, que significa astillero, pues su bahía era un astillero y cuenta principalmente con runas bizantinas. Luego nos acercamos a Simena, un pueblecito precioso que no tienen carreteras. Está plagado de hotelitos y restaurantes, y sólo se puede acceder por barco. Es un sitio para veraneantes con cierto poderío económico.
Hicimos la segunda parada para bañarnos. Justo antes de parar el barco vi algo de gran tamaño asomándose fuera del agua pero no alcancé a saber qué era. Resulta que se trataba de una tortuga, pues suelen nadar por esa bahía, de hecho se vieron otras más tarde. Aquí sí que había peces bonitos así que buceé mucho rato. Pelayo buceó primero pero luego se dedicó a tirarse desde la segunda planta del barco sin parar. Me convenció para tirarme desde la cubierta, cosa que me costó un riñón, pues había bastante altura, cosa que me da pavor (normalmente no me tiro ni desde el bordilo de la piscina). Al final no sé cómo pero le eché valor y me tiré. Y luego una segunda vez, también con Pelayo, para que me grabaran en vídeo y dejaran constancia de la proeza.
Zarpamos inmediatamente y sobre las 14h llegamos nuevamente a puerto. Comimos en un restaurante-buffet cercano: ensalada, guiso de carne con patatas y verduras al estilo kebab que estaba excelente, arroz, habas, pasta con paprika, etc. Y de segundo dorada a la parrilla.
Al acabar volvimos al bus y esta vez el viaje duró 1 hora hasta Myra, antigua ciudad Licia, situada a 1’5km de Demre. Los restos de su muralla indican que su origen data de al menos el siglo V a.C. Estuvo bajo la influencia griega, luego fue independiente durante su período como capital de la Alianza Licia y finalmente pasó a manos del Imperio romano. Era un punto importante de reabastecimiento en el que paraban las naves romanas que iban con destino a Alejandría.
Myra tuvo como obispo en el siglo IV a Nicolás de Myra, también conocido como San Nicolás de Bari, quien mandó destruir algunos edificios paganos (ej.: el Templo de Artemisa). En el siglo IX fue invadida por el califato de Bagdad, entrando en decadencia hasta que fue abandonada en el siglo XI.
Vimos la llamada “Necrópolis del río” de Myra y el teatro, el más grande y bello de la región de Licia. En las tumbas no se podía entrar pero sí al teatro. Las tumbas eran bonitas y recordaban un poco a Petra; datan del siglo IV a.C. y están decoradas con relieves y policromía. Es un lugar que me encantó.
Cogimos nuevamente el bus para parar en la Iglesia de San Nicolás, de estilo bizantino, en donde reposaron antiguamente los restos de este santo. En la actualidad parece que están, al menos una parte, en Bari y otra en Rusia. Las paredes estaban llenas de bonitos frescos y el suelo de mosaicos. Rusia está pagando la restauración de la bella Iglesia y de hecho es para ellos un importante centro de peregrinación. A este santo se le atribuyen numerosos milagros y varias leyendas que provocaron la aparición del mito de Santa Claus.
Volvimos a Antalya sobre las 19:15, nos duchamos y bajamos a cenar: ensalada, guiso de verduras, cous-cous, espaguetis, kebab hecho por un chico que estaba en la terraza del comedor, ensalada de salchicha-lechuga y yogur, etc. De postre manzana macerada en vino, azúcar y canela, que posteriormente rebozan y fríen (similar a las torrijas) que es de lo mejor que probé durante el viaje.
Iglesia de San Nicolás.
Tras la cena nos quedamos con Alicia, Enrique, José y Pilar para jugar al pim-pom. Nos viciamos un buen rato al rey de pista. Pelayo era el que más partidos había ganado hasta que llegó un chaval ruso que jugaba tremendamente bien y nos dio una tunda a todos. Luego nos fuimos yendo poco a poco a dormir y el ruso se quedó solo y triste.
El viaje de hoy consistió en 144km de ida (de Antalya a Demre) y otros tanto de vuelta. Además el viaje en barco a la isla Kekova y alrededores, que no sé cuánto sería. Total de km: 288 (más el barco).