Nos levantamos a las 5:50, y bajamos a desayunar. Yo tomé: pepino con feta y tomate, un bollo con un trozo de queso encima, una salchicha blanca, revuelto y zumo. Pagué en recepción 40 liras de bebidas (3 cervezas y una botella grande de agua, por lo cual opino que son unos ladrones).
Salimos en bus a las 7am y tomamos rumbo a Capadocia. Hicimos una parada en el camino para visitar el Museo-Mausoleo de Mevlana en Konya. Konya fue fundada por los romanos en el siglo II a.C. (antigua Icona) y, con casi un millón de habitantes, es la segunda ciudad más importante de Anatolia Central, tras Ankara. Tiene fama de ser una de las ciudades más conservadoras de Turquía.
En esta ciudad murió y fue sepultado Yalal ad-Din Muhammad Rumi en 1273, poeta místico y fundador de los derviches de la orden sufí Mevleví. El sarcófago se encuentra debajo de una bonita cúpula turquesa, flanqueado por otros personajes importantes, entre ellos su propio hijo. También hay fuera un museo, una mezquita y la semahane (lugar donde se celebraban las ceremonias). Se exhiben algunas prendas, instrumentos y manuscritos del filósofo, sombreros, libros, kits de caligrafía, etc. Además en una de las salas se mostraban el Corán más grande y el más pequeño del mundo. A mí me gustó pero a Pelayo le cansó esta visita bastante.
En las antiguas celdas de los monjes hay actualmente maniquíes disfrazados que representan momentos de la vida de los derviches. La mezquita es la del Sultán Selim II, construida en el siglo XVI por Sinán.
La filosofía del Maestro Rumi consiste en que los danzantes están en continuo movimiento, al igual que el Universo, girando sobre sí mismos como los planetas. Hay un maestro director (el Sek) con capa roja, lo que simboliza su autoridad. En el espacio de la ceremonia hay una línea que representa el camino más corto hacia la verdad, la cual no se pisa. El baile se realiza en una zona circular. En el centro del círculo se coloca un globo de cristal que representa el sol y unos candiles a modo de planetas. Los tocados de la cabeza (kulah) representan la piedra de la tumba, el jersey de lana la tumba y la capa blanca la mortaja.
La mano izquierda queda hacia abajo, significando que lo que se toma del cosmos se devuelve, nunca retienen nada para sí. La música que les acompaña es a base de flauta y tambores.
Al finalizar la visita compramos un libro de Hoja, un personaje típico turco similar a Jaimito, del que cuentan historias graciosas tipo chistes, pero en este caso se trata de un anciano. Es tipo cómic y está muy gracioso.
Comimos en un Karabanasaray cercano al Mausoleo, llamado Horozlu Han, que databa del siglo XIII. En la entrada había un cartel que explicaba que en estos lugares los tres primeros días los viajeros no tenían que pagar nada. Los karabansaray estaban dispuestos a distancias de 30-40 km, lo que significaba que una caravana tardaba en cubrir esa distancia alrededor de 9 horas.
El menú fue sopa de lentejas de primero, pizza turca con ternera de segundo y guiso de cordero con verdura, champiñones y pasta para acabar, todo servido en una especie de wok. De postre sémola dulce y natillas de chocolates a medias con Pelayo.
Iñaki se ha mosqueado porque le ha desaparecido una toalla roja que llevaba siempre en el bus y la dejó allí mientras comíamos pero ya no estaba a la vuelta. Sospecha del conductor, así que ha pasado del amor al odio hacia él (pues siempre tiene el bus impoluto, pero esta vez se ve que le limpió hasta la toalla).
Tras la comida tiramos hasta Nevsehir, lo que nos llevó alrededor de 4 horas. Hicimos una parada delante del monte Hassam, de más de 3000 metros para visitar una ciudad subterránea (Saratli Belediyesi). Fue una visita muy bonita. Las cuevas parece que fueron excavadas en tiempos de los hititas y ampliadas a lo largo de los siglos. Por la zona hay al menos 36, de las cuales la más profunda es la de Derinkuyu.
En estas cuevas se escondían los cristianos cuando llegaban los árabes y demás pueblos a saquear o conquistar. Metían al ganado cerca de la puerta para que, si los enemigos entraban, pensasen que eran cuadras. Ellos se metían al fondo de los túneles y tapaban con una piedra gigante redonda que giraban. Allí permanecían una o dos semanas, hasta que el peligro desaparecía.
Contaban con varias estancias: para almacenar agua, vino, habitaciones, pozo, etc. En esta zona existen una treintena de ciudades subterráneas de este tipo. Tengo que decir que algunos de los pasillos eran muy bajos y estrechos, incluso claustrofóbicos en algún momento…
Las galerías que venían del exterior acababan en unas puertas circulares de piedra, de algo más de un metro de diámetro y de casi media tonelada. Para abrir y cerrar corren por un surco pero sólo desde dentro. Además este surco hace imposible arrancar la puerta desde fuera. Me encantó esta visita.
A continuación llegamos al hotel Altinöz, de 4 estrellas. Hicimos el check-in, dejamos las maletas en el cuarto y bajamos a cenar: hígado, tomate-pepino-feta, espaguetis, ensalada de salchichas, lechuga y salsa de yogur, cous-cous, pan de pita, etc. De postre sandía y blaklava.
Tras la cena salimos a dar un paseo Luisa, Pelayo, Iñaki, una pareja de Valencia-Albacete y yo. Dimos una vuelta pero no había demasiado para ver, eran todo calles sin más. Iñaki volvió pronto porque tenía frío pero el resto aún estuvimos un rato más.
Volvimos para el hotel y estaban allí los de la agencia del globo que vamos a coger mañana para cobrar el viaje (145eur/persona). Iñaki como ya había subido en globo otras veces no quiso apuntarse. Pelayo tampoco quería porque era mucho dinero así que como no quería ir yo sola lo invité.
Total de Km recorridos en el día de hoy: 531.