Nos levantamos y bajamos a desayunar sobre las 9:30. Yo tomé mini croissants con sésamo, mini pastelitos rellenos de feta y aceitunas, tomate, pepino, feta, salchichas, huevo cocido, galletas, zumo, etc.
A las 10:30 salimos del hotel con rumbo a la oficina de información que había unas calles más abajo. Nos atendió un señor muy antipático que nos dio un mapa y poco más. Iñaki y Pelayo aprovecharon que enfrente había una oficina de cambio para coger liras.
Compramos un jeton cada uno (3liras cada ficha) y entramos en el tranvía. No bajamos hasta la última parada, Kabatas (5 paradas). Teníamos la intención de visitar el barrio de Ortaköy, pues nos lo había recomendado Mustafá vivamente. Preguntamos a alguien que pasaba a cuánto estaba este barrio de la parada de tranvía a pie y nos dijeron que a 15 minutos así que decidimos ir caminando. Al final estaba a bastante más y nos pegamos una caminata de aúpa…Menos mal que por el camino vimos el Palacio Dolmabahçe y varios edificios de la Universidad.
El Palacio Dolmabahçe está en la costa europea del Bósforo y fue el principal centro administrativo del Imperio otomano de 1853 a 1922. Se puede visitar el interior, pero desconozco el precio de las entradas.
El barrio de Ortaköy es precioso, genuino, lleno de vida y además apenas hay extranjeros, fue una gran recomendación. Dimos un bonito paseo, intentando visitar el cementerio judío, que estaba en lo alto de una colina que tuvimos que subir a pie pero el guardia de la puerta no nos dejó entrar… Volvimos a bajar al barrio y buscamos un sitio para comer.
Nos sentamos en un restaurante que hacía esquina en una calle peatonal muy animada puesto que Iñaki tenía antojo de brochetas y allí las había visto. Se llamaba Sisco y la verdad que fue todo un acierto. Estaba regentado por un señor y sus hijos, que eran los camareros.
A nosotros nos atendió uno que se llamaba Ilhan que era simpatiquísimo, y además hablaba inglés muy bien. Iñaki tomó dos brochetas de pollo y nosotros una de pollo, una de ternera y una de Adana kebab.
Todo venía acompañado de pan de pita, tomate a la brasa, pimientos, trigo y tzatziki. Además nos pusieron un aperitivo que consistía en una especie de puré de tomate, pimiento, paprika, etc. Todo estaba excelente. Bebimos además 3 jarras de cerveza (6 liras cada jarra) y de postre nos recomendó Köfeme, que estaba perfecto (es una especie de pasta en forma de pelos, rellena de queso, con nata y pistacho por encima, una auténtica delicia). Fue una agradable sorpresa la calidad de este sitio que pasaba totalmente desapercibido.
Además tomaron 2 tés turcos y yo uno de manzana, que estaba buenísimo. En total pagamos 115 liras. Nos intercambiamos los mails con Ilhan, nos regalaron unos imanes con el nombre del restaurante y marchamos en dirección al puerto de Ortaköy. Allí queríamos coger un barco que nos dejase en el lado asiático pero un chico que trabajaba en la naviera nos dijo que esa línea ya no existía, que lo mejor era coger un taxi hasta Besiktas y allí el barco. Así lo hicimos (taxi: 5’25 liras y ferry 3 liras/persona).
En 5 minutos llegamos en barco a Üskudar, ya en la parte asiática. Una vez allí paseamos al borde del mar, lleno de gente, pescadores, deportistas, etc. Nos sentamos en una de las famosas terrazas que hay justo enfrente de la Torre de Leandro, desde donde dicen que el atardecer es más hermoso, pues hay vistas del Bósforo y del Cuerno de oro.
El cuerno de oro es un puerto natural que divide el lado europeo en dos: la ciudad vieja y la parte de Gálata. Se extiende cerca de 8 km desde el valle hasta la entrada sobre el Bósforo. Es muy seguro porque no hay mareas ni corrientes. Durante la época bizantina se impedía la entrada de las flotas enemigas en el cuerno de oro mediante cadenas gruesas que se tendían entre las dos orillas. El tráfico es muy fluido.
No se sabe muy bien el origen de la denominación de oro. El cuerno de oro es atravesado actualmente por varios puentes: el Haliç (en turco quiere decir puente del cuerno de oro), el de Gálata (el moderno de metal que hay ahora sustituyó al antiguo), el puente de Atatürk, etc.
Iñaki se sentó en una mesa, pues no le gustaban los pufs, y pidió un té de manzana, Pela un té turco y yo Ayran. Además Pelayo y yo pedimos una narguilé. Pagamos 22 liras por todo, una ganga. Al camarero que nos atendió, que tenía un dolor horrible de muelas, le dimos un paracetamol para que le pasase.
Desde donde estábamos se veía la Torre de Leandro o torre de la doncella, construida encima de una zona rocosa en medio del mar, a 200m de la orilla. A lo largo de la historia la torre se usó como faro, semáforo, puesto de aduanas, casa de retiro para los oficiales de marina, etc. Ambos nombres provienen de una leyenda: Hero, una de las sacerdotisas de la diosa Afrodita, permanecía en la Torre para cuidarla. Leandro se enamoró de ella pero sus familias se oponían a la relación así que cada noche Leandro atravesaba a nado el Bósforo guiado por la antorcha que encendía Hero. Una noche de tormenta el fuego de apagó y Leandro murió. Cuando Hero se enteró de la noticia se tiró también al mar para ahogarse. Qué historia tan triste...
Al poco nos levantamos y volvimos hacia el ferry, pues Iñaki quería ir para el hotel, por lo que no vimos el atardecer…Cogimos un ferry que atravesó el estrecho del Bósforo (que une el Mar de Mármara con el Mar Negro) y nos dejó en el puerto de Eminönü directamente.
De ahí fuimos al Mercado de las especias, que es más pequeño de lo que imaginaba. Llegamos sobre las 18:15 y cerraba a las 19 así que nos dimos una pequeña vuelta para ver los tés, las especias, el queso que hacen dentro de la piel de un cordero, frutos secos (entre ellos los pistachos rosas), recuerdos, joyas, etc. Al rato Iñaki marchó para el hotel y nos quedamos Pelayo y yo solos.
Acabamos de ver los puestos y nos fuimos a visitar la Mezquita de Solimán. El cementerio estaba cerrado ya por lo que no pudimos ver su Tumba ni la de su mujer Roxelana. Al intentar entrar a la mezquita nos cerraron la puerta, pues empezaba la hora del rezo.
Se trata de una mezquita otomana, situada en la tercera colina de Estambul. Es la más grande de la ciudad, construida por Sinán según las órdenes del Sultán Solimán el Magnífico. Se comenzó en 1550 y se acabaron las obras sólo 7 años después. Sinán concibió esta mezquita en contraposición a la bizantina Santa Sofía. Sufrió daños por un incendio y un terremoto pero fue restaurada varias veces. Aquí está también enterrado el gran arquitecto Sinán.
Estando en el patio haciendo fotos desde un bonito mirador que hay, nos encontramos con Enrique y Alicia así que nos fuimos con ellos a tomar algo justo enfrente de la mezquita. Pedimos dos tés turcos, uno de manzana y un té frío (6 liras). Tras un rato charlando empezó a hacer frío así que cada pareja marchó a su hotel.
Al llegar fuimos a ver a Iñaki, que estaba con cagalera y peor del catarro así que no quiso venir a cenar, sólo que le llevásemos algo de comer y agua.
Pelayo y yo buscamos algún sitio cerca del hotel, uno que ya habíamos visto al pasar otras veces en donde había muchos turcos siempre comiendo. Pedimos agua, un Adana kebab y un kebab de cordero. Para Iñaki una pizza de carne pero sin tomate (total: 45 liras).
Sin embargo cuando trajeron la pizza a la mesa resulta que llevaba tomate así que se la devolvimos y nos hicieron una de queso. El camarero era un estúpido pero el cocinero era más atento. Nos marchamos evidentemente sin dejar propina.
Le llevamos la cena a Iñaki a la habitación y nos fuimos para nuestro cuarto, en donde comimos baklava que había quedado del día anterior, qué rico.