El último día en Kyoto nos regaló un día de postal y el primer templo que vimos fue el Sanjusangendo, que estaba al lado del hotel.
Es un templo dedicado a la diosa Kannon y famoso por tener 1000 estatuas en su interior.
La foto es de una postal, no se porqué no hicimos fotos..creo que no salían sin el flash. En la parte exterior hay un jardín bastante bonito también.

Después fuimos al que para mi es la joya de la corona: el templo kiyomizudera.
Lo planifiqué al final a propósito porque había leído maravillas de este templo y quería irme con buen sabor de boca de Kyoto, y así fue, no me decepcionó para nada.


El recinto en si es gigante, y conforme vas subiendo tienes una panorámica preciosa de Kyoto.



Además, está todo rodeado de naturaleza y cuando llegas arriba del todo las vistas son alucinantes. También están las famosas piedras entre las que tienes que andar con los ojos cerrados para encontrar el amor.





Si fuera a Kyoto y solo pudiera ver un templo, sin duda sería este.
Después de comer pusimos camino a una zona residencial de Kyoto, en la que se supone que no había nada más que el Onsen que habíamos elegido, y el barrio resultó ser una sorpresa.
El típico barrio de casitas bajas, con templos pequeñitos donde menos te lo esperabas, y un parque en la parte alta con un templo precioso donde no había absolutamente nadie.
Esa tarde, mientras esperabamos a que abriera el Onsen, nos comimos un helado al sol en las escaleras del parque y me llevé uno de los mejores recuerdos del viaje.
El Onsen se llama Funaoka, y es uno de los más antiguos de Kyoto capital. Desde luego a tradicional no le gana nadie, esperando a que abrieran estabamos nosotras, una americana, una francesa y 8 o 9 abuelitas japonesas que debían de ir a diario con sus neceseres.
Si lo que buscais es un Onsen impresionante entre montañas desde luego este no es el vuestro, este como ya he dicho es totalmente tradicional, con varios baños interiores y uno pequeñito que da al exterior. La entrada cuesta unos 400 yenes y abre a partir de las 3 de la tarde.
Antes de entrar hay que quitarse toda la ropa (en este no había ninguna indicación de que estuvieran prohibidos los tatuajes), coger una palangana y lavarse en los grifos que hay a los lados de las piscinas.
Está separado para hombres y mujeres y la verdad que la experiencia fue de lo más curiosa, y muy muy relajante.
Al salir del Onsen teníamos pensado ir a un Karaoke hasta que se hiciera la hora de coger el bus noctuno que nos llevaría a Hiroshima, pero salimos tan agotadas del Onsen que nos fuimos a un Mr Donuts a hacer tiempo y que llegara el bus.
