El trayecto Kyoto-Hiroshima lo hicimos en bus nocturno, en etapas anteriores ya he hablado de pros y contras de usar este medio de transporte.
El viaje fue muy bueno, la verdad es que dormí mucho más de lo que esperaba, pero aún así, llegar a Hiroshima con el fresco de las 6.30 de la mañana después de toda la noche en un bus...no te deja buen cuerpo.
Lo primero que hicimos fue buscar el hotel, nos alojamos en Chisun Hotel Hiroshima, típico hotel de hombres de negocios, y estaba muy bien, todo reformado, la habitación espaciosa...y a poca distancia andando del tranvia que lleva al Parque Memorial de Hiroshima.
La verdad que Hiroshima me gustó mucho, no se porqué me recordó a Zaragoza en muchos aspectos: ciudad intermedia, cruzada por un río...me dio buena sensación.
Lo primero que se ve nada más llegar al parque es la archiconocida cúpula que quedó en píe.
El entorno es muy bonito, había un montón de niños en excursiones escolares y realmente se han esforzado por intentar que el lugar transmita paz.





Tambien está aquí el monumento de la niña Sadako con miles de grullas y el museo al final del parque.
No se si se pueden sacar fotos dentro del museo, pero me parece que no es un museo para hacerlo, más bien para ver lo que pasó e intentar aprender de ello.
La verdad que me pareció un museo duro y que en muchas ocasiones busca tocar la fibra más de lo necesario, con historias con nombre y apellido y objetos reales de personas que mató la bomba.
Desde luego no es agradable de ver, y es comprensible que haya quien obvie la visita, pero yo no me arrepiento de haber ido, no deja de ser una parte de la historia, por fea que sea.
Salimos del museo un poco aplatanadas, pero no íbamos a malgastar el poco tiempo que nos quedaba, así que de allí pusimos rumbo a Miyajima, la gran esperada del viaje.


