DIA 3 (6 Diciembre)- Amaneció un poco nublado y nuestra idea ese día era visitar museos. Primero fuimos al Museo de la Ciudad en la Plaza de Armas (regular), el edificio es bonito y las habitaciones con decoración de la época pero no había información ni en modo de guía, plano o letreros suficientes y vimos que en cada sala había señoras que se suponen bedeles del museo pero que simplemente están sentadas chismorreando.
Después fuimos al Museo Nacional de Arte Cubano que nos gustó a pesar de no saber nada de cuadros, allí nos cayó una chupa de agua grande pero al estar a cubierto nos lo tomamos con tranquilidad y vimos el museo entero. Paramos para comer en el Restaurante Prado 115, muy bueno, y nos dirigimos a todo correr al Museo de la Revolución, que cierra a las 17:00, donde ensalzan en demasía la revolución y sus líderes. Salimos y fuimos al parque de los Enamorados y al Malecón, del que nos llevamos un poco de decepción, porque esperábamos más vida y gente tocando o bailando y no es así, igual el día tampoco acompañaba al haber llovido.
Paseamos de más hasta el Cine Infanta pero se nos había pasado la sesión y decidimos hacer tiempo y buscar un sitio para tomar un dulce en el Café Literario G el cual estaba cerrado (no lo dice la LonelyPlanet). Paseamos por la Calle 23 viendo las largas colas de la heladería de Coppelia y acabamos tomando una coca cola y un zumo del tiempo en una terraza para esperar la sesión del cine Yara. En Cuba los cines no abren la taquilla hasta que es la hora y hay colas, y claro como no tienen prisa llegas a la peli con el tiempo justo para sentarte. Vimos Las Tres Orillas, que podía llamarse “Las Tres Horillas”, una película argentina que es regular y en la cual mi mujer se quedó sopa un buen rato. Cogimos un Taxi Ruso del año de la guerra con un cubano entrado en canas, un poco rancio, del que salimos con un olorazo a gasolina que no se nos quitaba. Desde el hotel fuimos a La Casa de los Mercaderes a cenar y rendidos a la cama.
Después fuimos al Museo Nacional de Arte Cubano que nos gustó a pesar de no saber nada de cuadros, allí nos cayó una chupa de agua grande pero al estar a cubierto nos lo tomamos con tranquilidad y vimos el museo entero. Paramos para comer en el Restaurante Prado 115, muy bueno, y nos dirigimos a todo correr al Museo de la Revolución, que cierra a las 17:00, donde ensalzan en demasía la revolución y sus líderes. Salimos y fuimos al parque de los Enamorados y al Malecón, del que nos llevamos un poco de decepción, porque esperábamos más vida y gente tocando o bailando y no es así, igual el día tampoco acompañaba al haber llovido.
Paseamos de más hasta el Cine Infanta pero se nos había pasado la sesión y decidimos hacer tiempo y buscar un sitio para tomar un dulce en el Café Literario G el cual estaba cerrado (no lo dice la LonelyPlanet). Paseamos por la Calle 23 viendo las largas colas de la heladería de Coppelia y acabamos tomando una coca cola y un zumo del tiempo en una terraza para esperar la sesión del cine Yara. En Cuba los cines no abren la taquilla hasta que es la hora y hay colas, y claro como no tienen prisa llegas a la peli con el tiempo justo para sentarte. Vimos Las Tres Orillas, que podía llamarse “Las Tres Horillas”, una película argentina que es regular y en la cual mi mujer se quedó sopa un buen rato. Cogimos un Taxi Ruso del año de la guerra con un cubano entrado en canas, un poco rancio, del que salimos con un olorazo a gasolina que no se nos quitaba. Desde el hotel fuimos a La Casa de los Mercaderes a cenar y rendidos a la cama.