Volabamos desde Barajas a Phnom Penh con Qatar Airways con una pequeña escala de una hora en Doha.
El vuelo, fantástico, una gran compañia con la que viajar: personal de cabina amabilísimo, pantallitas multimedia para ver películas y comida y bebida abundante (te ceban literalmente y puedes pedir la bebida que quieras).
La parada en Doha, sin problemas, un aeropuerto de tránsito en el que se deben bajar contadas personas. Es muy sencillo llegar desde tu avión al siguiente, hay personal por todos lados que te guía diciendo "transfer".
Aterrizamos en Phnom Penh unas 17 horas después (hay una parada para dejar y coger gente en Saigón en la que se pierden casi 2 horas) e hicimos los trámites de la aduana, pagamos los 30$ del visado y a coger un tuk tuk al centro de la ciudad.
Nada más salir de la terminal allí tienes esperando los taxis y tuk tuk. Ojo con los espabilados, el precio es fijo: 7$ a la ciudad en tuk tuk y 9$ en taxi, os enseñen lo que os enseñen que no os cobren de más (les gusta enseñarte el ticket de los 9$ que vale el taxi como si hubiese subido el viaje en tuk tuk), si os lo intentan hacer vais a buscar otro tuk tuk porque hay miles.
Mi primera impresión de Asia fue terrible. Iba alucinando en aquel tuk tuk como miles de motos se cruzaban por todos los lados o iban en dirección contraria, giros imposibles cortando la circulación del carril contrario... Un agobio. Todo eso acompañado de una polución terrible (y eso que vivo en Madrid que tampoco es que haya un aire de la sierra muy saludable).
Llegamos a nuestro guest house, el hotel Golden Noura Villa-Pub & Restaurant (22$ noche). Un hotel normalito, con algo de olor a humedad (como todos los de viaje) y muy bien situado, a unos 150 metros del Palacio Real. Nos dimos la pertinente ducha y fuimos por los alrededores del palacio real y el río. Como el Palacio estaba cerrado (tiene un horario extraño de 8 a 11 y de 13 a 16 ) fuimos al antiguo mercado y de ahí al Wat Phnom.
Ambas visitas son tremendamente decepcionantes. Me encantan los mercados. Soy muy curioso con las cosas que se venden en otros lugares. Este ha sido el único mercado que no me ha gustado. Un olor a podrido terrible, pollos moribundos que se picaban unos a otros, gente limpiando el pescado y tirando las tripas por el suelo... TERRIBLE. Algo que no he visto en ninguno de los otros mercados que hemos visitado. El Wat Phnom es un pequeño templo budista en lo alto de una pequeña colina (desde la que no se ve la puesta de sol, por si como nosotros pensáis en ir a esa hora para ello), dentro de un recinto por el que cobran 1$ por entrar a los extranjeros. No tiene ningún interés, salvo que te haga ilusión ser ver ratas como gatos de grandes. Un parque mal cuidado con camboyanos merendando...
Sí, queda claro que mi impresión de Phnom Penh fue horrible. Acabé agobiado de caminar por enmedio de las calles esquivando los cientos de vehículos que pasan tu lado, porque las aceras estaban literalmente tomadas por motos aparcadas. Pensé que si todo el viaje iba a ser así se me iba a hacer muy largo. Menos mal que conocimos a unas parejas de Argentinos que me tranquilizaron y me dijeron que había visto lo peor del sudeste asiático y ya ya sólo quedaba mejorar (¡y por suerte fue así!).
Cenamos por los bares que hay en la calle Preah Sisowath Quay, al lado del río y cerca del Palacio, que es una zona de restaurantes y locales de copas a los que van los escasos turistas que vimos y Camboyanos que se notaba que tenían pasta. Los precios, unos 10$ por cenar cada uno sin grandes excesos. Aquí vimos niños que eran obligados a mendigar y daba bastante pena. La madre los desnudaba cerca de los restaurantes, escondía la ropa y les mandaba en pelotas a vender pulseritas a los turistas. Son esas cosas que por suerte aun no vemos por España...
Después de tomar algunas cervezas aprovechando que con el Happy hour podían costar entre 0'5 y 1$ nos fuimos a dormir.
Al día siguiente buscamos un tuk tuk que nos llevase a los Killing Fields (a unos 15 Km del centro). Después de pelear con varios conductores conseguimos una ruta Palacio Real - Campos de exterminio - Museo del Genocidio - Palacio Real por 15$. No me pareció caro porque te esperan allí hasta que terminas todo y estuvimos con el conductor más de 5 horas.
El trayecto al Choeung Ek Genocidal Center no hizo mejorar mi percepción de la ciudad. Una ciudad hecha polvo, gente muy pobre, suciedad y basura por todos lados, ríos llenos de mierda.
Llegamos a los campos una hora después. Pagamos los 6$ de entrada que incluye una audioguía en español. La visita es totalmente prescindible porque en los campos no hay absolutamente nada. Sí, en mi opinión, el Nº1 de cosas qué hacer en Phnom Penh según tripadvisor no tiene nada que ver. No me refiero al lugar por su historia y lo que ocurrió allí, sino a su contenido. Me refiero a que me esperaba algo como Dachau o Autschwitz, donde hay más edificios y se han reconstruido cosas para poder sentir de forma más profunda aquel horror. Únicamente hay una columna de recuerdo a las víctimas en las que están expuestos sus huesos en vitrinas y un pequeño edificio en el que te ponen un video corto de lo que ocurrió en los campos. El resto es un paseo por un prado en el que ves agujeros en el suelo y un poste con un número que se introduce en la audioguía y te cuenta lo que había allí. Por el precio que sale la entrada y el transporte no iría allí. Si se quiere conocer esta triste página de la historia de la humanidad existen buenos libros en los que se narra.
Después fuimos al Museo de genocidio de Tuol Sleng, que es una prisión en la que puedes ver celdas y salas de torturas a los largo de varios edificios. También hay muchas fotos de presos que estuvieron allí y testionios de algunos supervivientes. Esta visita está bien, pese a que no es un lugar agradable de ver.
Finalmente fuimos al Palacio Real y la Pagoda de Plata (entrada 6'5$). Nos encantó la visita. Es un sitio precioso, con unos jardines y edificios impresionantes que contrastan con la pobreza del resto de la ciudad. Hay varios templos, pagodas y exposiciones de ropas reales, carrozas, fotos... Como reflexión, da mucha rabia ver que en una ciudad tan pobre y descuidada lo único majestuoso sea este palacio.
Después de la visita al palacio fuimos a tomar alguna cerveza, ver la cúpula del mercado central y cenamos en el Red Cow, un restaurante de lugareños cerca del monumeto a la independencia en el que están especializados en phnom pleung, algo parecido a las piedras calientes que hay por aquí para que te ases la carne a tu gusto (unos 10$ persona con varias cervezas y cena a base de carne). Cenamos mucho y bien, la gente local y las camareras estaban un poco sorprendidos de vernos allí. No deben pasar muchos turistas porque nos mandaron a la única chica que hablaba inglés.
Cogimos un tuk tuk desde allí hasta la oficina desde dónde salía nuestro sleeping bus a Siem Riep que estaba cerca del Wat Phnom (1'5$ después de pelear con varios conductores) para recoger los billetes e hicimos tiempo a base de cervezas en los happy hour del río.
Finalmente cogimos el sleeping bus con Giant Bus (16$/persona, comprado desde España) y fuimos a Siem Riep. Totalmente recomendable esta compañía, bus muy limpio, colchonetas en las que se cabe, mantas que no dan repelús, encufes, wifi, aseos y agua para el viaje.
Mi recomendación sobre Phnom Penh (una vez que he pasado la mala impresión del momento): TOTALMENTE PRESCINDIBLE. Si por casualidad pasas por allí para ir de Saigón a Siem Riep y te da tiempo mientras haces el cambio de autobús, puedes parar a ver el Palacio Real (única visita que merece la pena), pero si no, va a ser una excursión que te va a salir cara y te va a quitar tiempo en sitios que merecen más la pena.