Como buena amante de las piedras y las civilizaciones antiguas, Angkor era un lugar que atraía mi atención desde hace mucho tiempo, aunque lo consideraba demasiado lejano y, como tal, un tanto utópico, al contrario que Egipto o Petra, que siempre estuvieron en mi punto de mira. Hasta que hace un par de años, cambió mi visión de las cosas y me propuse ir allí, combinándolo con Vietnam, otro de mis destinos favoritos. En esta ocasión, tres de las amigas con las que suelo viajar secundaron la idea y empezamos a sopesar opciones. Al tener cierta edad y algunos achaques, preferimos la comodidad de un viaje organizado que nos liberase de casar vuelos, alojamientos y, sobre todo, traslados, pues ya no estamos para ir por nuestra cuenta en transporte público cargando con maletas. Además, por motivos particulares, el viaje no podía superar las dos semanas, tiempo un tanto corto para un recorrido así; pero como era “eso” o “nada”, tuvo que ser “eso”. Debido a esos condicionantes, mi intención con este diario es relatar una experiencia personal sobre los destinos que he visitado por si les da una pista a otros viajeros, pero sin que pretenda dar recomendaciones, que no se me dan bien, ni hacer publicidad.


En principio, pensábamos apuntarnos a uno de los viajes para mayores que patrocina la Comunidad de Madrid y que hemos utilizado varias veces, pero Camboya solo se ofertaba como una extensión del viaje a Vietnam y nos fue imposible encontrar plazas libres para ese combinado en las fechas que nos interesaban (finales de noviembre o principios de diciembre). Así que, ya a mediados de mayo, decidimos buscar por otro lado, pues queríamos dejar el asunto solucionado cuanto antes. Por una recomendación, entramos en la página web de cierta mayorista y vimos que uno de sus itinerarios se ajustaba a lo que deseábamos, aunque en estos viajes más que de la mayorista española el resultado final depende de la receptora en destino. Tocaba cruzar los dedos. Tras elegir los vuelos y una categoría intermedia de hoteles, nos enviaron por correo electrónico un presupuesto que debíamos tramitar a través de una agencia de viajes. Acudimos a una que conocíamos, donde ultimamos la reserva con un interesante descuento al ser dos de mis amigas clientas de dicha agencia. Dimos una señal y contratamos únicamente el seguro de cancelación. El de viaje, incluyendo gastos médicos, me gusta hacerlo por mi cuenta, a pocos días de partir.

Esa misma noche nos comunicaron que la compañía aérea había cambiado el vuelo de salida, pues en vez de por la tarde sería por la noche. Dimos el Ok y a rezar para que no hubiese más variaciones.

Entretanto fuimos preparando algunas cosillas. Acompaño los diferentes apartados con cirtos detalles que vivimos in situ por si le sirven a alguien que se aburra y no siga leyendo el diario.
Documentación.
Para Vietnam, en estancias de hasta 45 días y con múltiples entradas, los españoles no necesitamos visado, pues es suficiente presentar el pasaporte con validez de al menos seis meses desde la fecha de la llegada al país. Lo había renovado recientemente, así que sin problemas.

En Camboya, el asunto es algo más complicado, pues se requiere la tramitación de un visado, que puede solicitarse online, con antelación, o directamente en el aeropuerto al ingresar en el país. También hace falta contar con una e-Arrival Card (tarjeta de llegada), expedida dentro de los siete días anteriores a la entrada. Además, el pasaporte debe tener una validez de al menos seis meses a contar desde la fecha de llegada al país. Pero eso lo explicaré con detalle en el diario que le dedico a nuestra estancia en Camboya.

Seguro de viaje.
Desde hace bastante tiempo, viajo con un seguro de viaje con amplias coberturas, sobre todo cuando me desplazo fuera de los países de la Unión Europea. Esta vez, contraté una categoría Premium con Heymondo (también suelo utilizar IATI), con gastos médicos ilimitados. Para los catorce días de viaje en Vietnam y Camboya me salió por 88 euros, con descuento por Black Friday. Normalmente, elijo una opción más normalita, pero teniendo en cuenta los países que eran y la diferencia de precio, preferí afinar más.

Vacunas y sanidad exterior.
En febrero pasado, fui a Sanidad Exterior del Ayuntamiento de Madrid (calle Montesa nº 22), donde siempre me han atendido muy bien, pese a no estar empadronada en la capital y ser de MUFACE. Eso sí, hay que pedir cita previa. Además de a Vietnam y Camboya, tenía previsto ir a Sudáfrica, así que me pusieron la primera dosis de la vacuna de la hepatitis A, me recetaron la vacuna de la fiebre tifoidea (tres pastillas en días alternos) y la profilaxis para la malaria (Malarone). En octubre, tras mi viaje a Sudáfrica, volví al centro, donde me atendió la misma doctora, que tenía toda mi ficha en su ordenador. Me puso la segunda dosis de la vacuna de la hepatitis A y las de la gripe y covid. Dado el tipo de viaje que iba a realizar, para Vietnam y Camboya, solo me aconsejó tener cuidado con el agua (beber exclusivamente agua embotellada), utilizar repelente de insectos para ambiente tropical, ponerme crema solar de alta protección y no tocar a los animales, en particular perros y monos, que pueden transmitir la rabia. En fin, lo normal en estos casos, si bien, me insistió en que no tomara alimentos crudos y que evitase en lo posible comer en puestos callejeros. Es algo que ya sé y que tengo muy en cuenta, pues tanto por edad como por mis molestias gástricas crónicas lo último que necesito son complicaciones intestinales. Por fortuna, seguí con mi buena racha en estos viajes y no tuve ningún problema de salud allí.

Fecha del viaje y clima.
Vietnam es un país muy alargado de norte a sur, por lo que sus zonas climatológicas no son uniformes. Como en España, es distinto ir al norte, al centro o al sur. Así que no resulta fácil hallar el momento perfecto para aunar el mejor clima en todas las zonas. No obstante, queríamos evitar el calor extremo, los tifones y la época de lluvias torrenciales. Nos pareció que diciembre era una buena opción. Y casi lo conseguimos.

El norte (Hanoi como referencia) es la única zona donde se dan las cuatro estaciones, si bien la primavera y el otoño son transitorias y muy cortas. Con clima subtropical, entre diciembre y marzo, el tiempo suele ser seco, con nieblas y frío, aunque no tanto como lo entendemos aquí, pues rara vez la temperatura baja de los siete grados. Entre abril y mayo, el clima es seco y relativamente cálido. De junio a septiembre, se producen lluvias abundantes y el calor es muy intenso; la peor época, por tanto. En julio, incluso se suspenden los cruceros por la Bahía de Halong. En octubre y noviembre, el tiempo suele ser soleado y seco.

La zona centro (Hué, Hoi An) es de tipo Sub-Clima Monzónica, con dos estaciones, la seca de diciembre a abril y la de lluvias, de mayo a noviembre, con tifones y frecuentes lluvias torrenciales e inundaciones. Por su parte, el sur (Ho Chi Minh como referencia) tiene clima tropical, con temperaturas altas y estables durante todo el año, pero con clima seco de diciembre a abril y lluvioso de mayo a noviembre.

Pese a que diciembre se presentaba como un buen mes para el viaje en conjunto, en noviembre, a menos de un mes de nuestro viaje, se produjeron lluvias torrenciales con numerosas muertes en el centro del país. Así, en Hoi An y Hué hubo inundaciones catastróficas con numerosas víctimas. Y las fuertes lluvias se repitieron apenas cinco días antes de que partiésemos, aunque la peor parte en esta ocasión se la llevaron las zonas playeras en torno a Nha Trang.

Para Camboya, el clima en diciembre se presupone cálido y seco. Y así fue.
Ropa en la maleta.
Bastante lío al respecto, pues leíamos y oíamos de todo: desde ropa de pleno verano a incluir abrigos para el norte, sobre todo en el crucero por la Bahía de Halong. Al final, llevé varias camisetas y pantalones anchos de algodón, dos paraguas, un par de chubasqueros, un parca ligero, un forro polar, camisetas de manga larga y tres o cuatro jerséis, si bien lo cierto fue que casi toda la ropa de “invierno español” regresó sin usar. Además, zapatillas deportivas y unas botas de senderismo.

Otra opción interesante es llevar la maleta casi vacía y comprar allí todo lo necesario. En Vietnam, hay oferta de ropa para aburrir, lo que hará las delicias tanto de los amantes de las prendas de mercadillo como los de las marcas más famosas y caras, de las que existen todo tipo de réplicas, imitaciones y falsificaciones; incluso se pueden comprar prendas originales más baratas que en España.

Mosquitos.
Como tengo por costumbre, humedecí mi ropa exterior con permetrina en spray, que me da un resultado excelente para evitar las picaduras de mosquitos. Además, utilicé Goibi Xtrem Forte, mi repelente preferido simplemente porque tolero mejor su perfume. De nuevo, fetén: ni una sola picadura. Lo cierto es que había pocos mosquitos. Donde más vimos fue en Siem Reap, por la noche.

Dinero: moneda y tarjetas de crédito.
En Vietnam, la moneda oficial es el Dong (VND) y en la fecha de nuestro viaje un euro equivalía a 30.000 dongs; una auténtica barbaridad. El dólar circula bastante, pero es aconsejable cambiar a moneda local. Yo llevaba euros; mis amigas, dólares. Todas cambiamos sin problemas. Mejor ir con efectivo y cambiar allí que sacar dinero con tarjeta. No existen monedas, al menos, yo no las vi.

Conviene llevar encima billetes de 10.000, 20.000 y 30.000 dongs. Los hay de menor valor, pero solo se utilizan para devolver cambio; ni ellos mismos los quieren. Ojo con las propinas, pues se ofenden si reciben menos de lo que esperan; en caso de duda, casi es mejor desentenderse y no dar nada. En algunos restaurantes, el servicio está incluido; en otros, no. Mejor comprobar los tickets antes de pagar.
En Camboya, la utilización del dólar en zonas turísticas está incluso más extendida que la moneda local, el riel (KHR), cuya unidad equivale a 0,00021 euros en la actualidad. Sin embargo, tiene su picaresca. Ya lo explicaré en el diario que le dedico a este país.

Como es lógico, merece la pena tener una tarjeta de viaje que no cargue comisiones. En los hoteles, restaurantes y supermercados suele aceptarse el pago con tarjeta, pero no está generalizado, así que interesa llevar efectivo. En Vietnam, a los vendedores de calle no les gustan las tarjetas de crédito porque les retienen un tanto por cada venta, de modo que los pocos que las admiten suelen cargar la diferencia al cliente, incrementando el precio total. Por lo tanto, aunque se utilice una tarjeta libre de comisiones, hay que fijarse bien en el importe que figura en el datafono antes de pagar.

Tarjetas de datos.
En los hoteles donde nos hospedamos, el wifi funcionó bien. Sin embargo, me gusta llevar mi propia tarjeta, que utilizo sobre todo para WhatsApp, información sobre sitios turísticos y Google Maps. Mi teléfono no admite e-sim, así que procuro adquirir una tarjeta de datos en destino, táctica que me suele resultar muy bien. En esta ocasión, lo mismo. Baratas y sin problemas de cobertura tanto en Vietnam como en Camboya.

Adaptadores.
En ninguno de estos dos países hace falta llevar adaptadores para los cargadores de teléfonos y pilas, pues casi todos los establecimientos hoteleros disponen de enchufes con varios tipos de clavijas, incluidas las nuestras. Al menos, así fue en nuestro caso.

Hora.
Tanto en Vietnam como en Camboya, en invierno hay que sumar seis horas al horario español; es decir, a las doce de la mañana aquí, allí son las seis de la tarde. En verano, se reduce a cinco horas (al menos hasta que los cambios horarios por temporadas se mantengan en Europa).

En diciembre, amanecía poco después de las seis de la mañana y anochecía unos minutos antes de las seis de la tarde. A las cinco, cerraban los monumentos, la mayor parte de los templos, los museos y otros sitios de interés. Por lo tanto, se imponía madrugar para aprovechar en lo posible las horas de luz.

Por la noche, la vida no para en Vietnam. Hay tiendas abiertas hasta las diez, restaurantes hasta las once y mercados nocturnos. Los fines de semana, sobre todo en las ciudades, suele haber zonas de ocio nocturno al estilo occidental que funcionan hasta pasada la media noche.

Itinerario.
Como suele ocurrir cuando viene dado, el que escogimos no era mi itinerario ideal; pero con eso ya contaba. Así que había que disfrutarlo sí o sí, tal cual. Y la verdad es que, considerando lo básico del recorrido por el poco tiempo disponible, no se presentaba mal. No obstante, la anulación unas horas antes de la salida por parte de Vietnam Airlines de un vuelo que teníamos de madrugada desde Hué a Hanoi nos fastidió la excursión prevista a Tam Com y Hoa Lu, pues nos recolocaron en otro posterior que descabaló la jornada entera. Toda una faena. Ya lo contaré. En fin, imponderables que surgen y que no se pueden evitar. El resto salió bien.

Además de los vuelos, alojamientos, excursiones y visitas, el viaje incluía todos los desayunos, ocho almuerzos y una cena con el siguiente itinerario final, una vez realizados los retoques a que nos obligó la anulación del dichoso vuelo.
- Ho Chi Minh- Tour por el Delta del Mekong
- Túneles Cu Chi.
- Hoi An
- Puente de las Manos
- Montaña de Mármol
- Hué
- Hanoi
- Crucero por la Bahía de Halong
- Camboya: tres días completos, los dos primeros con la ruta programada (Angkor, Lago Tonle Sap y Siem Reap) y el tercero, contratado por nuestra cuenta, incluyendo excursión a Beng Mealea y Koh Ker.
En Google Maps, queda más o menos así:


Vuelos.
Los de larga distancia los hicimos con Emirates Airlines y escalas en Dubai tanto a la ida como a la vuelta. Los internos y el de Hanoi a Siem Reap eran de Vietnam Airlines. Excepto la anulación que he comentado, el resto de vuelos salieron en hora y sin incidencias.
