Volvemos a levantarnos temprano, hoy nos toca una ruta de desierto y del lejano oeste total, y una maravilla de la naturaleza que no sabíamos que existía hasta que nos pusimos a indagar en este foro cuando preparábamos el viaje. Tenemos reservado la visita al Upper Antelope Canyon con Antelope Canyon Tours a las 11:30, la reserva la hicimos a través de su página web y nos costó unos 92$ que pagamos allí en la oficina.
Pero antes de llegar a Page hicimos un alto en el camino para ver el asombroso Horseshoe Bend, un impresionante meandro con forma de herradura del río Colorado, las vistas son impresionantes ya que es un corte vertical en la roca. Hay un parking para dejar el coche y después de unos 5-10 minutos andando por un camino de tierra llegas hasta las rocas que están al borde del acantilado. Los más valientes pueden acercarse hasta el mismo borde para sacar fotos impresionantes, yo no fui tan valiente y me quedé más retirada del borde pero aún así se ve sin problemas todo el río y la altura que tiene el acantilado.

Media hora antes de la hora que teníamos contratada la visita a Antelope nos pasamos por la oficina del tour para pagar y para que nos asignaran la furgoneta que nos iba a llevar. Habíamos escogido esa hora porque por lo que habíamos leído era una de las mejores para ver entrar la luz por los agujeros del cañón y verlo así en su máximo esplendor.
Nos montamos en el jeep que nos llevaría hasta el cañón, hay unos 15 minutos en coche desde la oficina del tour hasta la entrada del cañón, desde la entrada al parque hasta el abertura en la montaña es todo arena, por lo que solamente se puede ir en jeep, vimos unos cuantos atascados que necesitaron ayuda de otros para poder salir de la arena.

La entrada es una grieta en la montaña, el guía nos fue explicando un poco la formación del cañón, íbamos parando donde mejor se veía la entrada de luz en el cañón, para que viéramos las diferentes formas que hacían las rocas. Cuando llegamos al final nos dejó unos minutos para recorrer por nuestra cuenta el cañón y para volver a sacar fotos por nuestra cuenta, el guía se portó genial con nosotros ya que mientras iba explicando nos dejaba tiempo de sobra para sacar fotos e incluso nos indicaba donde podíamos tener el mejor ángulo para ver bien como entraba la luz en el cañón.

Poco se puede decir de Antelope salvo que es impresionante y que merece mucho la pena ir a verlo. Una maravilla de la naturaleza que te deja sin palabras para poder explicarlo.
Después de ver Antelope comimos algo rápido en Kayenta y pusimos el gps dirección a Monument Valley, nos íbamos al lejano oeste, hay que recordar que en Utah es una hora más. Llegaríamos hacia las 2 de la tarde a The View, nuestro hotel, que tiene unas vistas impresionantes sobre todo el parque, lo reservamos precisamente por eso, fue uno de los caprichos para poder ver el amanecer desde la habitación. Tras dejar las cosas en la habitación rápidamente nos volvimos al coche para recorrer el Parque, que hay que pagar aparte porque no es un Parque Nacional.

El recorrido por Monument Valley es una pista de arena y piedras, así que hay que ir bastante despacio con el coche y tener cuidado para no quedar atrapado en la arena, a la entrada del parque hay un cartel que te lo advierte, pero dado lo grande que es para mí es prácticamente imposible verlo de otra forma que no sea en coche. Nosotros no tuvimos ningún problema de quedar atascados ni nada parecido, simplemente es conducir con cuidado. Cada poco íbamos parando a sacar fotos porque el paisaje es impresionante, te sumerges de lleno en el Far West Americano de las películas.
Hay un montón de formaciones rocosas curiosas que llaman la atención y no solamente las tres más típicas. El recorrido por el parque merece mucho la pena, eso sí acabamos llenos de polvo y el coche no digamos, jeje.

Vimos el atardecer desde el balcón de nuestra habitación, una pasada ver cómo iba cambiando poco a poco el color de las rocas para volverse de un rojo intenso. Cenamos en el restaurante del hotel porque por los alrededores no hay absolutamente nada y no nos apetecía ir hasta Kayenta, además al día siguiente queríamos ver el amanecer y eso suponía un buen madrugón.