Tal y como nos habíamos prometido, el 1 de mayo nos levantamos pronto y a las 8,00 nos encontramos en la sexta planta del hotel para desayunar.
Después de comprar en el hotel la IstambulKard (una tarjeta monedero recargable muy cómoda para coger el transporte público) y la Museum Pass (una tarjeta que permite entrar por 85 liras a muchos edificios y monumentos que están calificados como museos), nos dirigimos a uno de los Döviz de la plaza Beyazit para hacer el primer cambio de monedas.
Después de comprar en el hotel la IstambulKard (una tarjeta monedero recargable muy cómoda para coger el transporte público) y la Museum Pass (una tarjeta que permite entrar por 85 liras a muchos edificios y monumentos que están calificados como museos), nos dirigimos a uno de los Döviz de la plaza Beyazit para hacer el primer cambio de monedas.
EL PALACIO TOPKAPI
Una vez cambiados los euros nos acercamos al Palacio Topkapi, donde tuvimos que hacer bastante cola pese a llegar a las 9,30 horas. Este palacio se comenzó a construir poco después de la conquista de Constantinopla y sirvió de residencia oficial de los sultanes hasta 1853. Accedimos a él con el Museum Pass.

Sus cuatro patios son espectaculares y su visita al harén imprescindible. Tanto que salimos más tarde de lo previsto y tuvimos que omitir la visita al Museo Arqueológico de Estambul (en el que se encuentra la presunta tumba de Alejandro Magno) y el paseo por el parque Gülhane (aunque este último la haríamos otro día). Para compensarlo, tuvimos la suerte de entrar en Santa irene, una iglesia construida en el s. VI que se encuentra alojada en el primer patio del Palacio y que sirvió como sede del patriarcado de Constantinopla hasta la finalización de Santa Sofía en el 537.

LA CISTERNA BASÍLICA
Después de tomar un té en los alrededores de Sultanahmet, nos dispusimos a conocer el que sería uno de los sitios más impresionantes de los que vimos: la Cisterna Basílica o de Yerabatan. Las cisternas eran unos depósitos que se construían para que la ciudad tuviera reservas de aguas en caso de ser atacada.

Para que os hagáis idea de su espectacularidad, a esta cisterna -construida en los tiempos de Justiniano I- se la denomina también "Palacio Sumergido". No en vano tiene 140 x 70 metros y se calcula que en ella podía depositarse la friolera de 100.000 metros cúbicos de agua. La Cisterna tiene 336 columnas de 9 metros de altura y dos de ellas tiene por base una cabeza de Medusa... el ser mitológico que convertía en piedra a quien mirara. El gasto, 20 liras por persona, al cambio unos 7 euros.
RESTAURANTE GÜLHANE SARK SOFRASI
Muy cerca de la Cisterna y aún con el estómago encogido ante tanta belleza, comimos en el Gülhane Sark Sofrasi. Trato excelente, baños limpios, buena comida y agradable terraza. La mesa la reservé desde Madrid. Nos costó, propina incluida, 50 liras por cabeza.

Especial referencia a la música cuyo susurro se escuchaba desde la terraza, que me sorprendió: incluso pude escuchar alguna balada heavy de los 80. Los que tengáis mi edad y fueseis aficionados a esa música podéis imaginar mi asombro y mi felicidad ;). Después de comer relajadamente, acudimos prestos a hacer otras de las visitas innegociables si vas a Estambul: Santa Sofía.
SANTA SOFÍA
Cualquier comentario laudatorio que pueda hacer sobre esta monumental iglesia (ahora considerada formalmente museo) sería injusto por insuficiente. Santa Sofía hay que verla, saborearla, palparla diría yo. Al tener condición de museo, entramos con el Museum Pass.
Desde la fecha de su construcción, alrededor del 360 d.C., Aya Sofya ha servido de catedral bizantina de rito oriental, catedral católica de rito latino y de mezquita (de ahí sus minaretes). Está dedicada a la Divina Sabiduría. En su momento fue la catedral con mayor superficie del mundo durante casi mil años y se considera la obra culminante de la arquitectura bizantina.
Desde la fecha de su construcción, alrededor del 360 d.C., Aya Sofya ha servido de catedral bizantina de rito oriental, catedral católica de rito latino y de mezquita (de ahí sus minaretes). Está dedicada a la Divina Sabiduría. En su momento fue la catedral con mayor superficie del mundo durante casi mil años y se considera la obra culminante de la arquitectura bizantina.


Lo que más me llamó la atención fue el contraste entre la solidez de la estructura exterior y la sensación de flotar que te regalaba la cúpula central. Parte de Santa Sofía estaba en restauración, pero aún así es un edificio que te traslada magistralmente en el tiempo sin apenas darte cuenta.
ARASTA BAZAR E HIPÓDROMO ROMANO
Quedaba aún tarde que aprovechar y nos dirigimos, conforme al plan diseñado, al primero de los bazares que ibamos a conocer: el Bazar Arasta, a los pies y casi escondido, como pidiendo perdón, de la Mezquita Azul. Este bazar fue levantado en el s. XVII para albergar establos y a pesar de su pequeño tamaño (apenas hay 40 tiendas), es óptimo para comprar algún recuerdo ya que es más barato que el Gran Bazar. En algunas de sus tiendas incluso su precio es fijo, sin posibilidad de regateo. Posteriormente recorrimos unas callejuelas que comunicaban el final del Bazar con el Hipódromo Romano, durante el cual pudimos ver algunas de las tradicionales casas de madera otomanas.
El Hipódromo fue construido en el año 200 d.C. y sirvió de centro de diversión durante más de mil años. Es un paseo que lleva apenas 20 minutos pero muy relajante ya que, como el resto de la ciudad, la limpieza y las zonas verdes están presentes, acompañándote, durante todo el recorrido. Actualmente pueden aún contemplarse parte de la Columna Sempertina (construida en el 479 d.C. para conmemorar la victoria de los griegos sobre los persas en Platea), el Obelisco Egipcio (construido por Tumotsis II hace la friolera de 3.500 años), la Columna de Constantino y la Fuente Alemana.
El Hipódromo fue construido en el año 200 d.C. y sirvió de centro de diversión durante más de mil años. Es un paseo que lleva apenas 20 minutos pero muy relajante ya que, como el resto de la ciudad, la limpieza y las zonas verdes están presentes, acompañándote, durante todo el recorrido. Actualmente pueden aún contemplarse parte de la Columna Sempertina (construida en el 479 d.C. para conmemorar la victoria de los griegos sobre los persas en Platea), el Obelisco Egipcio (construido por Tumotsis II hace la friolera de 3.500 años), la Columna de Constantino y la Fuente Alemana.

Desde allí fuimos subiendo por Çemberlitas dando un agradable paseo mientras anochecía. Aunque había reservado en el Deraliye Restaurant, no teníamos mucha hambre, así que optamos por comprar un tentenpié en los innumerables puestos callejeros y dönarci que jalonan las calles de Estambul: cayeron un par de kebabs y una mazorca (misir). Una nota sobre los kebabs: los ponen sin salsa. Según pude averiguar, esa es la manera tradicional de prepararlos. Lo de la salsa fue un artificio que se empleó cuando se exportó este tipo de comida a Europa para disimular el sabor de la carne pasada de fecha. Además, pudimos comprobar que en Estambul la carne de los kebabs que ha sobrado al final del día se tira y a la mañana siguiente se pincha carne nueva. Carne que por cierto no es un bloque prensado como en España, sino que se van añadiendo los trozos, superponiéndose unos sobre otros. En fin, no tienen nada que ver los kebabs de Estambul con el sucedáneo bajo en calidad que tomamos en España.
Poco a poco fuimos llegando a Beyazit, mezclándonos con la muchedumbre que constantemente va y viene por las calles y observando con interés los innumerables comercios, que aún abiertos, esperaban un último cliente.