Tras algún que otro trompicón, llegaba el día de partir. Maletones listos, mochilas de mano también y los cuerpos preparados para la primera incursión en Asia, que no es poco.
El vuelo salió a las 15.30, así que horas antes utilizamos el cercanías (¡viva el transporte público!) para ir al aeropuerto de Barajas, más aún cuando el día no acompañaba en absoluto, ya que estaba lloviendo (a ratos con ganas) y hacía casi hasta frío

Una vez en el aeropuerto, el check-in se hizo sin sobresaltos (qué recuerdos de aquel primer día con destino a Los Ángeles y el lío que tuvimos) y sin más historias estábamos en la puerta de embarque viendo la montura que nos conduciría a Dubai, lugar de la escala.


El viaje transcurrió sin novedad. Sobre Fly Emirates había leído muchas cosas buenas y he de decir que en general se cumplieron: buen servicio, equipamiento del avión muy bueno, amplio catálogo multimedia... Lo único que chirrió fue que al servir la comida daban dos opciones de carne (creo que eran cordero y ternera... O algo así, es lo de menos) y se me ocurrió decir: "Cordero", y me dijeron: "No hay"... ¿Y para qué lo ofreces? Jajajaja
La escala en Dubai fue de 2 horas. Recuerdo el bofetón de humedad y calor salvaje al aterrizar en Dubai. Eran las 00.45 hora local y estaríamos a 45º sin exagerar (seguramente me quedo corta). Salvaje.
El autobús que nos llevó a la terminal duró lo suyo pero seguramente serían más mis nervios que la duración real del trayecto (al preparar el viaje daba un poco de reparo que no diera tiempo a alcanzar el enlace, pero al no haber ningún retraso no hubo ningún problema).
A las 2.45Am hora local salió puntualmente el siguiente vuelo (en un avión con un equipamiento algo más viejo pero igualmente bueno) y a las 8:45 ya en horario ceilanés tomaba tierra en Colombo.
Por fin, ponía un pie en Sri Lanka!!