Por desgracia para nosotros, nuestra estancia en este maravilloso país estaba llegando a su fin. Este era el día en el que teníamos que desplazarnos a nuestro último destino. Dudamos al elegir entre Weligama o Mirissa, pero finalmente nos acabamos decantando por la primera ya que encontramos un apartamento con un precio e instalaciones irresistibles.
Para llegar a weligama desde Tangalle, no dudamos en movernos en bus, como en los anteriores trayectos, aunque esta vez tuvimos que hacer transbordo en Matara, a mitad de camino de nuestro destino. El precio de los dos billetes no debió superar el euro y medio, y como pudimos dejar las mochilas en el compartimento junto al conductor, el viaje se hizo mucho más ameno.
Después de unas dos horas llegaríamos a nuestro alojamiento, donde nos recibió el entrañable y simpático Pato, el dueño del hotel. Estuvimos un buen rato charlando con él, y pudimos conocer una breve parte de sus aventuras. Él es argentino, y tras haber vivido unos 30 años en Marbella y haber tenido su propia empresa dedicada a la construcción, decidió cambiar completamente de aires y montar en Sri Lanka un hotel junto a otro amigo y también socio. Sin duda este apartamento es el mejor de todos en lo que hemos estado, ya que era totalmente nuevo, -se acababa de inaugurar hace apenas unos meses y contaba con pocas valoraciones en booking pero decidimos confiar- y estaba diseñado con gusto por él. Además el precio fue de 74 euros en total las tres noches con desayuno incluido -y preparado por Pato-. Se llama El Hotelito y os lo recomiendo sin ninguna duda.

Pato no se equivocaba y pudimos disfrutar de una deliciosa comida en Dileena Eatery; pedimos unos noodles y un arroz con curry vegano como ya era costumbre. Como el apartamento estaba a unos 10 minutos andando de la costa, decidimos ir a una de las playas más próximas para relajarnos un rato. Llegamos a una playa pequeña pero acogedora, que además tenía un paseo por la costa por el que pudimos acceder a otra playa colindante. En esta playa, ya más grande, pudimos observar a los típicos pescadores que se sitúan en palos de madera clavados en el mar. Nosotros habíamos leído que eran más bien como una atracción turística y que cobraban por las fotografías, pero en esta playa por lo menos nos pareció real, ya que no había ningún turista más y pudimos ver como pescaban y tenían cubos llenos de peces, aunque a día de hoy seguimos con la duda.
Después de una preciosa puesta de sol volvimos a El Hotelito, donde dimos un baño en la piscina antes de prepararnos para salir a cenar. El centro de Weligama y su calle principal de restaurantes quedaba a 5 minutos en tuktuk, así que cogimos uno para llegar hasta allí. Cenamos en una hamburguesería que no estuvo mal pero que tampoco recomendaría, y al terminar nos volvimos para el apartamento.
Ya al día siguiente nos dirigiríamos por la mañana hacia Galle, una de las principales ciudades de Sri Lanka y anteriormente colonizada por portugueses, holandeses y británicos, y en la que se puede observar aún cierta influencia de estos dominios. Su principal punto turístico es el fuerte, construido por los holandeses en el Siglo XVII, dentro del que se encuentran numerosas tiendas y restaurantes. Nosotros decidimos denominarlo como laberinto para turistas, ya que las calles -en forma de cuadrícula- estaban repletas de negocios dedicados exclusivamente a los turistas, y los precios eran mucho más altos que en otras zonas del país. Aún así, merece la pena visitar el fuerte, que tiene unas bonitas vistas desde la muralla además de un faro. Nos quedaban algunos regalitos que comprar, pero creímos que comprarlos allí no era la mejor opción.

Aprovechamos para callejear un rato más por el centro de Galle y comer algo rápido -esta vez fueron unos Rotis vegetales bien picantes-. Como todos los días llegada ya casi la tarde, buscamos una playa cercana donde poder darnos un baño y ver la puesta de sol. Así que nos montamos en un bus camino a Weligama, y a mitad de camino nos bajamos en una playa para tomarnos un coco y disfrutar de los último rayos de sol, además de grabar unas tomas para nuestros vídeos que subiríamos más tarde a redes sociales.



De vuelta hacia Weligama, hicimos una parada en el Kai Beach Club, donde tomamos algo en uno de los bares mientras nos dimos un baño en la piscina. Ya para cenar y despedirnos de Weligama, encontramos un local cuya especialidad eran los hummus y pudimos degustar varios tipos diferentes para cenar.



