Nos levantamos prontito, a eso de las 8.30h y nos vamos duchando uno por uno en la única ducha que hay en la habitación. Nuestros compañeros desconocidos son mucho más madrugadores, y se duchan y se van antes de que nos despertemos. Nos damos cuenta de que la noche anterior nos cobraron 842 ISK de más y vamos a reclamarlas. Nos las devuelven sin problema en efectivo, las únicas monedas que vemos en todo nuestro viaje.
Recibimos el coche en la puerta del albergue y el chico que nos lo trae, un islandés muy serio pero muy amable, nos explica las normas básicas de seguridad. Una de ellas, fundamental como luego comprobaríamos, es tener cuidado a la hora de abrir las puertas del coche, porque el viento en Islandia es tremendo y puede llegar a arrancarlas de cuajo.

¡Miradnos qué contentos con nuestro cochecito!
Después de flipar con nuestro cochazo y de hacer el tetris para montar todas las maletas (menos mal que pedimos el maletero superior) nos dispusimos a buscar un Bonus y comprar pan de molde y alguna cosa más para el desayuno. Lo intentamos con uno en Reykjavik y con otro a las afueras, pero ambos estaban cerrados. Nos enteramos entonces de que era fiesta en Islandia ese día y todos los supermercados y tiendas estaban cerrados. Así que nos resignamos y desayunamos unas barritas de cereales que llevábamos de España.

Recorrido del primer día
Nos pusimos enseguida en marcha hasta nuestra primera parada, la cascada de Glymur. Pero por el camino, los paisajes son tan increíbles que nos detenemos a hacer algunas fotos. El acceso al parking de la cascada es por una pista de tierra que no tiene demasiada dificultad. El camino de ida y vuelta hasta la cascada es de 8 km. Aunque existe una alternativa más larga bajando por la ladera de la montaña, optamos por hacer esta más corta, que nos lleva unas dos horas. No es muy difícil, pero hay que cruzar un río por un tronco y hay tramos inclinados con arena suelta en los que te tienes que agarrar a una cuerda.

Atravesando el río en nuestro camino hacia la cascada de Glymur
La cascada es la más alta de Islandia, aunque sin duda, una vez vistas otras, no es la más impresionante. En las paredes que encierran el curso del agua anidan muchas aves y se pueden ver los polluelos en los nidos.

Cascada Glymur

Ya pateado el camino, nos volvemos a nuestro coche para buscar algo que comer. Tenemos embutido, pero no tenemos pan, así que decidimos parar en un restaurante de camino a nuestro segundo albergue y ver qué nos ofrece.
Encontramos una estación de servicio que se llama Ferstiklakáli. El restaurante ofrece menús de hamburguesas muy caras para nuestro presupuesto así que optamos por comprar pan de molde a precio de oro (8 euros, y estaba rebajado porque no debía ser del día). Pero con él nos hacemos unos bocatas de lomo que nos saben a gloria, como otros que nos comeremos a lo largo del viaje.
Vamos a nuestro siguiente hostal, a hacer el check in prontito. Es el albergue juvenil de Borgarnes. Aquí hemos cogido una habitación doble y una cuádruple, con varias duchas a compartir que están en el pasillo común. Tenemos cocina disponible para cocinar, unas mesitas para tomar café (gratis) e incluso algunos juegos de mesa. Esta foto es de la habitación doble, aunque tampoco es nuestra, también la he sacado de internet.

Habitación doble Albergue de Borgarnes
Como son solo las 16.00h y quedan muchas horas de día por delante decidimos ir a ver la cascada de Hraunfossar. Está a sólo 40 minutos del albergue y el acceso es por carretera hasta el mismo parking. Tiene un agua preciosa, de color azul turquesa, y por supuesto una leyenda, como casi todos los rincones de Islandia. Esta hablaba de dos niños que cayeron al agua y se ahogaron, y de su madre, que lanzó un hechizo sobre el puente para que los que pasasen se ahogasen.



Es una cascada muy curiosa ya que mana directamente de la tierra, entre la vegetación. En las proximidades de la cascada se pueden ver formaciones de lava fluida. Merece la pena, una vez más no sólo la cascada en sí, sino los paisajes hasta llegar a ella.

Paisaje de camino a Hraunfossar

A la vuelta paramos a hacer algunas fotos y también aprovechamos para comprar algunas cosillas en el Neto de Borgarnes que por suerte estaba abierto. Compramos bastantes cosas y nos gastamos menos que con el pan de molde. Esa noche cocinamos algo de pasta y jugamos hasta las 23.00h en la sala de estar. No se hacía de noche y nuestro reloj interno no nos dejaba dormir, pese a habernos levantado pronto y haber dormido poco la noche anterior. Al final, casi por obligación, nos fuimos a la cama.
GASTOS DEL DÍA
Pago de lo que quedaba del coche hasta 2450 euros
Pan de molde 1180 ISK (8 euros)
Borgarnes Hostel, 1 habitación doble y 1 habitación cuádruple, 157,79 euros
Compra en Neto 1042 ISK (7 euros)
