1 de Noviembre del 2015
Bueno para empezar os estaréis preguntando el porqué del título, pues bien, anoche mientras estábamos en el lago aparecieron murciélagos gigantes, pero gigantes de verdad, del tamaño prácticamente como una gaviota, me atrevería a decir que son familiares de Drácula ¡Qué miedo! Y esta mañana paseando por Jaisalmer, hemos visto en las paradas del mercado berenjenas pequeñas y melones enanos, por lo visto los melones los usan para cocinar, no como fruta como nosotros. Aquí una foto de los melones, de los murciélagos, sintiéndolo mucho no tengo ninguna.
El día de hoy lo hemos empezado genial, con energía y con ganas de seguir visitando esta ciudad que con las pocas horas que llevamos aquí ya nos ha enamorado. Hemos desayunando en la terraza del hotel con unas vistas de cuento, David ha desayunado tostadas con mantequilla y un café con leche y yo me he atrevido con una especie de pan frito con algo por dentro bastante picante y un chai, estaba rico pero excesivo picante para empezar el día…
Hemos recorrido el interior del fuerte, actualmente todavía está habitado y aunque es precioso está muy explotado por los hoteles, dejan entrar a los coches, las motos, tuc-tucs y está destrozando el encanto de las laberínticas calles. Dentro del fuerte hay unos templos jainistas preciosos, a mi parecer es una visita obligada (200RS entrada + cámara) así como no dejar de subir a alguna terraza para ver los templos desde un punto más alto, no tengo palabras para describirlo.
Curiosidad: Para que la piedra no se rallara en el traslado la ponían encima de la arena del desierto, que al ser tan fina la protege.
Paseamos por Jaisalmer y visitamos diferentes havelis, son mansiones dentro de la ciudad decoradas con la piedra tallada al más mínimo detalle. Y para terminar la mañana Akram nos invita a un lassi, David se lo pide de piña y yo de mango, bueno, bueno, bueno, buenísimo!!! Un lassi no es más que un yogurt batido con fruta riquísimo.
Curiosidad: Según dicen éste árbol no deja de emitir oxígeno en ningún momento, por lo que es sagrado, hacen oraciones, le llevan ofrendas…
Nos han recomendado una pizzería, así que no lo dudamos y vamos para allá, tienen una terraza con vistas al fuerte espectaculares, pero hace demasiada calor, así que optamos por entrar dentro escogemos una mesa bajita para sentarte en el suelo con cojines, nos pedimos una pasta 4 quesos y una pizza margarita para compartir. El precio es económico, el lugar romántico, la comida buena con productos frescos, yo lo recomiendo.
Vamos a descansar un poco y a darnos una ducha revitalizante, que toca ir al desierto del Thar a ver la puesta de sol. Nos lleva hasta el desierto el que va a ser nuestro conductor en la ruta por el Rajasthan, Hukam, un simpático indio que es de lo más divertido, sabe un poco de español y por ahora nos entendemos bastante bien.
Vamos hasta las dunas con un camello cada uno, el camello de David lo acompaña un señor muy auténtico pero al mío lo acompaña un niño muy simpático que me ha dicho que tiene 12 años, y aunque sé que en este país el trabajo infantil es algo habitual no me deja de sorprender y sobretodo de indignar. Al llegar a las dunas nos vienen dos niños más, con unos ojos negros y una mirada profunda, nos preguntan nuestro nombre y nos cantan la “canción del desierto con nuestro nombre”, hasta que no les damos algo de propina no se van, a continuación viene otro niño para vendernos patatas fritas. Caminamos un poco y nos sentamos en una duna para ver al sol ponerse, uno de esos momentos mágicos que tiene la vida, que pasa cada día y no podemos disfrutar de él y mucho menos en lugares como este, dónde parece que estés en un cuento de las mil y una noches.
Y ahora toca la vuelta al hotel por un camino recto, estrecho, oscuro, de dos direcciones, con vacas, cabras, motos sin luces pero nos sentimos seguros con Hukam se le ve experto en la conducción india, nosotros no nos atreveríamos ni locos a coger un coche aquí. Quedamos con Hukam para salir al día siguiente a las 8:00h de la mañana hacia Jodhpur.
Llegamos al hotel, cenamos lo mismo los dos, una tortilla y una crepe de chocolate para el postre, la cena es en la misma terraza que el desayuno con vistas al fuerte, ahora iluminado.
Al terminar de cenar viene Akram para despedirse, pero estamos tan a gusto que cuando nos damos cuenta han pasado 2 horas, suerte que sabemos que nos volveremos a ver, sino nos podemos pasar toda la noche hablando y contándonos historias.