Viernes 13 de noviembre del 2015: Cape Town– Cabo de Buena Esperanza
Nos levantamos a las 07:30, hoy se nos han pegado las sabanas.
Tras desayunar nos encaminamos hacia el consulado español, para que entreguen el jodido certificado de nacimiento traducido. Tras una corta visita con una simpática funcionaría obtenemos el documento. Después de este logró nos replanteamos el día. En un principio habíamos hablado de subir la Table Mountain, pero las condiciones meteorológicas nos hicieron desistir, pues una densa niebla tapaba la cumbre. Decidimos pues, dedicar el día a visitar la península del cabo, y llegar hasta el cabo de Buena Esperanza.
En el recorrido llegamos a un pueblo playero con unos vestuarios victorianos con colores muy llamativos, que están pidiendo a gritos que te pares para echarles unas fotos. Tras cumplir con el protocolo continuamos hacia la entrada del parque nacional del Cabo de Buena Esperanza. Pagamos 125 zar o 8,20 €, y nos adentramos en esa tierra baldía, castigada por el viento. Lo cierto es que fue una de las mejores experiencias del viaje. Me encanto el entorno natural, los acantilados, las playas de arena blanca, el mar embravecido, etc.
Tras hacernos las fotos de rigor en el Cabo y en la Punta del Cabo, donde se encuentran dos pequeños faros comimos en un restaurante a los pies de fonicular que sube a los mas perezosos hasta la punta mas alta del Cabo. La comida fue genial, con unas vistas impagables
. Contentos con el devenir del día emprendemos camino de regreso a Ciudad del Cabo. Nos dirigimos a nuestro nuevo hotel, el Protea, que es un edificio histórico, la típica casona blanca de arquitectura colonial Holandesa, en medio de una zona ajardinada. Y además el precio fue moderado, 58€ noche. Tras hacer el cheking, y adecentarnos nos fuimos a la Waterfron a cenar.