Bueno, pues ya es jueves y hoy, como he tenido noche movidita y no me he dormido hasta tarde, mi chica me deja madrugar un poquito menos: hasta las ocho de la mañana tengo permiso... El tiempo empieza a empeorar y mucho nos tememos (como luego se comprobará) que mañana para Nikko tendremos agua, pero eso no importa, a estas alturas ya somos unos viajeros curtidos y tampoco es que llueva tanto.
No sé si hemos elegido un buen día para esta ruta, ya que se trata de la típica ruta turística por Tokio y donde se suelen comprar los souvenirs, y con mi estado de euforia actual tras la consecución del triplete (sí, soy un pesado) lo mismo descuadro el presupuesto.
Bueno, el caso es que tras el desayuno cogemos el metro hasta Asakusa (voy a echar de menos el interesante diálogo de todas las mañanas con el sistema de megafonía, ella me dice "mamonaku..." y yo le contesto tiernamente "japutaaa...") y tras un cortísimo trayecto llegamos a nuestra parada, donde hay una especie de exposición con fotos y un pequeño mikoshi. A falta de explicaciones en cristiano, asumo que se trata de algo relacionado con el Sanja Matsuri que tuvo lugar hace nada.
Para llegar al templo desde el metro no hay problema, puedes elegir entre seguir unas sencillas indicaciones (en inglés) o seguir directamente la horda de estudiantes y turistas varios que se dirigen hasta allí.





También hay unas estatuas de Buda donadas por un mercader como deuda de gratitud y no puedo dejar de mencionar la puerta Hozo-mon con su famoso farolillo rojo gigante y que a más de uno le debe haber hecho pensar que entraba en un restaurante de "coma todo lo que pueda"

A la salida es hora de las compras, no os aburriré con lo que adquirimos porque eso ya es personal, pero eso sí, os recuerdo que debéis mirar mil veces los precios, no dejéis de buscar por las calles vecinas a Nakamise, hay varias galerías comerciales cubiertas, y comprad con cabeza. Además, veréis puestos con personajes de manga de carne y hueso despachando, restaurantes especializados en fugu y otras muchas maravillas, incluyendo una tienda de kimonos con ejemplares en perfecto estado de conservación de segunda mano y a precio de ganga.


Y por cierto, a pesar de las figuras esto no es un museo de esculturas modernas sino un restaurante especializado en bovino:

Tras la visita salimos hacia Kappabashi dori, la calle donde el demonio Kappa es protagonista. Ya mencioné de pasada la mentalidad dual de los japoneses para muchas cosas y cómo un espíritu de agua que básicamente podía venir por la noche y raptar a tus niños para comérselos ahora es lo más inn y aparece como mascota por todas partes.

En concreto esta calle concentra una gran cantidad de tiendas dedicadas a la venta de material para la cocina y comida. Muchas tienen pinta de mayoristas pero la mayoría os atenderán con gusto, y los precios son muy buenos. De camino a esta calle tropezamos con el templo Tokio Hongan-ji pero no lo visitamos, se nota que está muy necesitado de una buena restauración.
Y hablando de restaurar, es hora de comer y en esta zona lo más famoso es la tempura, veréis cantidad de restaurantes especializados con la mercancía expuesta en el mostrador, pero los precios pecan de caros y nosotros cenamos tempura ayer, así que acabamos entrando a un restaurante de ramen, que como comprobaremos están bastante acostumbrados a los extranjeros donde disfrutamos de una reconfortante comida en un día húmedo.
Después de comer bajamos a la zona de la estación de Tokio, que curiosamente está de obras... y vamos paseando (y viendo un gigantesco reloj anti estress)

hasta el palacio imperial. No se puede visitar por dentro, pero el exterior incluye el puente Niju-bashi y se pueden ver varias torres de palacio, especialmente si os armáis con un teleobjetivo.

Además los jardines están cuidados de una manera exquisita, como no podía ser de otra manera para una de las manzanas más caras del mundo, y también está la estatua de Kusunoki Masashige, un samurai que permaneció fiel al emperador en tiempos remotos frente al shogunato levantisco y que es una leyenda nacional.

Seguimos andando hasta el Forum Internacional y pasamos un buen rato viendo la zona y admirando la arquitectura, y encontramos un Jizo de lo más peculiar en el museo del arroz (la visita no merece la pena, es para niños pero a la salida, en la zona de la tienda de recuerdos hay un bonito folleto en inglés y japonés donde te dan recetas y trucos para preparar onigiris, un hallazgo)

De todas maneras, en el edificio hay un congreso de fisioterapia y la presentación de Vaya-usted-a-saber-qué y que concentra enormes colas de entusiastas nipones, así que todo eso, unido a que hay que hacer colada para llegar al final de nuestra estancia con ropa limpia, hace que volvamos al hotel no sin antes comprar cena para mi señora en un restaurante de la estación de Okachimachi y sushi de Chiyoda, cerquita del hotel, para mí y cenar en la habitación mientras se lava la ropa.
La lavandería es idéntica en equipamiento a la del Kyoraku de Kyoto: la mismita lavadora y secadora, el detergente lo podéis comprar por 50 yens en recepción. Como ya sabemos lo bien que funciona la secadora y no hay nadie más lavando, le damos varios viajes a la ropa pero ni por esas, la dejamos en la habitación extendida para que se acabe de secar y nos acostamos, cada vez con más sensación de penita porque esto empieza a acabarse y con ganas de ver las maravillas de Nikko mañana.
Buenas noches, mi buen lector.
Foro de Restaurantes En Japon