Tenemos por delante el día en que recorreremos más distancia, serán más de 700 kilómetros y haremos unos cuantos a través de la mítica Ruta 66, tanto oir hablar de ella ya tenemos ganas de conducir y comprobar si el mito tiene fundamento.

La ruta 66 está descatalogada oficialmente del mapa de carreteras del país desde 1985, hasta ese momento fue la carretera más emblemática de Estados Unidos, recorría la nación desde Chicago hasta Santa Mónica (Los Angeles). Era conocida como ‘The Main Street of America’ o ‘The mother road’ no en vano atravesaba 7 estados en casi 4000 kilómetros. Se vio sustituida por la red nacional de autopistas y actualmente representa un reclamo más que nada turístico, cantidad de moteros recorren sus tramos año tras año.
Bien, volvemos al principio del día. Salimos de Los Angeles, lo cual nos cuesta un rato, la circulación es fluida pero sorprende lo grande que es la ciudad y lo que se tarda en salir. Ya en ruta por la n.40 vamos notando que el calor va subiendo y mucho, la carretera es de dos carriles por sentido y camio2aquí empezamos a ver la auténtica América de los camiones y vehículos de todo tipo, Camiones con dos remolques, camionetas variopintas y también coches engancotxerauchado detrás de camionsotros vehículos, y pick-up, muchas pick-up. Ni que decir que los vehículos allí son enormes y en camio1su nenasmayoría de gasolina y automáticos. Siempre me han gustado esos camionacos con el morro alargado y esos llamativos colores y cromados y que son preciosos.
Por cierto, hay que decir que a estas alturas nos hemos provisto de una nevera de cámping que hemos ubicado perfectamente entre las dos últimas filas de asientos en medio, quedaba allí que ni pintada,
nevericaguardando nuestras bebidas bien fresquitas, cada día reponíamos el hielo. La adquirimos en un supermercado.Y bien que la necesitamos cuando pasamos por el Desierto de Mojave, el sol abrasaba.
Creo que cada americano nace con un coche a su lado, el país está hecho para conducir, las carreteras son buenas y están en buen estado, también la señalización. El límite de velocidad en carretera es normalmente de 65 millas/hora -110 km/h-, pudiendo llegar hasta 75 m/h -120 km/h- en algunos tramos, si queréis saber algunas peculiaridades más de la conducción en Estados Unidos visitad esta web: www.usatourist.com/ ...-tips.html
Prosigamos con nuestro viaje, una vez atravesado el Desierto de Mojave nos dirigimos a Kingman que es el primer pueblo de la ruta 66 con el que tomamos contacto, allí comemos en un restaurante típico, auténtica reproducción de los diner de los años 50, Mr. D’z, sillones mullidos de colores chillones, jukebox, máquina de coca-cola, suelo con baldosas en blanco y negro, todo ello muy de cine, y por supuesto suculentas hamburguesas y batidos pero de cerveza, nada de nada, no hay quien entienda a estos americanos.


Después de comer aprovechamos para dar una vuelta por los alrededores en los que se encuentra un viejo tren de mercancías. Nos ponemos de nuevo en marcha, el calor aprieta en Arizona, paramos en Hackberry donde encontramos una antigua gasolinera convertida en museo, ya que la original cerró en 1978 y desde 1992 es Hackberry General Store una tienda de souvenirs con toda la parafernalia de los años 50. En el exterior hay coches de la época destartalados, surtidores de gasolina decrépitos y más motivos que nos remontan unas décadas atrás.


Esta zona fue en el siglo pasado asentamiento de mineros, se buscaba oro y plata, hay una linea de tren paralela a la carretera en la que vemos pasar un larguísimo convoy de mercancías.
Seligman es nuestro próximo destino, allí encontramos más iconografía de la ruta 66 y sus años de esplendor y allí también retomamos la Interestatal 40 para proseguir nuestro viaje.

Estamos ya en la última etapa del viaje de hoy, atrás van quedando los paisajes áridos y empezamos a ver coníferas a medida que nos vamos acercando a Williams, el Gran Cañón está cerca.
En Williams nos alojamos en Buffalo Pointe Lodge, un pintoresco e histórico hostal muy curioso pero de dudoso confort, lo mejor fue el desayuno, la señora que regentaba el establecimiento nos trató como si fuéramos su familia, desayuno casero hecho in situ . El pueblo no tiene gran cosa, alojamientos y restaurantes ocupados por gente que espera visitar el Gran Cañón, visita de nuestro siguiente día.