Tras desayunar en el hotel, con un bufet mas que aceptable, nos dedicamos a ver la ciudad con calma, en primer lugar nos fuimos a la Casa Turca (entrada 2€) un magnifico ejemplo de una casa otomana muy bien restaurada, continuamos por las mezquitas (personalmente me parecieron mucho mas bonitas por fuera que por dentro), algún que otro cementerio que te encuentras y nos llegamos hasta la plaza de España, donde está el monumento a los soldados españoles que murieron durante la guerra; esta zona está un poco alejada de lo que es el puente y la zona más visitada por los turistas, pero allí te das de bruces con la realidad de lo hace apenas 20 años llenó de horror las calles de Mostar.
Multitud de edificios tienen sus fachadas ametralladas o con agujeros de obuses, se ve que poco a poco la gente va reparando lo que puede, junto a la plaza de España hay un par de edificios totalmente destrozados, uno de ellos es un antiguo hotel, dos esqueletos que gritan en silencio; Toda esta zona es la ciudad normal, donde vive la gente normal, ya no aceptan euros a la hora de pagar y los ojos de sus habitantes a mi me parecieron de los más tristes que he visto, y si indagas un poco te enteras que indice de paro es altísimo y los medios de vida se limitan a lo relacionado con el turismo y poco más. Si se tiene un poco de tiempo creo que merece la pena ver esta parte de Mostar.
Con el corazón un poco encogido regresamos hacia la zona vieja y nos sentamos a tomar un cafe, a los cuatro nos apetecía hablar de lo que había sentido al ver tan palpablemente como la estupidez de unos cuantos pueda llegar a destrozar la vida de tanta gente. Nos sentamos en un antiguo cafe donde tomamos nuestro primer cafe bosnio-turco acompañado de unos dulces.


Seguimos por la zona del mercado, el puente, no se cuantas veces pudimos pasar por él. en uno de los laterales del puente hay una magnifica exposición de fotografía de un fotógrafo de prensa realizadas durante la guerra, la entrada son 3€ y los menores de 18 años entran gratis, entra poca gente pero creo que es imprescindible, las imágenes son en blanco y negro dan un testimonio fantástico de como estaba la ciudad.
Otro punto un tanto curioso es el haman, pequeñito pero muy bien restaurado, el encargado es encantador y dispuesto a darte explicaciones sin problemas, incluso se pueden comprar algunos productos de baño, cuanto menos curioso.
La tarde la dedicamos a hacer alguna que otra compra y a perdernos un poco, la cena la repetimos en nuestro restaurante favorito, en este caso no teníamos sitio en la terraza y nos sentamos en una de las mesas del interior, la atención y el servicio de Inma tan fantástico como el primer día, la cena ese día fueron un par de hamburguesas , dos cevapis agua y cerveza, todo por 17€.
