Tras recoger el equipaje, nos dirigimos al exterior de la terminal donde nos espera una furgoneta que nos llevará hasta el punto de recogida del coche que hemos alquilado para hacer tan emblemática ruta. Mi natural aversión a las excursiones organizadas se ve reforzada después de hacer esta ruta por nuestros propios medios. Pasaremos dos noches en localidades del recorrido, y podremos hacer las paradas que nos plazcan.
La primera noche la vamos a pasar en Torquay. Es esta pequeña ciudad el punto de inicio oficial de la ruta. Hemos reservado en una especie de casa rural, en la campiña que rodea la costa. Al llegar observamos algunos vehículos estacionados en el exterior, alguno con la ventanilla abierta. El inmueble carece de todo elemento identificativo de su nombre o naturaleza. No se observa signos de la presencia de alguien (salvo por los coches). Preocupados, empezamos a llamar en todas la puertas pero nadie aparece. Finalmente hace acto de presencia un hombre, de unos 60 años, vestido como un surfero, y con restos de cemento en la ropa. Nos dice que es el dueño, y nos explica todo lo relativo a nuestra estancia. Actúa de forma muy amable y simpática. Nos habla de sus experiencias por Europa, y comenta que es frecuente que los canguros de los campos cercanos salten la valla de la finca y merodeen por el jardín. Sin embargo, no pudimos ver tal cosa. Nuestro encuentro con tan singular mamífero tendría que esperar.
Una vez alojados, con el coche nos dirigimos a la playa más cercana a observar la puesta de Sol, y pasamos por un supermercado a comprar la cena.
A la mañana siguiente, iniciamos la marcha, dispuestos a impregnarnos del espíritu de la zona. Nuestra primera parada es en Bells Beach, muy popular entre surfistas. Tras las fotos de rigor, nos acercamos a Punta Addis, una vasta playa.
El siguiente pueblo del recorrido es Anglesea, y que es donde tenemos depositadas nuestras esperanzas de ver canguros. Teníamos la información que un club de golf de la localidad se pueden ver a estos animales campando a sus anchas. Una vez allí, y dentro de un vallado vemos a numerosos canguros. Están algo lejos, y se les ve bastantes ociosos tumbados o comiendo hierba, sobre la que hay numerosas pelotas de golf. Dada la prohibición de saltar la valla, nos conformamos con verlos a esa distancia.
Club de Golf de Anglesea.
La ruta nos lleva al siguiente punto, Aireys Inlet. Damos un pequeño paseo por los alrededores del faro allí situado, en la zona conocida como Split Point. Teníamos numerosas referencias sobre la posibilidad de encontrarte canguros muertos sobre las calzadas, lo que nos esperábamos era encontrarnos uno muerto en la playa junto al faro. No tenía signos de violencia, por lo que pensamos que probablemente había muerto ahogado. Salimos pitando de allí, para no tener grabada esta imagen durante el resto de la jornada.
A mitad de camino hasta el siguiente punto está el arco conmemorativo en homenaje a los que participaron en la construcción de esta mítica carretera.
El siguiente pueblo es Lorne. Lo atravesamos hacia el interior para ir a contemplar la cascada conocida como Erskine. Una vez allí, optamos por bajar los 250 escalones que nos conducen hasta la base de la cascada. Es una zona muy bonita, aunque un poco alejada del itinerario principal. En las afueras de la localidad hay otro mirador, llamado Teddy, desde el que se observan unas magnificas vistas de la costa.
Erskine Falls.
Justo a la salida de Lorne, vemos un pintoresco restaurante con una terraza junto al mar y un muelle. Tiene buena pinta, y decidimos comer allí. Nos tomamos una estupenda ensalada césar y una fritura variada de productos de la mar. Todo muy bueno. El lugar se llama The Lorne Pier Seafood.
El trayecto hacia Apollo Bay, está lleno de curvas y, por momentos se hace un poco pesado. En esta última localidad no nos detenemos, aunque me queda la sensación que bien merecía emplear unos minutos por allí.
A partir de aquí, la carretera abandona la costa y se introduce hacia el interior, el Great Otway National Park. En mitad de este tramo hay desvío que conduce al Cabo Otway y al famoso faro del mismo nombre. Este trayecto también es conocido por la oportunidad que brinda de ver algunos koalas. Nosotros conseguimos ver uno en lo alto de un árbol, y nos conformamos con hacerle fotos con el teleobjetivo. Una vez en el faro, el hecho de que había que pagar para visitarlo nos quita las ganas, y decidimos reemprender nuestra marcha.
De nuevo la carretera se interna al interior, y no volverá a asomarse al mar hasta llegar a la zona de los Doce Apóstoles. Al llegar al Centro de Visitantes nos damos cuenta que hemos llegado a la hora punta. Hay muchísima gente. Apenas se puede andar o tomar una foto. Realizamos una primera aproximación por la zona, y optamos por hacer la vista en toda regla a la mañana siguiente. Llegamos a Port Campbell y nos alojamos en nuestro hotel. Es un pequeño pueblo costero, con cierto encanto, y con la única playa de la zona donde no es peligroso el baño. Quizá teníamos que habernos quedado por algunos de los sitios emblemáticos del lugar para ver atardecer, pero estamos cansados y nos conformamos con el que nos ofrece Port Campbell y su playa.
Al día siguiente, nos vamos directos a ver todo lo que dejamos pendiente la tarde anterior, con la duda de si volver a Melbourne desde Port Campbell o alargar la ruta hacia Warnabool. Lo primero que visitamos es el paraje conocido como Escalones de Gibson. Son unos escalones que conducen a la playa. Es sensacional, estamos solos y la luz del Sol nos favorece para tomar fotos. Sin más dilación, nos dirigimos al Centro de Visitantes del parque en el que se enclavan los Doce Apóstoles. La multitud de la tarde anterior, se ha convertido en no más de diez visitantes. ¡Perfecto!. Visitamos todos los miradores del enclave. Es una pena que el cielo nublado desluzca algo el paisaje, aún así es precioso. El siguiente punto es el conocido por un famoso naufragio y la historia de sus dos únicos supervivientes. El lugar se llama Garganta Loch Ard. Se puede ver desde distintos miradores y bajar a la misma playa. Directamente vamos al siguiente sitio, llamado Puente London. Está pasado Port Campbell en sentido Oeste. En este no se puede bajar a la playa. Impresiona pensar como el agua y el viento van socavando las estructuras y las van cincelando hasta convertirlas en “apóstoles”.
Mirador de los Doce Apóstoles.
Ha sido todo un acierto nuestra visita matutina, las excursiones organizadas no habían llegado todavía y hemos podido disfrutar del mismo como si fuéramos sus legítimos propietarios. Al final, el tiempo se nos ha ido de las manos y debemos regresar a Melbourne a entregar el vehículo. Lo haremos por el interior, el camino más corto y rápido. El hecho que sea un atajo no le quita atractivo. La primera parte del recorrido es a través de una extensa campiña, para dar después paso a zonas habitadas y a un paisaje más seco.
La primera noche la vamos a pasar en Torquay. Es esta pequeña ciudad el punto de inicio oficial de la ruta. Hemos reservado en una especie de casa rural, en la campiña que rodea la costa. Al llegar observamos algunos vehículos estacionados en el exterior, alguno con la ventanilla abierta. El inmueble carece de todo elemento identificativo de su nombre o naturaleza. No se observa signos de la presencia de alguien (salvo por los coches). Preocupados, empezamos a llamar en todas la puertas pero nadie aparece. Finalmente hace acto de presencia un hombre, de unos 60 años, vestido como un surfero, y con restos de cemento en la ropa. Nos dice que es el dueño, y nos explica todo lo relativo a nuestra estancia. Actúa de forma muy amable y simpática. Nos habla de sus experiencias por Europa, y comenta que es frecuente que los canguros de los campos cercanos salten la valla de la finca y merodeen por el jardín. Sin embargo, no pudimos ver tal cosa. Nuestro encuentro con tan singular mamífero tendría que esperar.
Una vez alojados, con el coche nos dirigimos a la playa más cercana a observar la puesta de Sol, y pasamos por un supermercado a comprar la cena.
A la mañana siguiente, iniciamos la marcha, dispuestos a impregnarnos del espíritu de la zona. Nuestra primera parada es en Bells Beach, muy popular entre surfistas. Tras las fotos de rigor, nos acercamos a Punta Addis, una vasta playa.
El siguiente pueblo del recorrido es Anglesea, y que es donde tenemos depositadas nuestras esperanzas de ver canguros. Teníamos la información que un club de golf de la localidad se pueden ver a estos animales campando a sus anchas. Una vez allí, y dentro de un vallado vemos a numerosos canguros. Están algo lejos, y se les ve bastantes ociosos tumbados o comiendo hierba, sobre la que hay numerosas pelotas de golf. Dada la prohibición de saltar la valla, nos conformamos con verlos a esa distancia.

Club de Golf de Anglesea.
La ruta nos lleva al siguiente punto, Aireys Inlet. Damos un pequeño paseo por los alrededores del faro allí situado, en la zona conocida como Split Point. Teníamos numerosas referencias sobre la posibilidad de encontrarte canguros muertos sobre las calzadas, lo que nos esperábamos era encontrarnos uno muerto en la playa junto al faro. No tenía signos de violencia, por lo que pensamos que probablemente había muerto ahogado. Salimos pitando de allí, para no tener grabada esta imagen durante el resto de la jornada.
A mitad de camino hasta el siguiente punto está el arco conmemorativo en homenaje a los que participaron en la construcción de esta mítica carretera.
El siguiente pueblo es Lorne. Lo atravesamos hacia el interior para ir a contemplar la cascada conocida como Erskine. Una vez allí, optamos por bajar los 250 escalones que nos conducen hasta la base de la cascada. Es una zona muy bonita, aunque un poco alejada del itinerario principal. En las afueras de la localidad hay otro mirador, llamado Teddy, desde el que se observan unas magnificas vistas de la costa.

Justo a la salida de Lorne, vemos un pintoresco restaurante con una terraza junto al mar y un muelle. Tiene buena pinta, y decidimos comer allí. Nos tomamos una estupenda ensalada césar y una fritura variada de productos de la mar. Todo muy bueno. El lugar se llama The Lorne Pier Seafood.
El trayecto hacia Apollo Bay, está lleno de curvas y, por momentos se hace un poco pesado. En esta última localidad no nos detenemos, aunque me queda la sensación que bien merecía emplear unos minutos por allí.
A partir de aquí, la carretera abandona la costa y se introduce hacia el interior, el Great Otway National Park. En mitad de este tramo hay desvío que conduce al Cabo Otway y al famoso faro del mismo nombre. Este trayecto también es conocido por la oportunidad que brinda de ver algunos koalas. Nosotros conseguimos ver uno en lo alto de un árbol, y nos conformamos con hacerle fotos con el teleobjetivo. Una vez en el faro, el hecho de que había que pagar para visitarlo nos quita las ganas, y decidimos reemprender nuestra marcha.
De nuevo la carretera se interna al interior, y no volverá a asomarse al mar hasta llegar a la zona de los Doce Apóstoles. Al llegar al Centro de Visitantes nos damos cuenta que hemos llegado a la hora punta. Hay muchísima gente. Apenas se puede andar o tomar una foto. Realizamos una primera aproximación por la zona, y optamos por hacer la vista en toda regla a la mañana siguiente. Llegamos a Port Campbell y nos alojamos en nuestro hotel. Es un pequeño pueblo costero, con cierto encanto, y con la única playa de la zona donde no es peligroso el baño. Quizá teníamos que habernos quedado por algunos de los sitios emblemáticos del lugar para ver atardecer, pero estamos cansados y nos conformamos con el que nos ofrece Port Campbell y su playa.
Al día siguiente, nos vamos directos a ver todo lo que dejamos pendiente la tarde anterior, con la duda de si volver a Melbourne desde Port Campbell o alargar la ruta hacia Warnabool. Lo primero que visitamos es el paraje conocido como Escalones de Gibson. Son unos escalones que conducen a la playa. Es sensacional, estamos solos y la luz del Sol nos favorece para tomar fotos. Sin más dilación, nos dirigimos al Centro de Visitantes del parque en el que se enclavan los Doce Apóstoles. La multitud de la tarde anterior, se ha convertido en no más de diez visitantes. ¡Perfecto!. Visitamos todos los miradores del enclave. Es una pena que el cielo nublado desluzca algo el paisaje, aún así es precioso. El siguiente punto es el conocido por un famoso naufragio y la historia de sus dos únicos supervivientes. El lugar se llama Garganta Loch Ard. Se puede ver desde distintos miradores y bajar a la misma playa. Directamente vamos al siguiente sitio, llamado Puente London. Está pasado Port Campbell en sentido Oeste. En este no se puede bajar a la playa. Impresiona pensar como el agua y el viento van socavando las estructuras y las van cincelando hasta convertirlas en “apóstoles”.

Ha sido todo un acierto nuestra visita matutina, las excursiones organizadas no habían llegado todavía y hemos podido disfrutar del mismo como si fuéramos sus legítimos propietarios. Al final, el tiempo se nos ha ido de las manos y debemos regresar a Melbourne a entregar el vehículo. Lo haremos por el interior, el camino más corto y rápido. El hecho que sea un atajo no le quita atractivo. La primera parte del recorrido es a través de una extensa campiña, para dar después paso a zonas habitadas y a un paisaje más seco.
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