Prácticamente en el meridiano de nuestra aventura, tomamos nuestro vuelo hacía el desierto. Una vez en tierra, el cambio no puede ser más drástico pasamos de la exuberancia tropical, a una inmensa planicie de color rojizo con algunos puntos de vegetación es decir, la nada. Ya desde el avión, las vistas son impresionantes y logramos divisar Las Olgas y el Uluru. Aunque es un desierto, a mi me parece que tiene bastante más vegetación que, por ejemplo, el desierto de Tabernas en Almería.
Tras recoger nuestro vehículo de alquiler, llegamos al hotel a las 0930 y nos dicen que la habitación, evidentemente, no está lista. Que nos la darán cuando puedan y, en todo caso antes de las 1500 h. Optamos por el ir al supermercado del resort para comprar agua y alguno víveres para el desayuno. A la vuelta, la habitación sigue sin estar preparada por lo que decidimos cambiarnos, ponernos el traje de baño y directos a la piscina. Finalmente nos entregan la llave, a las 1430 h., tomamos posesión de la estancia, y nos echamos una siesta hasta media tarde.
Una vez despiertos, la idea es dirigirnos a la entrada del parque natural, comprar nuestro abono de tres días, y tomar la ruta hacia Las Algas donde contemplaremos el atardecer. A unos pocos km. del punto, se encuentra un mirador donde se divisa claramente este conjunto rocoso y el Uluru más a lo lejos. Aquí tomamos contacto con los dos incordios de la zona: el calor y las moscas. Estas últimas, son muy numerosas y especialmente activas. Cojo mi pañuelo motero y me lo pongo alrededor de la cara, para que la molestia sea menor. Al llegar a Las Olgas, optamos por hacer la ruta corta, la que discurre por la garganta llamada Walpa. El hecho que en el camino de ida el Sol esté a nuestra espalda le da una belleza a nuestras vistas que te deja sin palabras. A pesar de los dos enemigos citados, nos paramos a hacer bastantes fotos, la mayoría con moscas por toda nuestra cara. Después del paseo, nos situamos en el lugar desde donde vas a contemplar el atardecer propiamente dicho. Hay gente, no mucha, que se está poniendo tibios de vino blanco sin importarle las moscas y el calor. El atardecer no decepciona. La luz solar va cincelando diversas tonalidades sobre la superficie rocosa. Muy bonito. En esta época del año, atardece a las 1920 h., y el parque cierra a las 2030 por lo que nos subimos a nuestro coqueto vehículo, y sin pausa nos vamos para el hotel a descansar.



Al día siguiente toca diana a las 0450 h. El amanecer está previsto para las 0558. Vamos a ver el del Uluru. Nos decidimos por el mirador de las parte Oeste para ver el Sol salir detrás de tan grandiosa roca. Más que un mirador, esta zona tiene dos uno con aparcamiento para los autobuses y otro para los coches. El primero está cerrado a estos últimos a partir de las 1600 h., y es el elegido por nosotros. Al llegar la hora, los rayos del Sol empiezan a filtrarse por uno de los extremos de la montaña. Es un momento mágico sólo interrumpido por las voces de algunos comprometidos, seguramente, con muchas causas menos la de guardar silencio en un momento único.

Tras el espectáculo, subimos al coche y nos dirigimos a la base de la roca, al aparcamiento de Mala. Hacemos el recorrido conocido como Mala Walk. En ese momento me doy cuenta de mi error de empezar por ahí. A esa hora, la roca no está bañada por la luz del Sol y pierde mucha vistosidad. Sin más pérdida de tiempo, nos dirigimos hacia el otro lado donde el espectáculo formado por la unión de la superficie de la montaña y las primeras luces de la mañana es espectacular.
Vamos a hacer el trayecto conocido como Kuniya Walk. En la ida tenemos el Sol enfrente, por lo que hay que girarse, de vez en cuando para ver con mayor vistosidad la roca. A la vuelta aunque el Sol está más alto, sigue iluminando de forma esplendorosa la montaña. Está claro, que este es el circuito que hay que hacer nada más amanecer.
Para ver amanecer desde otra perspectiva, hay otro mirador llamado Talinguru Nyakunytiaku y decidimos ir a la mañana siguiente. Tras el madrugón, y la caminata, estamos cansados y algo sedientos y decidimos ir al Cultural Centre a echar un vistazo y beber algo. Este centro es interesante para los interesados en este tipo de temática (yo no, soy más del Imperial War Museum). Cuenta con exposiciones y tienda de souvenirs. No perdemos mucho tiempo, y la imagen de la piscina del hotel se fija en nuestras mentes. Son las 1030 h., y ya hace mucho calor. Directos al hotel, traje de baño, y al agua.

Tras la siesta reglamentaria, de nuevo en el coche y tomamos el camino del Uluru. Aprovechando la autonomía que nos da el vehículo, conducimos por la carretera que rodea al montaña. Todos los puntos de la carretera ofrecen unas vistas inmejorables y dado que está terminantemente prohibido parar, que decir de estacionar, en las zonas no autorizadas hacemos la pequeña trampa de ir muy despacio para poder obtener unas buenas fotos de la montaña en la zona que da el Sol. Paramos en una zona autorizada, y tomamos fotos. La luz que refleja la roca es una maravilla, cosa que también parece gustar a las moscas que se congregan allí en una cantidad considerable, y que eligen la superficie de nuestras caras para contemplar la roca.
El mirador elegido para ver el atardecer sobre el Uluru es el que comente más arriba y que está habilitado para coches. Hay bastante gente en la zona, aunque no tanta como yo esperaba. Empieza el espectáculo. No tengo palabras para describirlo. Es una experiencia única. Sin embargo, mi pareja se erige en una férrea defensora del atardecer en Las Olgas. La conclusión es que hay que ver los dos.

De vuelta al hotel, nos vamos directos al bar donde compramos un magnifico chuletón y varias brochetas de gambas para hacerlas nosotros mismos en las barbacoas puestas a disposición de los clientes. La cerveza que me tomo es una de la mejores de mi vida por su temperatura y sabor, perfectamente tirada.
Quiero comentar lo de alquilar un coche. Realmente, quien lo hace en esta zona es para hacer desplazamientos más largos (ejem.: Kings Canyon), y no tanto para desplazarse por el parque. Sin embargo, aunque no vayas a ir más lejos, o continuar viaje, te da una gran autonomía a la hora de elegir horarios y lugares y creo que así se disfruta más aunque pueda ser un poco más caro. Sin olvidar el placer de escuchar a grupos como los Eagles o Allman Brothers mientras conduces por este escenario. Volvería tomar la misma decisión sin lugar a dudas.
Como dije anteriormente, a la mañana siguiente teníamos pensado al mirador del Uluru que nos faltaba. El inmisericorde despertador suena a las 0450 h. Me despierto y me levanto como un resorte pero mi pareja está extremadamente cansada, por lo que decidimos volver a la cama hasta la hora de marchar al aeropuerto. A pesar de esta incidencia, considero que hemos sacado bastante provecho a nuestras 48 horas en el desierto.
Venir aquí encarece mucho el viaje Australia. El precio del billete de avión es elevado, y si te quieres alojar en una habitación con los estándares de un hotel de ciudad te tienes que dejar una “pasta”. Aún así, merece la pena venir y esto lo dice una persona no especialmente enamorado del turismo de naturaleza.