Llegamos a Melbourne en la hora final de la jornada laboral, tenemos el hotel en el centro y hay muchísima gente por la calle. En principio, parece una ciudad muy atractiva.
Nos alojamos, y nos vamos a dar una vuelta por el centro. A parte de las amplias calles, hay unas callejuelas con muchos restaurantes, atestados de gente. Todo muy pintoresco. Otros callejones tienen todas sus paredes llenas de graffities, realmente originales y bien realizados. La zona por donde nos movemos es la comercial con tiendas pequeñas y grandes almacenes, con marcas de lujo y más asequibles. Como dije antes, hay mucho ambiente en la calle, el cual se acentúa al llegar a la estación de tren. Es un edificio muy bonito, de un tono amarillo que adquiere una magnifica textura a esta hora del atardecer.
Estación de tren.
Centro de Melbourne desde la estación de tren.
Nuestros pasos se encaminan al meollo de esta urbe, Federation Square. Es una especie de plaza, con un suelo con distintos grados de inclinación, y rodeada de edificaciones de arquitectura modernista. En el centro hay un escenario, donde en ese momento hay grupo tocando, liderado por una mujer con una voz prodigiosa y que se dedican a realizar magnificas versiones de canciones conocidas. Un hecho a resaltar es que por toda la plaza hay una especie de hamacas de uso público, donde la gente se tumba a escuchar música, leer un libro, o tomar el Sol. La plaza es colindante con un tramo del rio Yllara, y decidimos dar un paseo por su ribera. Regresamos al hotel por las amplias calles de la zona. Resulta extraño estar rodeado de tanto signos distintivos de la Navidad e ir en pantalón corto.
Disfrutando de las actividades de Federation Square.
Nuestro paso por Melbourne lo hemos programado con mucha tranquilidad y sin nada planeado. Al día siguiente pensamos hacer un circuito urbano por el centro (el que aparece en la Lonely Planet), y después vamos a la inmensa zona de jardines y parques que hay en la ribera sur del rio, justo enfrente de la Federation Square. Esta zona contiene, entre otros, los Reales Jardines Botánicos. Es una inmensa zona verde, y con rincones muy bucólicos. Llegada la hora de comer, decidimos hacerlo en la playa, más concretamente en la conocida como St. Kilda. Para ello subimos a un tranvía que nos lleva directos al lugar.
Vistas de Melbourne desde la orilla sur del río.
Lo más característico del lugar, a parte de la playa, es un parque de atracciones similar al de Sydney, Luna Park, y una calle peatonal con numerosos comercios y restaurantes.
Playa de St. Kilda.
La temperatura es fresca, y corre algo de viento. Cuando las nubes no tapan el Sol, hace algo de calor. En resumen, bastante cambiante. En la playa hay poca gente, algún valiente bañándose, y algunos grupos de jóvenes bebiendo cerveza. Hay una especie de muelle, y al final un café de época. Se supone que aquí al atardecer hacen acto de presencia unos pingüinos pequeños. Nosotros sólo oímos el ruido que emiten a través de las rocas. De lo que más me gusto del lugar es las magnificas vistas que ofrece del skyline de la ciudad. Sin nada mejor que hacer, nos sentamos y nos ponemos a mirar a la gente que está haciendo kite surf. Cuando nuestras ropas veraniegas se muestran incapaces de protegernos del viento y frio, optamos por volver al centro. Una vez allí, vamos a Federation Square, disfrutamos del wifi gratuito y de una reparadora cerveza.
Con la sensación de haber visto todo lo que se tenía que ver en esta ciudad, el día siguiente lo vamos a dedicar a las compras. Por la mañana vamos al Queen Victoria Market. Dicen que es el más grande de su condición del Hemisferio Sur. Es sobre todo un mercado de comida y de productos hechos en China. Nada que ver con los mercados de Londres de cosas antiguas, vintage, colecciones, etc. Compramos alguna camisetas con motivos aussie y nos vamos para el centro a comer y a realizar una compra más “seria”. Terminada esta, y ante la perspectiva que quedaba mucho para anochecer, y que no teníamos gana de hacer nada, nos vamos junto al rio, nos tumbamos en un banco y nos dedicamos a relajarnos.
Desde St. Kilda, con Melbourne al fondo.
Aunque Melbourne se ve una ciudad con mucha actividad y bastante animada (a mi pareja le gustó más que Sydney), creo que nos ha sobrado un día aquí, y que podíamos haber dedicado a alargar nuestro periplo por la GOR.
La verdad es que nos ha encantado este país. Los contrastes son asombrosos, y los paisajes soberbios. La gente, en general, se muestra muy amable y están siempre prestos a informarte de cualquier cosa que pueda ser de utilidad. Las condiciones climáticas, a parte de algunos picos de calor, han sido inmejorables (creo que es la mejor época para viajar a Australia). Me queda la sensación que tenía que haber visitado la zona de Darwin, la Gold Coast, y alguna “aventurilla” por el outback. Habrá que dejarlo para la próxima. Hasta aquí mi relato de mi experiencia en las Antipodas. He intentado transmitir sensaciones y describir lugares más que aportar datos concretos, no obstante será para mi un placer poder aclarar o ampliaros cualquier extremo que queráis y en el que pueda seros útil.
Nos alojamos, y nos vamos a dar una vuelta por el centro. A parte de las amplias calles, hay unas callejuelas con muchos restaurantes, atestados de gente. Todo muy pintoresco. Otros callejones tienen todas sus paredes llenas de graffities, realmente originales y bien realizados. La zona por donde nos movemos es la comercial con tiendas pequeñas y grandes almacenes, con marcas de lujo y más asequibles. Como dije antes, hay mucho ambiente en la calle, el cual se acentúa al llegar a la estación de tren. Es un edificio muy bonito, de un tono amarillo que adquiere una magnifica textura a esta hora del atardecer.

Estación de tren.

Nuestros pasos se encaminan al meollo de esta urbe, Federation Square. Es una especie de plaza, con un suelo con distintos grados de inclinación, y rodeada de edificaciones de arquitectura modernista. En el centro hay un escenario, donde en ese momento hay grupo tocando, liderado por una mujer con una voz prodigiosa y que se dedican a realizar magnificas versiones de canciones conocidas. Un hecho a resaltar es que por toda la plaza hay una especie de hamacas de uso público, donde la gente se tumba a escuchar música, leer un libro, o tomar el Sol. La plaza es colindante con un tramo del rio Yllara, y decidimos dar un paseo por su ribera. Regresamos al hotel por las amplias calles de la zona. Resulta extraño estar rodeado de tanto signos distintivos de la Navidad e ir en pantalón corto.

Nuestro paso por Melbourne lo hemos programado con mucha tranquilidad y sin nada planeado. Al día siguiente pensamos hacer un circuito urbano por el centro (el que aparece en la Lonely Planet), y después vamos a la inmensa zona de jardines y parques que hay en la ribera sur del rio, justo enfrente de la Federation Square. Esta zona contiene, entre otros, los Reales Jardines Botánicos. Es una inmensa zona verde, y con rincones muy bucólicos. Llegada la hora de comer, decidimos hacerlo en la playa, más concretamente en la conocida como St. Kilda. Para ello subimos a un tranvía que nos lleva directos al lugar.

Lo más característico del lugar, a parte de la playa, es un parque de atracciones similar al de Sydney, Luna Park, y una calle peatonal con numerosos comercios y restaurantes.

La temperatura es fresca, y corre algo de viento. Cuando las nubes no tapan el Sol, hace algo de calor. En resumen, bastante cambiante. En la playa hay poca gente, algún valiente bañándose, y algunos grupos de jóvenes bebiendo cerveza. Hay una especie de muelle, y al final un café de época. Se supone que aquí al atardecer hacen acto de presencia unos pingüinos pequeños. Nosotros sólo oímos el ruido que emiten a través de las rocas. De lo que más me gusto del lugar es las magnificas vistas que ofrece del skyline de la ciudad. Sin nada mejor que hacer, nos sentamos y nos ponemos a mirar a la gente que está haciendo kite surf. Cuando nuestras ropas veraniegas se muestran incapaces de protegernos del viento y frio, optamos por volver al centro. Una vez allí, vamos a Federation Square, disfrutamos del wifi gratuito y de una reparadora cerveza.
Con la sensación de haber visto todo lo que se tenía que ver en esta ciudad, el día siguiente lo vamos a dedicar a las compras. Por la mañana vamos al Queen Victoria Market. Dicen que es el más grande de su condición del Hemisferio Sur. Es sobre todo un mercado de comida y de productos hechos en China. Nada que ver con los mercados de Londres de cosas antiguas, vintage, colecciones, etc. Compramos alguna camisetas con motivos aussie y nos vamos para el centro a comer y a realizar una compra más “seria”. Terminada esta, y ante la perspectiva que quedaba mucho para anochecer, y que no teníamos gana de hacer nada, nos vamos junto al rio, nos tumbamos en un banco y nos dedicamos a relajarnos.

Aunque Melbourne se ve una ciudad con mucha actividad y bastante animada (a mi pareja le gustó más que Sydney), creo que nos ha sobrado un día aquí, y que podíamos haber dedicado a alargar nuestro periplo por la GOR.
La verdad es que nos ha encantado este país. Los contrastes son asombrosos, y los paisajes soberbios. La gente, en general, se muestra muy amable y están siempre prestos a informarte de cualquier cosa que pueda ser de utilidad. Las condiciones climáticas, a parte de algunos picos de calor, han sido inmejorables (creo que es la mejor época para viajar a Australia). Me queda la sensación que tenía que haber visitado la zona de Darwin, la Gold Coast, y alguna “aventurilla” por el outback. Habrá que dejarlo para la próxima. Hasta aquí mi relato de mi experiencia en las Antipodas. He intentado transmitir sensaciones y describir lugares más que aportar datos concretos, no obstante será para mi un placer poder aclarar o ampliaros cualquier extremo que queráis y en el que pueda seros útil.
Combinado Australia y Nueva Zelanda por libre