Amanecimos el día 8 después de haber tenido el sueño más reparador de todo el viaje. entre que el día anterior nos habíamos levantado a las 4 de la mañana y que dormimos con el sonido del río... El hotel parecía un spa! Como anécdota, por la noche oímos que alguien se zambullía en el río, como si se tirara de golpe. Debido a que estábamos durmiendo, la mente me jugó una mala pasada y, pensando que estábamos en la ciudad me imaginé que algún humano se estaría bañando. En el desayuno por la mañana, el encargado del hotel nos dijo que si habíamos oído el ruido y nos contó que era... un hipopótamo!!!
Esa era sólo una de las sorpresas que nos tenía reservado el camp, ya que por ahí se pasea tan tranquilo un antílope que, según nos contaron, cuando construyeron el camp decidió no irse de allí. Es totalmente pacífico, se le puede tocar y de vez en cuando, como nos dijeron, desaparece un par de días, sospechan que para aparearse.
Tras el desayuno a la carta, nos marchamos al safari con comida en el coche para pasar todo el día fuera. La gran atracción de Masai Mara después de ver varias cosas del parque es esperar a que los ñus crucen el río para la migración, así que ese día nos fuimos al río a esperar. Con esa parte del viaje tenemos sentimientos encontrados. Como todo el mundo va a esperar la migración, nos juntamos muchísimos jeep. Tantos que tuvo que aparecer la guardia forestal del parque a 'colocar' los coches, ya que interrumpían el paso de los animales hacia el río. Sin embargo, mientras esperas es interesante ver a los animales que, como tú, están a la espera de que algún antílope o alguna cebra se queden resguardados para comérselos. En el día que fuimos nosotros había un hipopótamo muerto, rodeado de cocodrilos intentando atravesar su piel para comérselo. Además, muchos buitres esperaban su turno para comer.
Después de varias horas esperando, Zacarías decidió buscar una zona tranquila y 'libre' de peligro para comer. Nos pusimos a la sombra de una de las famosas acacias africanas a comer el picnic que te prepara el hotel. Por nuestra experiencia estos picnic simepre son iguales sea el hotel que sea: un sandwich, una botella de agua unas patatas fritas y un muslo de pollo. Nios acabábamos de sentar a comer cuando avisaron a Zacarías por la radio de que parecía que los animales iban a cruzar el río. Recogimos corriendo y fuimos al río. Los tiempos en África son para todo más lentos, así que la prisa se convirtió en otras dos horas de espera, en las que aprovechamos para comer, pero ya con nuestro sitio 'reservado' a orillas del río. Por fin, los animales se decidieron a cruzar, no fueron muchos, pero a esa hora llegó la guardia del parque y echó a todos. Según nos explicaron, en el momento que se ven algunos cruzando (o sea, que los turistas ya tenemos la foto) piden a los coches que se vayan para no afectar a la migración, algo que me parece muy bien.
Ya de vuelta al hotel nos tomamos una cerveza en compañía del antílope que vive allí y, cuando íbamos a la habitación decidimos explorar un poco la zona. Estaba atardeciendo y fue mágico lo que vimos. Primero, porque disfrutamos del mejor de los atardeceres africanos (mi móvil no lo logró captar, pero el cielo se pone rojo), pero s que además pudimos ver al pueblo Masai en estado puro.

Como nos había contado Zacarías, los Masai viven en el parque nacional y para ellos los animales que llegan en la migración no son buenos porque se comen sus cultivos. Lógicamente no los matan, pero lo que hacen es echarlos. Hasta los niños saben espantar a los animales de su tierra. La última noche, como digo, paseando cerca del río que rodeaba al hotel, vimos en la otra orilla como una familia masai echaba a los ñus de su zona mientras se ponía el sol. Una postal perfecta para nuestra última noche en Kenia.